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Crítica: Tannhäuser en el Teatro de la Maestranza de Sevillla

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Autor: José Amador Morales
15 de octubre de 2016

TANNHÄUSER DE VOCES

   Por José Amador Morales
Sevilla. Teatro de la Maestranza. 5-11-2016. Richard Wagner: Tannhäuser. Attila Jun (Hermann), Peter Seiffert (Tannhäuser), Martin Gantner (Wolfram), Ricarda Merbeth (Elisabeth), Alexandra Petersamer (Venus), Vicente Ombuena (Walther), Damian del Castillo (Biterolf), José Manuel Montero (Heinrich), David Lagares (Reimar), Estefanía Perdomo (Un pastor). Coro de la A.A. del Teatro de La Maestranza. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Director: Pedro Halffter, dirección musical. Achim Thorwald, dirección escénica.

   Regresó Wagner al escenario del Teatro de la Maestranza de Sevilla dos años después de que finalizara la puesta en escena de la tetralogía del compositor alemán, programada a lo largo de cuatro temporadas consecutivas. En esta ocasión, una discretísima producción polaca, de gran pobreza estética (inexistente en el primer acto, eficaz en el segundo y sumamente inmóvil en el tercero) sirvió en cierta forma para resaltar, para bien o para mal, los aspectos musicales de esta propuesta sevillana.

   En ese sentido y teniendo en cuenta los tiempos que corren, destacó la aceptable homogeneidad del reparto, especialmente en lo que respecta a las voces principales, ya fuese por adecuación estilística, por sus respectivas materias primas e incluso por ambas cosas. Es el caso de Peter Seiffert que ha hecho del difícil rol de ‘Tannhäuser’ uno de los caballos de batalla de su carrera, paseándolo por los grandes teatros del mundo con innegable éxito. A sus casi sesenta y tres años conoce, pues, la mayor parte de los recovecos expresivos de su personaje. Es cierto que su voz, que nunca fue precisamente atractiva, carece de la frescura de antaño y ahora presenta cierta oscilación que no siempre llega a controlar. No obstante, aún posee un metal y un volumen considerables, recursos que le permiten despuntar en los momentos de mayor condensación orquestal y vocal. La actuación sevillana del tenor alemán impactó por su lograda caracterización del atormentado y contradictorio personaje protagonista así como por su impresionante entrega: baste citar el terrible – vocalmente hablando – finale del segundo acto, donde Seiffert se vació en una entrega admirable, o el monólogo del tercero, tan dramático como conmovedor.

   La ‘Elisabeth’ de Ricarda Merbeth cumplió con las expectativas y su hermosa voz de soprano lírica se adaptó como un guante al perfil de dicho personaje. Lástima que la dirección tanto escénica como musical no ayudaran a realzar su presencia, demasiado liviana en ambos apartados artísticos. Hablar de Attila Jun es hablar de uno de los bajos más solventes de la última década en el repertorio alemán en general y wagneriano en particular. Tampoco defraudó aquí el cantante coreano, quien supo dar a su ‘Hermann’ ese acertado toque de nobleza y autoridad. Por su parte, Alexandra Petersamer destacó por la pureza de estilo y su potente caudal canoro, si bien algo raspada en el extremo agudo de su tesitura. Tal vez fue el ‘Wolfram’ de Martin Gartner el punto débil del reparto principal debido a su voz en exceso clara y canto monocromo, aunque ciertamente aseado desde un punto de vista idiomático. El resto, encomendado a voces españolas muy conocidas en el circuito lírico nacional, cumplió con discreción y profesionalidad sus respectivos cometidos. A destacar el encantador pastor de Estefanía Perdomo.

   Apoyándose en el sonido compacto y flexible que viene ofreciendo últimamente la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla (quién lo diría dados los nubarrones de incertidumbre económica que no llegan a despejarse sobre su futuro) así como en el altísimo nivel del coro, Pedro Halffter ofreció una lectura plausible aunque irregular de esta obra de Wagner. De una parte, su batuta acusó languidez y tibieza (obertura, bacanal sin pasión ni sensualidad, introducción y aria de Wolfram pesante y nada poética...). En cambio, pareció venirse arriba en los momentos corales, especialmente en la escena de los invitados del segundo acto o en la conclusión del tercero, donde en cualquier caso tendía a lo estentóreo, confundiendo acaso intensidad con efecto.

Fotografía: Cortesía Teatro de la Maestranza de Sevilla

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