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Crítica: 'L'Orfeo', de Claudio Monteverdi, con Charles Daniels y The Toronto Consort

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Autor: Giuliana Dal Piaz
30 de mayo de 2018

Fábula musical imperecedera

   Por Giuliana Dal Piaz
Toronto. 25-V-2018. Jeanne Lamon Hall, Trinity-St. Paul’s Centre. Temporada 2017-18 de The Toronto Consort.  L’Orfeo, Favola in musica [1607], música de Claudio Monteverdi, libreto de Alessandro Striggio el Joven. Katherine Hill (La Música/Eurídice), Michelle DeBoer (Ninfa/Prosérpina), Charles Daniels (Orfeo), Laura Pudwell (Silvia la Mensajera/La Esperanza), Kevin Skelton (Pastor, Apolo), John Pepper (Caronte), Bud Roach (Pastor, un Espíritu), David Roth (Pastor, Plutón), Cory Night (Pastor, el Eco, un Espíritu). David Fallis (director).

   El último concierto de la temporada 2017-18 del The Toronto Consort (25-27 de Mayo), conocido grupo de música antigua de Toronto, es también el último del director histórico del Consort, David Fallis, que acaba de anunciar que va a dejar el cargo de Director Artístico y sólo participará ocasionalmente en alguno de los eventos en programa. Por lo pronto, no hay un director que lo sostituya, sino que otros miembros del grupo tomarán por turno el relevo del planteamiento e investigación filológica, así como de la dirección musical. En este último evento, el Maestro Fallis no sólo ha sido el autor de la dirección musical y orquestal sino que ha tocado personalmente el órgano barroco. Por otra parte, los integrantes del Consort participan siempre en los conciertos en varias capacidades, a excepción de los cantantes Michelle DeBoer, soprano, Laura Pudwell, mezzo-soprano, y John Pepper, bajo. El mismo David Fallis –buena voz de tenor– toca el clavecín, el órgano, la flauta y algunas percusiones. Katherine Hill, investigadora de música antigua, es una excelente soprano, y toca tanto el chelo barroco como la nickelharpa. Terry McKenna es compositor, toca la tiorba, la guitarra barroca y el laúd, sin limitarse al repertorio de época, sino incursionando también en el moderno. El tenor Paul Jenkins es un experto clavecinista, mientras que Alison Melville realiza giras artísticas tocando tres o cuatro diferentes tipos de flauta en países de varios continentes.

   Siendo, sin embargo, la producción del Orfeo en concierto un proyecto imposible para un conjunto reducido, el evento cuenta con numerosos artistas invitados, ya sea en campo vocal ya sea en el instrumental.

   La Favola de Monteverdi es considerada “la primera ópera” de la historia, a pesar de que existan algunas otras obras anteriores, curiosamente sobre el mismo tema arcádico del mito de Orfeo y Eurídice: éste no es sólo un himno a la naturaleza, al amor desafortunado y al dolor del abandono, sino que se concentra en el poder que la música ejerce sobre todos los seres animados, humanos, animales y hasta los espíritus del Más Allá. Por lo visto, el tema correspondía bien a la época de transición, desde la sofisticada polifonia renacentista, al “recitar cantando” que le daba preponderancia al texto, con el ritmo y el significado de las palabras determinando la estructura de la música.

   Este Orfeo ve entonces en escena a nueve cantantes solistas que interpretan más de un papel, con la excepción del tenor británico Charles Daniels, sólo como Orfeo, y del bajo John Pepper, que interpreta al barquero infernal Caronte. A los instrumentistas fijos del Toronto Consort –órgano/clavecín, tiorba y guitarra barroca, percusiones y flauta– , se suman dos cornetines, cinco trombones, una segunda flauta, dos violines, dos violas, una viola da gamba, un violonchelo, un violón, una segunda tiorba, una segunda quitarra y un arpa barroca: veintitrés extraordinarios concertistas en escena.

   Los cantantes estables del Toronto Consort –las sopranos Katherine Hill y Michelle DeBoer, la mezzo-soprano Laura Pudwell, y el bajo John Pepper– han lucido en perfecta armonía con los cantantes invitados: los tenores Charles Daniels, Kevin Skelton, Cory Knight y Bud Roach, y el barítono David Roth. Todos los intérpretes son muy buenos, con timbres de voz y coloratura de primera categoría. Algunos han lucido, sin embargo, más eficaces y compenetrados en su papel después del Intermedio, notándose en la primera parte cierta falta de energía: es el caso del tenor Cory Knight, o de ciertas modulaciones del tenor Charles Daniels, que en los primeros dos actos me hubiera gustado más sonoro y alegre, de acuerdo a la efímera felicidad sin nubes del personaje, siendo en cambio impecable y conmovedor en la rebelión de la pérdida y el dolor de la derrota. El tenor Bud Roach tiene voz fuerte y cálida, correctamente impostada, pero lo considero más adecuado para la ópera post-barroca que para un autor como Monteverdi.

   El Maestro Fallis guía con gran competencia al grupo orquestal, tocando al mismo tiempo el órgano, que proporciona a la orquestación la voz grave del bajo contínuo.

   El público aplaude largamente a todos los intérpretes, pero en especial a Fallis, que a lo largo de sus 27 años de dirección ha constantemente difundido con pasión el conocimiento de la música antigua, renacentista y del barroco temprano. Preocupa ver en el Trinity-St. Paul’s Centre una absoluta preponderancia de cabezas blancas y grises... ¿Podrá su esfuerzo atraer a un público joven que mantenga en vida a un ensemble tan particular? Entre los instrumentistas hay muchísimos jóvenes: esperemos que ellos logren contagiar su pasión a sus homólogos, para que acudan numerosos a escucharlos.

Fotografía: Paul Orenstein/Ross Duffin.

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