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Crítica: Yuri Temirkanov y la Filarmónica de San Petersburgo en Ibermúsica

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Autor: Raúl Chamorro Mena
17 de mayo de 2016

"¡A LAS ARMAS, MADRE RUSIA"!

Por Raúl Chamorro Mena
Madrid, 12/V/2016. Auditorio Nacional. Ciclo Ibermúsica. Shostakóvich: Concierto para violín nº 1 en La menor. op. 99. Prokofiev: Cantata Alexander Nevsky. Sergey Dogadin, violín. Olesya Petrova, mezzosoprano. Orfeón Pamplonés (Dir: Igor Ijurra). Orquesta Filarmónica de San Petersburgo. Director: Yuri Temirkanov.

   No pudo tener mejor sustitución en el ciclo Ibermúsica la inicialmente anunciada Dallas Symphony Orchestra, que la Orquesta Filarmónica de San Petersburgo con su titular desde 1988 Yuri Termikanov. Una Orquesta singular con un sonido propio (“sonido Leningrado”) y que después de su fundación por el Zar Alejandro III en 1882 con la denominación de “Coro Musical Imperial” alcanzó su rango legendario bajo la titularidad del mítico Evgeny Mravinsky con el que abordó abundantes y exitosas giras por todo el Mundo.

   La orquesta se caracteriza por una cuerda carnosa, empastadísima y flexible, unos metales vigorosos, imponentes, con un leve toque de aspereza tan genuino; unas maderas primorosas, billantísimas, y un sonido, como se decía, propio, tan intenso y poderoso como sensual, tan musculoso como maleable.

   El Concierto para violín número 1 de Shostakovich es uno de los más fascinantes a la vez que complicados para dicho instrumento. Compuesto para el gran David Oistrakh, pero no estrenado hasta fallecido Stalin a causa de la presión que la censura Soviética ejercía sobre el genial músico, exige una enorme capacidad al solista, tanto en el aspecto técnico como en el expresivo. El joven Sergey Dogadin cumplió adecuadamente con una interpretación plausible, musical, entregada y correcta, pero el sonido se antoja un tanto falto de riqueza, de volumen, de redondez y belleza. Implicado en la faceta expresiva, pero impersonal, mejorará sin duda con los años y la experiencia. Una interpretación, por tanto, apreciable, pero lejos de la de un gran virtuoso de este instrumento. Impecable la precisión de Temikarnov en su acompañamiento, además de intenso y emotivo. Fabulosa la atmósfera de misterio del nocturno, el sentido del ritmo y pulsión enérgica en el scherzo, así como la fuerza y concentración de la passacaglia y la Burlesca.

   La monumental cantata Alexander Nevsky fue compuesta por Prokofiev como banda sonora y pieza fundamental de la épica y magistral película de mismo nombre rodada por Sergey Eisenstein en 1938. Toda la epopeya, toda la exaltación patriótica de la pieza fue expuesta con vehemencia, pasión y energía por Termikanov con una orquesta incandescendente, de un aliento impresionante. Tremendas fueron la  llamada a las armas al pueblo ruso y la batalla sobre el hielo. Incluso pudo resultar un punto excesiva tanta fuerza, ardor e intensidad, sin el adecuado contraste del recogimiento, de la reflexión. Muy interesante el material vocal de la mezzo Olesya Petrova que intervino en el lamento por la muerte de los soldados rusos con un sonido redondo y aterciopelado, de indudable atractivo. Voluntarioso, entregado el Orfeón Pamplonés, pero aún le falta enjundia para una obra tan exigente con el coro como ésta. El sonido fue rotundo, con decibelios, pero falto paleta de colores, de ductilidad, de matices dinámicos, además de incurrir en algunas destemplanzas, especialmente en el sector femenino.

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