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Crítica: «L'ange de Nisida», de Gaetano Donizetti, en el Festival Donizetti Opera 2019

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Autor: Raúl Chamorro Mena
24 de noviembre de 2019

La emoción de presenciar un histórico estreno donizettiano

Por Raúl Chamorro Mena
Bergamo. 21-XI-2019. Cantiere Teatro Donizetti. Festival Donizetti Opera 2019. L'ange de Nisida, de Gaetano Donizetti. Kuno Kim (Leone de Casaldi), Linda Friedman (Condesa Sylvia de Linares), Florian Sempey (Fernando de Aragón), Roberto Lorenzi (Don Gaspar), Federico Benetti (El Monje). Orquesta y coro Donizetti Opera. Dirección musical: Jean-Luc Tingaud. Dirección del escena: Francesco Micheli.

   El Festival Donizetti Opera ha experimentado un gran crecimiento en los últimos años, lo que le ha permitido sumar un tercer título operístico a la programación, además de recibir el pasado mes de septiembre el premio al mejor Festival 2019 en el Oper! Awards de Berlín. El jurado de esta edición indicó en sus motivaciones, que el Festival Donizetti de Bérgamo ha alcanzado resultados equiparables al Rossini de Pesaro.

   En esa línea de descubrimiento histórico y de altísimo valor musicológico se encuadra la reconstrucción de L'ange de Nisida, ópera que no llegó a ver la luz por la quiebra del parisino Teatro de la Renaissance y cuya música fue reutilizada por Gaetano Donizetti, junto a material de otros orígenes, así como de nueva creación, para la Grand Opera La Favorite estrenada en la Academia Real de Música [Ópera de París] el 2 de Diciembre de 1840.

   Después de la «derrota» sufrida en París, Theatre Italien 1835, por Donizetti y su ópera Marino Faliero frente a I puritani de su compatriota Bellini, el bergamasco retorna a la capital musical europea de entonces tres años después, ya como rey absoluto de la ópera italiana con dos encargos de la Academia Real de Música bajo el brazo. El éxito descomunal de la versión francesa de Lucia di Lammermoor en el Teatro de la Renaissence tuvo como consecuencia otros dos encargos de dicho teatro. Fruto de ello nació L'ange de Nisida, que al no poder estrenarse por la quiebra de la compañía, fue desmembrada por el maestro utilizando parte de la misma, como ya he subrayado, como base de La favorite. La musicóloga Candida Mantica, responsable de la primera edición absoluta, es decir, de la reconstrucción del puzzle como ella misma lo califica en su artículo del, como siempre, imprescindible Cuaderno de la Fundación Donizetti, ha necesitado más de una década para tan ingente e impagable labor en la que ha llegado a tener acceso al 97 % de la música compuesta por Donizetti para esta ópera.

   La primera ejecución de esta reconstrucción de L'ange de Nisida se produjo en Londres en forma de concierto como base de la grabación del sello Opera Rara con reorquestación de las partes perdidas por parte de Martín Fitzpatrick, que también ha compuesto ex novo pasajes de recitativo pérdidas. En este estreno escénico de la ópera en Bergamo se ha utilizado la referida reorquestación, pero no la música compuesta ex novo al objeto de resaltar el carácter de ópera completa de L'ange de Nisida y la autoría absoluta por parte de Donizetti. Tampoco se ha utilizado el preludio creado por Fitzpatrick sobre diverso material del Bergamasco. La obra, que contiene algunos elementos del género semiserio, incluido un personaje buffo como Don Gaspar, así como la base argumental de La Favorite. Un monarca, en este caso Fernando de Aragón, que para mantener una relación extramatrimonial pecaminosa y ante las presiones de la Santa sede, casa a su amante con un caballero tan leal y de noble corazón como ingenuo, profundamente enamorado de la referida favorita Real y al que el Rey dota de diversos privilegios, incluido un marquesado, a cambio de su total deshonor.

   Resultó, por supuesto, excepcional a la par que emocionante poder ver representada de forma escénica por primera vez, una ópera de uno de los músicos fundamentales del teatro lírico italiano del siglo XIX.

