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Crítica: Pierre-Laurent Aimard ofrece un recital solo en el ciclo «Series 20/21» del CNDM

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Autor: David Santana
4 de diciembre de 2020

Pierre-Laurent Aimard, hacia la expansión del piano

Por David Santana | @DSantanaHL
Madrid. 30-XI-2020. Auditorio 400 del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Centro Nacional de Difusión Musical [Series 20/21]. Selección de piezas para piano solo de Olivier Messiaen, George Benjamin, György Kurtág y György Ligeti. Pierre-Laurent Aimard, piano.

   Así como no dudo en arremeter contra el Centro Nacional de Difusión Musical [CNDM] o quien sea cuando considero que no se está llevando bien la importantísima tarea de difundir la cultura musical al pueblo español, también hay momentos en los que toca quitarse el sombrero, agachar el pescuezo y felicita a aquellos que nos han traído a uno de los grandes referentes de la música contemporánea, ¡y además gratis! La respuesta del público madrileño estuvo a la altura de las circunstancias y se tuvo que colgar el cartel de «aforo completo» casi un cuarto de hora antes del inicio del concierto. Todo un récord para estas Series 20/21 que no dejan de generar cada vez más interés entre un público muy variado.

   Pierre-Laurent Aimard ofreció un gran recital que repasa diferentes estilos compositivos para el piano de la mano de los grandes maestros del siglo pasado y de éste que dominaron el instrumento y supieron sacarle sonidos hasta entonces jamás escrutados.

   El discípulo de la pianista Yvonne Loriod –segunda mujer de Olivier Messiaen– ofreció un efusivo canto de Le traquet stapazin. La interpretación de Aimard estuvo caracterizada por una apabullante seguridad y naturalidad –la misma con la que a las aves les es natural el piar– al tocar unas notas  tan profundas como agresivas.

   Con la misma tranquilidad resolvió los complicados pasajes de Shadowlines. Six canonic preludes, de George Benjamin. El compositor londinense explota al completo las capacidades del piano a lo largo de estos seis preludios en los que Aimard supo mostrar un amplio abanico de matices y una riqueza tímbrica inimaginable para un piano.

   En las peculiares piezas que conforman el álbum Játékok de György Kurtág, Aimard respondió que una nota basta para llenar todo un auditorio, para expulsar después toda su agresividad en el arrebato sonoro que supone la violenta Passio sine nomine.

   Más liviana resultó la selección de piezas de Musica ricercata de György Ligeti, pero enseguida volvimos a ver la pasión y la violencia de las que Aimard hizo gala durante todo el concierto con el Estudio n.º 13, «L’escalier du diable». El final de esta pequeña pieza es equivalente a la explosión sonora de la traca final de una exhibición de fuegos artificiales, con lo que se pueden imaginar lo adecuado que resultó como final.

   El público del Auditorio 400 aplaudió a rabiar al pianista francés que, ante tanta efusividad ofreció cuatro propinas: el estreno mundial de una pieza de Kurtág dedicada a su esposa recientemente fallecida, los estudios n.os 10 y 4 de Ligeti y una brevísima –apenas dos notas– pieza de Kurtág que le dio un toque cómico final a una gran velada en la que Pierre-Laurent Aimard nos enseñó una excelente muestra de cómo los siglos XX y XXI han dejado un amplio repertorio en el que se explotan al máximo las capacidades del piano, creando nuevas sonoridades que estoy seguro que ni Pleyel ni Érard hubieran imaginado jamás.

Fotografías: Rafa Martín/CNDM.

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