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Crítica: Seldom Sene en la Fundación Juan March

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Autor: Mario Guada
9 de mayo de 2017

El extraordinario quinteto de flautas de pico holandés regala una de las veladas más refinadas y exquisitas de las vividas en esta temporada de la Fundación madrileña.

JÓVENES SÍ, PERO SOBRADAMENTE PREPARADAS

   Por Mario Guada | @elcriticorn
Madrid. 08-V-2017 | 12:00. Fundación Juan March. Jóvenes intérpretes [Concierto de mediodía]. Entrada gratuita. Obras Antonio de Cabezón, Josquin des Prez, Francisco de la Torre, Fabritio Caroso, Francesco da Milano, Francisco de Peñalosa, Francisco Guerrero, Tomás Luis de Victoria, Philippe Verdelot y Mateo Flecha. Seldom Sene.

   Al público hay que educarlo. Son diversas las ocasiones en las que uno ha escuchado esta frase, en boca de diversas personalidades. Hay un aire en ella de cierta superioridad moral que no me acaba de convencer, pero entiendo que algo de cierto hay en ella. Y es que si al público se le presenta, una y otra vez –y hasta la saciedad–, lo de siempre, es evidente que no va a descubrir nada nuevo, ni por ende solicitar ad futurum nuevas experiencias que disfrutar sobre el escenario. Es por eso que la labor realizada por la Fundación Juan March –en lo musical, pero no solo– me parece tan necesaria, meritoria y digna de alabanza. Conciertos como el de hoy demuestran dos cosas: que afortunadamente queda espacio en los escenarios españoles para el refinamiento y la exquisitez sin ambages, y que el público no siempre sabe reconocer estos atributos cuando los tiene delante.

   Acudía el quinteto de flautas de pico Seldom Sene al escenario de la Fundación, dentro del ciclo Jóvenes intérpretes –celebrado en sendos conciertos a su vez, en los ciclos Música en domingo y Concierto de mediodía–, para ofrecer un monumental programa bajo el título de su última grabación, El aire se serena –que en su día revisara críticamente aquí–. Se trata de una suerte de obras procedentes de las cortes y catedrales españoles allá por el siglo XVI, estructuradas básicamente de forma tripartita y presentadas bajo la siguientes condiciones y planos: básicamente: I. música polifónica vocal sacra; II. música polifónica vocal profana; III. música instrumental para otros instrumentos y formaciones. Todo ello, se entiende, arreglado adecuadamente para esta formación tan específica del quinteto de flautas de pico. Se presentaron, así, obras de algunos de los grandes polifonistas españoles, como Francisco Guerrero (1528-1599), Tomás Luis de Victoria (15448-1611), Francisco de Peñalosa (c. 1470-1528), así como el genial y omnipresente franco-flamenco Josquin des Prez (c. 1450/1455-1521). Algunos ejemplos de su magnífica calidad compositiva, al igual de que del magnífico resultado en su traslación para el consort de flautas lo tuvimos en Ascendens Christus in altum de Victoria, el descomunal Inviolata, integra et casta es, Maria de Josquin, el íntimo y bello Adoro te, Domine, de la Missa pro defunctis de Guerrero, o el absolutamente fascinante Trahe me post te, Virgo Maria de este último, que cerró el programa.

   También se dio cuenta de una serie de obras vocales de carácter profano, como el célebre y casi humorístico –especialmente por la puesta en escena del ensemble holandés– Riu, riu, chiu [anónimo del Cancionero de Upsala, atribuido a Mateo Flecha (1481-1553)], o la presencia de Dormend’un giorno a Baia, primero en versión del madrigal original de Philippe Verdelot (c. 1480/1485-c. 1530/1532), después en la versión glosada de Antonio de Cabezón (c. 1510-1566), para terminar con un arreglo de la versión sacra de Guerrero [Agnus Dei III de su Missa Dormendo un giorno]. Para el tercer grupo quedó quizá el aspecto más complejo conceptualmente, el de las piezas arregladas para consort de flautas de obras –puramente instrumentales– para otras formaciones, como las sucesivas versiones sobre La Spagna –una de las danzas más célebres de la época–, presentada aquí en versiones de Danza alta, debida a Francisco de la Torre (fl. 1483-1504), bassadanza, en versión del gran laudista Francesco da Milano (1497-1543), además de una atribución de la obra debida al gran Desprez. El otro subgrupo dentro de la tercera categoría –el más complejo– debe su existencia a una especie de suerte de metapolifonía instrumental sobre originales vocales del Renacimiento, como los propios glosados de Cabezón sobre obras originales de Josquin [Inviolata], Verdelot [Dormendo un jorno], Nicolas Gombert (c. 1495-c. 1560)  [Triste de par] y Orlande de Lassus (1532-1594) [Susana un jur]. Se riza el rizo, en una magnífica y compleja triple dimensión: el original vocal, el glosado instrumental en visión de Cabezón y el arreglo para quinteto de flautas –que en el caso de la grabación, y entiendo que aquí también, se debe a María Martínez, la integrante española del conjunto–.