   Como un paso previo a la reapertura definitiva del Teatro Donizetti –en obras de reforma y restauración desde febrero de 2018- el estreno mundial escenificado de L'ange de Nisida se ha ofrecido en Il cantiere del Teatro con un montaje a cargo del propio director artístico del Festival, Francesco Micheli. La acción se desarrolla en una platea vacía, aún sin butacas, todavía sin público, el cual se sitúa en los palcos y una tribuna colocada en el escenario. El coro canta desde el parapeto del loggione en la primera parte y baja a la platea en el segundo. El amasijo de folios sobre los que se desarrolla la escena en el primer acto simbolizan esa variedad de partituras y textos de los que se ha valido Candida Mantica en su labor de reconstrucción y forman la encarnación imaginaria de esa isla de Nisida frente al cabo Posilipo, donde se encuentra la amante del Rey engañada con una promesa de matrimonio que nunca se cumplirá. La habilidad con la que Micheli mueve a los artistas y caracteriza a los personajes es indudable. Igualmente destacable resultó el dinamismo de los mismos para ir rotando y cantar de cara a un público situado a su alrededor. Un montaje destinado a una situación especial, que se inspira en ella y se desarrolla impecablemente demostrando un trabajo inteligente y bien elaborado.

   Muy interesante la prestación del tenor surcoreano Kuno Kim en el papel de Leone de Casaldi. Sonido liberado, una voz que está fuera, bien emitida, correctamente apoyada, con cuerpo y buena proyección, si bien el timbre no es especialmente bello. Kim exhibió legato de factura, sentido de la línea y desahogo en la franja aguda, como pudo apreciarse en el aria del último acto «Pourtant ma vie était si belle» (situada en el mismo lugar que «Ange si pur» - «Spirto gentil» en La Favorite), junto a entusiasmo juvenil y acentos incisivos, conformaron una muy estimable interpretación.

   En la adaptación del material para La favorite, Donizetti tuvo que transformar el papel protagonista femenino para la tesitura de lo que sería una mezzosoprano moderna de amplia extensión, la propia de Rosina Stolz. Sin embargo, la vocalidad de Sylvia de Linares se encuadra en la soprano tipo angelicato (nunca más apropiado en este caso dado el título de la ópera) típica del romanticismo. Heroína joven enamorada, representada por una voz clara y aérea con abundante coloratura y generoso registro agudo. La partitura estaba destinada a Anna Thillon, que había estrenado la versión francesa de Lucia, lo que nos puede dar perfecta idea de la vocalidad a la que estaba destinada este papel. La jovencísima soprano rusa Linda Friedman, después de que dos sopranos abandonaran la producción, salvó la papeleta. Cierto es que su voz sana y juvenil, de fonación típicamente eslava, atesora potencia y sonoridad, pero la cantante carece de la coloratura aérea y dominio del registro agudo requeridos, pero demostró mucho mérito al salvar la producción después de aprenderse su parte en apenas dos semanas. Creíble y entregada, asimismo, resultó la irreprochable prestación escénica de esta jovencísima soprano. Mejor en lo escénico que en lo vocal –timbre modesto y nasal– fue el Don Gaspar de Roberto Lorenzi, papel buffo que en su cavatina contiene la música utilizada posteriormente por Donizetti para el aria «Un fuoco insólito» de Don Pasquale. De más calidad y con cierta nobleza barítonal, dentro siempre del terreno lírico, el material del barítono francés Florian Sempey, idiomático, cómodo obviamente con la prosodia francesa y que combinó la buena línea imprescindible en sus cantabile, con la apropiada arrogancia Real aderezada con un punto de ironía. Cumplidor el monje del joven bajo Federico Benetti.

   Buena prestación del Coro Donizetti Opera, siempre entusiasta y entregado a la causa del gran músico bergamasco. Igualmente la Orchestra Donizetti Opera, galvanizada y disciplinada en esta ocasión por un concertino del nivel de Massimo Spadano, sonó bien, con empaste y equilibrio. No me gustó tanto, sin embargo, la dirección de Jean-Luc Tingaud, al que hay que reconocerle el mérito indudable de concertar todo teniendo en cuenta las particulares condiciones escénicas de la producción, pero su labor fue más bien plana, además de un tanto pesante y rígida, sin articulación, avara en matices y verdadero estímulo al canto.

Fotografía: Fondazione Donizetti.

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