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Crítica: La Canadian Opera Company pone en escena 'Maometto II' de Rossini en Toronto

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Autor: Giuliana Dal Piaz
8 de mayo de 2016

MAHOMA II EN CANADÁ

Por Giuliana Dal Piaz
Toronto. 5/V/16. Fraser Elliot Hall. Four Seasons Center. Canadian Opera Company. Maometto II, Rossini. Luca Pisaroni (Maometto), Leah Crocetto (Anna), Bruce Sledge (Erisso), Elizabeth DeShong (Calbo). Orquesta y Coro de la Canadian Opera Company. Dirección musical de Harry Bicket y escénica de David Alden.

   La presentación en Toronto de la ópera de Gioachino Rossini Maometto II (Mahoma segundo), con libreto de Cesare della Valle, por la Canadian Opera Company, supuso una rara ocasión de ver una ópera muy poco conocida, además en la versión original realizada por vez primera en el Teatro San Carlo de Nápoles en 1820. Durante el siglo XX, ha habido en el festival rossiniano de Pésaro (1983) y en Praga (1993) interesantes puestas en escena del Maometto II con directores italianos. La ópera ha estado en la cartelera de la temporada 2005 del Teatro La Fenice de Venecia, antes que esta misma producción de David Alden fuera realizada con la Ópera de Santa Fe (Nuevo México) en 2012.

   Conocido principalmente por sus óperas cómicas, Rossini compuso varias de sus óperas "serias" (Armida, Hermio, y Maometto II) en Nápoles, entre 1815 y 1822, aprovechando la altísima calidad orquestal y la notable preparación musical del público, que caracterizaban a esa ciudad. Allí, el compositor pudo por lo tanto dar rienda suelta a sus deseos de experimentación: como afirma el inglés Harry Bicket, quien dirigió magistralmente la Orquesta de la Canadian Opera Company: "lo que tenemos en Maometto II son arcos estructurales que llevan al límite las convenciones musicales y dramáticas de la época (muchas de ellas establecidas por el propio Rossini). Por ejemplo, el famoso terzettone del Primer Acto dura 25 minutos e incluye a dos de los personajes eclipsándose en la batalla, golpes de cañón, intervenciones del coro y una plegaria cantada por el coro femenino. Esto era totalmente innovador para la época y alimenta la sensación de que Rossini quería ver hasta qué punto podía sorprender las expectativas del público". Otras innovaciones fueron, por un lado, la selección para el rol protagónico de un bajo-barítono en vez de un tenor, personaje que tarda 45 minutos en entrar en escena, elevando así la tensión del espectáculo;  por otro lado está la gran cantidad de recitativi accompagnati, que dificultan la tarea de los cantantes.

   Después del estreno -que no fue tan exitoso como Rossini esperaba- el autor preparó una segunda versión más breve y con final "feliz" presentada en Venecia dos años después y replicada sólo tres veces más (en Viena, Milán y Lisboa) y finalmente revisitada por Rossini para una presentación en París con libreto en francés (1826) bajo el título de "El sitio de Corinto" - aunque ésta última terminó siendo una ópera completamente distinta.

   La producción de la Canadian Opera Company es prácticamente la misma que se presentó en Santa Fe (USA), con los mismos directivos e intérpretes, en 2012. Con el maestro Harry Bicket y director de escena David Alden, se presentó por primera vez en Toronto el escenógrafo y costumista Jon Morrell, el responsable de luces Duane Schuler y el coreógrafo David Laera; se unieron a la producción canadiense el asistente de dirección teatral (Marilyn Gronsdal) y dos buenos tenores locales Aaron Sheppard (Selimo) y Charles Sy (Condulmiero), el Canadian Opera Company Chorus y su extraordinaria directora, Sandra Horst, y cuatro bailarines del Chorus (Jack Barradell, Liana Bellissimo, Matt Marr y Breanna Willis) bajo la guía coreográfica de Laera.

   La escenografía es atractiva y utiliza soluciones brillantes para los cambios de localidad y escena: la sala del Consejo inicial se transforma, por ejemplo, en la casa del comandante veneciano Erisso, al descubrir éste un retrato de su difunta esposa y madre de su hija Anna; el retrato desaparece, un mapa de Venecia en mármol se desliza hacia un lado dejando al descubierto un nicho, que hospeda a una Virgen iluminada por velas, y ya tenemos el templo en que se reúnen las mujeres a rezar.

