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Crítica: Janine Jansen, Simon Rattle y London Symphony Orchestra en el Festival Internacional de Granada

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Autor: José Amador Morales
11 de julio de 2017

INOLVIDABLE SIBELIUS

   Por José Amador Morales
Granada. 3 de Julio de 2017. Palacio de Carlos V. Hector Berlioz: Le carnaval romain, op.9, obertura. Jean Sibelius: Concierto para violín en re menor, op.47. Johannes Brahms: Sinfonía nº2 en re mayor, op.73. Janine Jansen, violín. London Symphony Orchestra. Simon Rattle, director musical.

   Tras el apabullante éxito de su primera visita en la edición anterior, Sir Simon Rattle regresó a este 66ª Festival Internacional de Música y Danza de Granada al frente de la London Symphony Orchestra cuya titularidad comenzará a ejercer en unas cuantas semanas. Y esta vez lo ha hecho con dos conciertos: uno protagonizado por la Sinfonía n.º 6 de Mahler y el que ahora comentamos.

   En esta ocasión volvió a asombrar la maleabilidad del conjunto londinense, capaz de matices tímbricos y dinámicos actualmente al alcance de muy pocas formaciones sinfónicas, así como un sonido brillante o incisivo según el momento. Todo ello se pudo apreciar ya desde la obertura Le carnaval romain de Berlioz, a medio camino entre la elegancia y el desbordante entusiasmo que Rattle suele destilar especialmente en este tipo de piezas.

   El Concierto para violín y orquesta de Sibelius se convirtió en el epicentro de la velada al que Janine Jansen aportó un sonido no especialmente opulento pero de volumen suficiente y color atractivo. Por su parte, Rattle extrajo bellísimas sonoridades de la sinfónica londinense con las que arropó –y de qué manera– a la solista: baste citar el impresionante pianissimo inicial que generó ya de partida una sobrecogedora atmósfera envolvente o, pocos compases después, la enfática respuesta del tutti orquestal. Jansen destacó por una lectura muy intensa, de acertados claroscuros con los que generó una sensación de imparable crescendo expresivo conforme avanzaba la obra. Ante las vehementes aclamaciones del público, la violinista holandesa obsequió una no menos hermosa versión de la Nana de las Canciones populares de Falla, ayudada por tres solistas de la orquesta.

   A la vuelta del descanso, Rattle atacó una Sinfonía n.º 2 de Brahms que, si bien siguió su habitual línea de equilibrio sonoro y desbordante vitalidad, adoleció en gran parte de un mayor calado dramático que compensara ese lado amable y lírico, tan bien expuesto por otra parte. Una versión que, sólo comparada con la mahleriana sexta sinfonía del día anterior, resultó un tanto epidérmica como lo puso de manifiesto una coda final algo precipitada y de escaso alcance conclusivo. El éxito, no obstante, fue enorme y, al igual que sucediera el año anterior, Rattle volvió a regalar una interpretación de una de las Danzas eslavas de Dvorak, en esta ocasión la n.º 7, op. 46.

Fotografía: José Albornoz.

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