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Crítica: Abe Rábade Trío en el ciclo «Jazz en el Auditorio» del CNDM

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22 de febrero de 2021

Más allá de la bulería y el bolero

Por Juan Carlos Justiniano
Madrid. 20-II-21. Auditorio Nacional de Música. Centro Nacional de Difusión Musical [Jazz en el Auditorio]. Sorte. Abe Rábade Trío: Abe Rábade [piano], Pablo Martín Caminero [contrabajo], Bruno Pedroso [batería].

   Abe Rábade visitó el pasado sábado la sala de cámara del Auditorio Nacional para presentar Sorte [Nuba Records, 2021], su última grabación junto a Pablo Martín Caminero al contrabajo y Bruno Pedroso a la batería, su formación habitual.

   El propio pianista explicó a lo largo de sus intervenciones que la rica polisemia (especialmente en gallego) de la palabra sorte, de repente definió, como si se tratara de un programa extramusical, el espíritu de un conjunto de cuatro trípticos, de cuatro suertes [Suerte mística, Suerte épica, Suerte íntima y Suerte lúcida] que recogen un total de doce títulos con nombres como «Amencida», «Desecanto», «Desexo» o «Lúa», en una referencia constante y explícita a la cosmovisión de la cultura gallega.

   Lo más destacable de la obra de Rábade es la labor formal, el trabajado desarrollo motívico y su convivencia de una manera muy natural con momentos más abiertamente improvisados. Porque la música del pianista se sigue comprendiendo dentro de los términos del jazz, pero de un jazz moderno que bebe de músicas que tienen resonancias tanto en el góspel como en la tradición jazzística y el folclore gallego. Y esto es algo original. Porque siempre que el jazz se plantea desde lo español parece que solo pueda hacerse recurriendo a tópicos de exotismo periférico. Por moda, por tirón comercial, por complejo histórico o quizá simplemente por querencia al terruño, parece que no hay vida más allá de la bulería, el bolero y la canción para el jazz español. Pero en el caso de Rábade se conjura este cliché.

   La música de Rábade se ubica más bien dentro de los cánones de un sonido más europeo e intelectual. Es un jazzista ecléctico que practica una música, además, muy rica en matices y que requiere de gran sensibilidad y dominio técnico (y de un silencio y una ausencia de toses que ahora sí garantizan las mascarillas). En la era Berklee, el dominio del instrumento va de suyo y es difícil encontrarse en la escena actual a un músico de jazz sin horas de estudio. Rábade, Martín Caminero y Pedroso no son una excepción.

   Brilló de una manera especial Pablo Martín Caminero, un contrabajista impecable y con tanta musicalidad como oficio, porque verdaderamente es un todoterreno musical bregado en muchas músicas incluidas también la bulería, el bolero y la canción. Una pena, en embargo, que la amplificación no fuera del todo la adecuada.

Fotografías: Elvira Megías/CNDM.

Autor:Juan Carlos Justiniano
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