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Crítica: 'Norma' de Bellini en la Canadian Opera Company

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Autor: Giuliana Dal Piaz
17 de noviembre de 2016

NORMA EN TORONTO

   Por Giuliana Dal Piaz
Toronto. 18-10-11. Sondra Radvanovsky, Russell Thomas, Isabel Leonard, Dimitry Ivashchenko, Aviva Fortunata, Charles Sy. Director musical: Stephen Lord. Director de escena: Kevin Newbury.

   La obra maestra de Vincenzo Bellini, Norma, abrió en Toronto la Temporada de la Canadian Opera Company donde se puso en escena hasta el 5 de noviembre. Hacía diez años que Norma no se representaba en Canadá, y lo hace ahora con una co-producción con la San Francisco Opera, la Lyric Opera de Chicago y el Gran Teatro del Liceo de Barcelona: se estrenó en el Liceo en febrero de  2015, en San Francisco (Febrero 2016), y en Toronto (6 de Octubre pasado) para presentarse finalmente en Chicago en Febrero de 2017.

   Entre las noticias que el programa de sala de la COC proporciona al público, quiero reportar dos curiosidades: Norma fue la primera ópera lírica completa que se dio en Toronto por obra de la "Compagnia d'Opera degli Artisti Associati italiani", una sola presentación en Julio de 1853; Norma era tan conocida en Inglaterra en el siglo XIX que hasta fue objeto de una sátira:  W.S. Gilbert, el artista que se hizo famoso escribiendo zarzuelas con Arthur Sullivan, presentó con éxito en 1869 The pretty Druidess, en la que se burlaba de los personajes de Bellini, entre otras cosas haciéndoles confesar a todos que habían "dormido con el enemigo" casándose con romanos, y haciéndolos saltar a todos por esto en la pira sagrada...

   El rol protagónico es de la soprano canadiense Sondra Radvanovsky (en Toronto la substituye sólo por 4 réplicas la soprano sudafricana Elza van den Heever), puesta en escena de Kevin Newbury, con escenografías de David Korins y vestuario de Jessica Jahn.  Da gusto ver una puesta en escena básicamente tradicional, en la que se respeta la época histórica del original, la invasión de las Galias por parte de las tropas romanas, aunque los vestidos femeninos recuerden bastante las actuales series televisivas de guerra más que el mundo de los druidas (Newbury confiesa haberse inspirado en The Game of Thrones).  La escenografía resulta bastante sugerente, con la maciza puerta del templo que se abre hacia arriba dejando ver los árboles en el primer acto o un fondo enrojecido en el segundo. La plataforma en madera, donde Norma lleva a cabo el ritual del corte del muérdago en honor a la luna nueva, reemplaza prosáicamente el altar; en las paredes cuelgan símbolos alusivos al mundo druida y a la atmósfera de guerra; un gran toro blanco estilizado, detrás del escenario en el segundo acto, recuerda la costumbre druida de sacrificar dos bueyes blancos al dios Irminsul y constituye al mismo tiempo la pira del sacrificio al final de la ópera.

   Los movimientos del coro en escena no parecen del todo coherentes con el texto al inicio del primer acto: los druidas "se pasean" tranquilamente, se alientan entre sí e intercambian cumplidos (¿acerca de qué? ¿un tatuaje de guerra nuevo?), en lugar de estar voceando esos "rumores sediciosos de guerra" alentados por Oroveso y mencionados por Norma en su primera aparición. En conjunto la coreografía no parece obedecer a un proyecto preciso, sino estar dejada un poco al azar.        

   Que hoy en día pocas voces dispongan de toda la amplitud, ductilidad y potencia que el papel de Norma - concebido para una "soprano spinto", o de coloratura "di forza" - requiere, en esta más compleja obra de Bellini, no es una novedad. Es más, la escasez de las grandes voces del pasado concierne un poco todos los registros. Pero es lo que hay en el mundo de la ópera y hay que reconocer y apreciar los esfuerzos de muchos cantantes por mejorar y madurar sus propias capacidades tanto vocales como actoriales. Es éste el caso de Sondra Radvanovsky, una buena Norma, con una adecuada amplitud vocal y muy buena presencia escénica, que enfrenta eficazmente el papel quizá más difícil escrito para una soprano de coloratura. Sabemos que Bellini lo creó expresamente para la extraordinaria Giuditta Pasta, y se caracteriza por sus melodías largas, dramáticas, muy ornamentadas e intensamente emocionales. Exige por lo tanto un tremendo control vocal de rango, flexibilidad y dinámica. En este sentido, en algunas fioriture, a Sondra le falla la fluída morbidez del timbre que logra subir sin esfuerzo aparente hasta agudos luminosos y sostenidos.

   La Norma alternativa, Elza van den Heever, es una muy buena soprano, con unos agudos más "fáciles" y sólidos, pero le falta la coloratura di forza necesaria: su voz de timbre claro y ligero es más adecuada para el rol de Adalgisa que para el papel protagónico. Resulta especialmente evidente en el duo de las dos sacerdotisas antes de que salga a relucir el nombre de Pollione: los timbres de las dos son extremadamente cercanos entre ellos, lo que no ocurre en el duo entre Radvanovsky y la mezzo-soprano Isabel Leonard, quien interpreta a Adalgisa con un timbre estupendo, acentos siempre apasionados y unos hermosos tonos graves, imprevistos en el personaje de virgen casi adolescente.

   El tenor Russell Thomas es Pollione, un papel que el mismo Bellini había concebido como básicamente monocordio, sin gran agilidad canora, tomando en cuenta al cantante que debía interpretarlo. Esto no ha quitado que tenores como Franco Corelli o John Vickers en el pasado, y actualmente Gregory Kunde, lograran darle al personaje variedad de tono, pasión y vida. En cambio, Russell Thomas, que dispone de una adecuada potencia vocal, es increiblemente inexpresivo, y su Pollione es una estatua de madera: viéndolo en escena hace más difícil aún entender el encanto que haya podido ejercer tanto sobre la inteligente y poderosa Norma como sobre la inocente mas profundamente honesta y humana Adalgisa.

   El bajo ruso Dimitry Ivaschenko es un Oroveso aceptablemente expresivo pero es teatralmente poco interesante; los canadienses Aviva Fortunata (soprano) y Charles Sy (tenor) son adecuados en sus breves papeles de Clotilde y Flavio, respectivamente.

   La Orquesta de la COC, dirigida por el maestro Stephen Lord, enfrenta con pasión y plenitud sonora todos los momentos musicales, desde la sinfonía y la misteriosa atmósfera nocturna de la introducción, a la sublime melodía que abre el segundo acto. El Coro de la COC, musicalmente dirigido por Sandra Horst, es muy bueno. Maneja las luces Duane Schuler, contribuyendo a la atmósfera sugestiva del bosque sagrado y a la opresividad de los interiores en su desnuda sencillez.

   En conjunto una Norma de buen nivel, que ha entusiasmado al público de Toronto, habitualmente muy generoso, pero esta vez propiamente enloquecido por "su" Sondra Radvanovsky, reconocida a nivel internacional.

Foto: de Chris Hutcheson

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