   Es un programa complejo, qué duda cabe, pero las cinco integrantes de Selsom Sene consideraron –quizá inteligentemente, aunque desde mi punto de vista innecesariamente– aliviar un poco la supuesta densidad intelectual del programa, especialmente añadiendo un aspecto visual muy potente, con el que el público pudo disfrutar de la belleza del impresionante instrumentario presentado, con dos juegos completos de flautas –por familias de tesituras–, uno basado en el fantástico modelo completo conservado en Wien –puramente renacentista– y el otro basado en modelos del constructor francés Claude Rafi –de finales del XVI e inicios del XVII–. También se eliminaron algunas piezas en relación a la grabación discográfica: lástima de Lamentabatur Jacob, de Cristóbal de Morales, y Ave Regina cælorum, de Alonso Lobo. Sea como fuere, ver, pero sobre todo escuchar a este descomunal quinteto de flautas de pico sigue siendo un auténtico lujo. Me preguntaba antes de comenzar el concierto qué tal sería el directo de estas cinco magníficas intérpretes, teniendo en cuenta que sigo su carrera desde los inicios y conozco bien su discografía –breve aún, pero excepcional–, pues ya se sabe que el directo es el directo. Pues, aquí, en el lugar donde los grandes han de demostrarlo, Seldom Sene ha terminado –al menos conmigo– de consagrarse como el magnífico ensemble instrumental que es. Como decía en su momento, y me ratifico ahora, dignas herederas del buen hacer de Sour Cream y Amsterdam Loeki Stardust Quartet, siendo, sin lugar a dudas, el ejemplo más brillante en la actualidad en cuanto a este tipo de agrupaciones se refiere.

   Conformado por dos alemanas [Stephanie Brandt y Eva Gemeinhardt], una holandesa [Hester Groenleer], una británica [Ruth Dyson] y una –orgullosa– conquense [María Martínez], lo que son capaces de hacer no está al alcance de muchos. Si bien es cierto que la flauta de pico es –junto a la viola da gamba– un instrumento muy capaz a la hora de trasladar la polifonía vocal, pues imita bien las inflexiones de la voz y su sonido conjunto se asemeja con cierta precisión a un conjunto vocal, el mérito de estas cinco flautistas es inmenso: entradas y finales absolutamente sincronizados, una afinación a prueba de diapasón, equilibrio y balance exquisitos, además de una clarividencia en el fraseo verdaderamente envidiable. En definitiva, un ejemplo magistral de cómo hacer polifonía con flautas de pico, con el mérito añadido de interpretar la gran parte del programa –salvo danzas y alguna piezas más– sin partituras. El aporte extra de cambio de flautas y juegos escénicos resultó un magnífico aporte a una interpretación ya per se deslumbrante. La elección de las tesituras resultó, por lo demás, siempre exacta y adecuada al milímetro al carácter de cada una de las piezas, facilitó la consecución de una expresividad y capacidad de autogestión que ya quisieran para sí muchos grupos vocales de nivel. Aúnan, como pocos, esta facilidad emocional con una descollante facilidad para el virtuosismo bien entendido.

   A pesar de que la gran mayoría del público no fue capaz de apreciar en su justa medida lo que allí acaba de suceder –continúa muy presente la horrible costumbre de abandonar la sala cuando los artistas no están ni empezando a saludar–, personalmente considero el recital de ayer uno de los mejores ejemplos de lo que la programación de la Juan March busca y sigue consiguiendo año tras año. Para el que escribre, uno de los conciertos de mayor exquisitez y calidad musical de cuantos haya podido disfrutar sobre el escenario de la Fundación, y han sido muchos. Ya no albergo la esperanza, si no que estoy seguro de ello, de que Seldom Sene va a deparar cosas magníficas al mundo de la música en los próximos años. Así sea...

Fotografía: Fundación Juam March.

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