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Crítica: Florilegium en la Fundación Juan March

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Autor: Mario Guada

El conjunto británico plantea un recital en torno a Federico II, el rey flautista, en una velada con notables claroscuros interpretativos.

SENTIDO E [IN]SENSIBILIDAD

   Por Mario Guada
Madrid. 27-I-2017 | 19:00. Fundación Juan March. Música en las cortes del Antiguo Régimen [Viernes temáticos]. Entrada gratuita. Obras de Carl Philipp Emanuel Bach, Franz Benda, Johann Sebastian Bach y Johann Joachim Quantz. Florilegium | Ashley Solomon.

   Continúa la Fundación Juan March con uno de sus ciclos más atractivos de la temporada: Música en las cortes del Antiguo Régimen, que presentan a los diferentes monarcas y su relación con la música. Tras dos reyes del Renacimiento se dio paso directamente a un rey instaurado ya en una corriente musical preclasicista –el retorno al Barroco se producirá en los tres próximos conciertos–: Federico II de Prusia, conocido como der Grosse [el Grande] y el rey flautista, por su querencia especial hacia el traverso, instrumento que practicaba con asiduidad y en el que tenía, según se cuenta, un notable nivel interpretativo. Sin duda su figura es una de las más conocida en la relación monarquía/música, siendo los programas en torno a él unos de los más recurrentes en el panorama mundial de conciertos y registros discográficos. No obstante, no por ello el concierto carecía de interés previo, a pesar de que el repertorio, especialmente el dedicado a la música de cámara con el traverso como protagonista, no es de lo más apasionante que uno se pueda encontrar.

   Como siempre, el concierto venía precedido de una conferencia al respecto de la figura protagonista de la velada. En esta ocasión corrió a cargo de Javier Barón, Jefe del Área de Conservación de Pintura del siglo XIX en el Museo del Prado, quien se centró indudablemente más en aspectos puramente pictóricos y artísticos que en los musicales. Un enfoque sin duda interesante, teniendo en cuenta la especialidad del ponente, pero quizá se echaron de menos alusiones más directas hacia lo musical. El concierto se construyó sobre tres pilares fundamentales: Carl Philipp Emanuel Bach (1714-1788), Franz Benda (1709-1786) y Johann Joachim Quantz (1697-1773). Del talentoso hijo del viejo Bach se interpretaron dos obras, que abrieron y cerraron el concierto: Sonata en trío en Sol mayor Wq. 144 y Sonata en trío en Do mayor Wq. 87, ambos fantásticos ejemplos del cambio estético imperante en el momento, el conocido como Empfindsammer Stil [Estilo de la sensibilidad], en el que los autores de la segunda mitad del XVIII –especialmente en Alemania– se afanaron por transitar por los caminos de una nueva expresión musical de corte más sensible e íntimo, en el que  la emoción y la expresividad se presentan como valores fundamentales en toda composición musical. Se relajan de manera considerable las opciones compositivas previas, se da una importancia primordial a una(s) línea(s) melódica(s) de corte más expresivo, más largas, con evocaciones de la música vocal en los géneros instrumentales, con silencios muy evocadores, escritura rítmica de mayores contrastes y con armonías que pueden complicarse considerablemente.

   Por su parte, Benda –que también trabajó en la corte de Federico II, al igual que Carl Philipp Emanuel–, era un extraordinario violinista, formado entre otros con el gran Giuseppe Tartini. De él se interpreta la excepcional y complejísima Sonata para violín y continuo n.º 32 en Mi mayor, Lee III:50. Se trata de una obra de estética más cercana a lo barroco, que presenta arduos pasajes rítmicos –endiablado el Allegro moderato e cantabile final– y líneas melódicas sustentadas en dobles cuerdas y posiciones exigentes para el intérprete. Quantz, que es muy conocido por ser el maestro de traverso del monarca, compuso cientos de obras de conciertos, así como sonatas, para el instrumento, la mayor parte de las cuales fueron estrenadas y tocadas por el rey flautista. De este se presentó su Sonata en trío para dos flautas y continuo n.º 348 en Mi bemol mayor, QV 2:17. Las obras de Quantz son, a pesar de su claro tinte doméstico y a veces hasta pedagógico, obras de una factura notable y con momentos realmente hermosos.

   Por lo demás, el programa se completó con una leve mirada hacia el pasado de la mano del genial Johann Sebastian Bach (1685-1750) y su Musikalisches Opfer BWV 1079, de la que se interpretó el célebre Ricercar n.º 3, por razones obvias, dado que se basa en el tema base que el propio Federico II proporcionó a Bach cuando este visitó la corte en Sansoucci para ver a su hijo. Bach tomó este Thema Regium [tema real] como base para dar forma a esta increíble y genial creación. Cuando Bach llevó a cabo el trabajo, conocido posteriormente como Ofrenda musical, realizó la siguiente inscripción en su manuscrito: Regis Iussu Cantio Et Reliqua Canonica Arte Resoluta [tema proporcionado por el rey, con adiciones, resuelto en estilo canónico], de la que, tomando la primera letra de cada palabra, se extrae el término Ricercar. Se trata de un tema intrincado, de escritura realmente cromática, que el viejo Bach, merced a su increíble talento, lleva a un desarrollo sencillamente monumental.

   La interpretación corrió a cargo de unos de los conjuntos más valorados en el panorama internacional en este tipo de repertorio, el ensemble británico Florilegium, que a priori se presentaban como una garantía de éxito. Pero no siempre las cosas salen como uno espera. Es importante tener en cuenta que de los cuatro intérpretes anunciados en el programa, la plantilla sufrió un cambio en el 75%. Únicamente el flautista Ashley Solomon se mantuvo de entre los anunciados. Catherine Manson sustituyó a Bojan Cicic en el violín barroco, Christopher Poffley a Jennifer Morsches en el violonchelo barroco, y Julian Perkins a Terence Charlson en el clave. Siendo como son todos grandes en la interpretación histórica, no se puede comprender el resultado final de este recital, con permanentes picos y valles en la interpretación, toda una suerte de claroscuros que más parecieron indicar una falta de trabajo conjunto para este concierto que una ausencia de talento. Especialmente problemática la actuación de Manson en la sonata de Benda, como decimos, de una complejidad extrema. Se mostró insegura, con notables problemas de afinación e inmensos problemas en el aspecto rítmico, sobre todo en el movimiento final. Correcto Poffley en el continuo, pero si alardes, bastante lineal y especialmente poco expresivo. Mejor Perkins en el continuo, aunque en su actuación solística [Ricercar n.º3] resultó demasiado anodino, con una versión clara en las líneas pero en exceso pesante, con poco impacto expresivo. Sin duda, la mejor actuación vino de la mano de Solomon, elegante y dúctil en sus pasajes, muy bien en lo técnico, cuyas interpretaciones aportaron refinamiento y gran sutilidad. En las sonatas en trío tuvo problemas para congeniar con el violín de Manson, lo que hizo que el resultado general se viese perjudicado notablemente. Extrañamente, las interpretaciones me resultaron, por lo general, poco equilibradas, con una fluidez intermitente y de una expresividad muy poco evidente.

   En definitiva, gran intención de la Fundación, cuya elección presagiaba grandes momentos, pero que finalmente se vieron perjudicados por ese cambio masivo en los intérpretes, que a pesar de ser, todos ellos, grandes representantes de la interpretación histórica, no tuvieron su mejor día, ni en lo individual, ni como conjunto.

Fotografía: Amit Lennon/florilegium.org.uk

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