   La genialidad con que fue concebida la escenografía perdió categoría e imaginación en el vestuario: no se entiende por qué la escena histórica se traslada a la época de la guerra civil en Estados Unidos (eso sugieren los uniformes de los venecianos), mientras parece muy discutible la decisión de vestir estrictamente de negro a todos los soldados y secuaces de Maometto y hacerles ondear banderas negras con medialunas doradas, cuando el color sagrado de los musumulanes era el verde; así como resulta de mal gusto añadir a la escenografía de la ciudad conquistada varios cadáveres despectivamente colgados: la referencia a los terroristas del ISIS actual es muy evidente, aparece fráncamente fuera de lugar y muy sospechosa de propaganda política. Es un detalle que me hace dudar de una auténtica motivación artística en la recuperación del olvido de esta ópera de Rossini, por más merecedora que sea dicha operación desde un punto de vista musical.

   Dividida en dos actos, la ópera cuenta el sitio que el ejército turco de Maometto II (el personaje histórico era Mehmet II, que en 1453 conquistó Costantinopla acabando con el Imperio Bizantino) puso a Corinto y a la pequeña ciudad de Negroponte, defendida por el comandante veneciano Paolo Erisso, que quiere dar su única hija Anna en esposa al general Calbo. La jovencita rehusa: durante una reciente estadía de cuatro meses en Corinto, se ha enamorado del supuesto general veneciano Uberto. Se descubre que Uberto se encontraba con Erisso y Calbo en Venecia y no pudo haber sido él quien se enamorara de Anna, víctima por lo tanto de un engaño.

   Maometto II y sus tropas conquistan la ciudad de Negroponte pero no logran derrotar la ciudadela, en la cual se atrinchera un gran número de graduados y soldados venecianos. Han capturado, sin embargo, a Erisso y a Calbo, a los cuales Maometto promete torturas y muerte a menos que le entreguen la ciudadela. Llega Anna a rogar por la vida de su padre y - dice ella - de su hermano; con gran sorpresa, Maometto y Anna se reconocen mútuamente como los jóvenes enamorados de Corinto, y Maometto le regala a la muchacha la vida y la libertad de los dos presos para demostrarle que no es un bárbaro sino un hombre de cultura, capaz de amor y generosidad. Impone sin embargo un plazo para que decidan colaborar con él y entregar la ciudadela: si Anna no lo acepta por esposo y los dos jefes no se doblan, todos morirán.

   Anna se encuentra duramente combatida entre el amor que ella también sigue albergando hacia el guerrero musulmán y la lealtad que le debe tanto a su padre como a su patria cristiana. Finalmente, decide sacrificar sus sentimientos personales, le entrega a su padre el sello imperial que Maometto le ha dado como prueba de su amor, se casa con Calbo sobre la tumba de su madre y allí mismo espera que la furia  vengativa de los turcos la alcance. Los soldados turcos, derrotados por los venecianos de la ciudadela, irrumpen para vengarse, pero su entereza les quita el valor de matarla. Llega también Maometto, furioso por la traición y la decepción, Anna se traspasa con la cimitarra de su amante y muere a un lado de la tumba de su madre.

   Todos los intérpretes lo hicieron bien desde el punto de vista musical. La mejor voz fue sin duda la de la mezzosoprano estadounidense Elizabeth Deshong (Calbo): aún siendo un personaje co-protagónico, una marginalidad que la intérprete parecía querer enfatizar no ocupando nunca el centro de la escena. También resultó llamativa la diferencia de estatura y corpulencia respecto a la soprano Leah Crocetto-. Calbo tiene a su cargo unos recitativos importantes y la única aria de la ópera, que Deshong enfrenta de manera impecable tanto por fuerza como por coloratura vocal, mientras que sus capacidades actorales no son igualmente destacables. La soprano californiana Leah Crocetto (Anna) tiene buena voz (a pesar de que por momentos se crispa en las notas más altas), que aguanta sin flaquear a lo largo de toda la ópera, estando ella en escena casi todo el tiempo; su actuación fue positiva, resultando una lástima que su físico no contribuyera a una presencia en escena más persuasiva. El italiano Luca Pisaroni (Maometto) demostró poseer una notable presencia escénica y capacidad actoral. Su voz tiene interés y la potencia adecuada; lástima que hacia el final de uno de sus largos recitativos (después del llamado a las armas de sus soldados), haya flaqueado en algunos difíciles adornos. El tenor, también californiano, Bruce Sledge (Erisso), resultó adecuado pero  no inolvidable, tanto desde el punto de vista vocal como actoral.

    A destacar la coreografía de coro y bailarines así como la dirección musical del coro: no sé si Rossini había contemplado la danza en su versión original pero resulta perfecta para ciertos pasajes musicales y es muy efectiva desde el punto de vista teatral.

  Con sus limitaciones, ésta es una de las mejores producciones de la Canadian Opera Company que he visto hasta la fecha.

Fotografía: Michael Cooper

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