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Crítica: Brad Mehldau despide temporada en el ciclo «Jazz en el Auditorio» del CNDM

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Autor: Juan Carlos Justiniano
18 de mayo de 2021

De nuevo Mehldau, uno más

Por Juan Carlos Justiniano
Madrid. 16-V-21. Auditorio Nacional de Música. Centro Nacional de Difusión Musical [Jazz en el Auditorio]. Brad Mehldau Trio: Brad Mehldau [piano], Larry Grenadier [contrabajo] y Jeff Ballard [batería].

   El pasado domingo Brad Mehldau visitó junto a Larry Grenadier y Jeff Ballard, su trío habitual, la sala sinfónica del Auditorio Nacional de Madrid. Y lo hizo despidiendo la temporada 2020/2021 del ciclo Jazz en el Auditorio del Centro Nacional de Difusión Musical [CNDM], una temporada que todos intuíamos que sería atípica y que, aunque efectivamente ha acabado de una manera un tanto atropellada –con algunas cancelaciones tan sonoras como las de Enrico Pieranunzi o John Patitucci– puede decirse que ha quedado salvada. A diferencia de lo ocurrido con el pianista italiano y el contrabajista estadounidense, Mehldau, lejos de cancelar, incluso ha hecho doblete. A priori esta circunstancia podría resultar chocante pero realmente entra dentro de la normalidad: si hacemos balance de la programación jazzística del CNDM hay que decir que Brad Mehldau es ya casi de la familia. No sorprendería que incluso conociera el nombre de más de un bedel.

   La última vez que visitó el Auditorio Nacional fue hace apenas unos meses, en noviembre, cuando recaló en la capital para brindar un homenaje a los Beatles. Y hay que decir que aquel, pese a la sobriedad con que se planteó, resultó un concierto mucho más vibrante e interesante que el del pasado domingo junto a su trío. Podría decirse que el domingo ocurrió que o la sala se quedó grande o el trío pequeño. Pero por algún lado sobraba espacio. Y apatía. Y frialdad. Entre el público diezmado por la pandemia y el trío había un abismo que apenas pudo salvar una amplificación planteada para salir del paso. Y en torno a esa fatídica contingencia pivotó un concierto por momentos anímico.

   El repertorio tampoco ayudó. Es cierto que hubo un poco de todos los Mehldau pero no todos brillaron de igual forma. No lo hicieron las propuestas más vanguardistas –alguna de ellas incluida en su última grabación junto a Joshua Redman, Christian McBride y Brian Blade (RoundAgain, Nonesuch Records, 2020)–. Tampoco convenció Mehldau en su faceta de inspiración más rockera y progresiva, la de los riffs y los ritmos ocurrentes porque todo se desintegraba en una maraña acústicamente confusa (la primera intervención del trío directamente ni se entendió) y porque la sensación fue que además ello acabó perturbando el dinamismo de uno de los tríos más potentes del jazz actual.

   Pero, para ser justos, no todo fue tan anodino. En el registro de las baladas, en alguna incursión en la bossa nova y en el repertorio canónico, Grenadier y Ballard recuperaron el aliento y comenzaron a disfrutar de los designios del demiurgo Mehldau. Posiblemente los mejores momentos del concierto madrileño del trío coincidieron precisamente con las relecturas de «Here’s That Rainy Day» (Jimmy Van Heusen), «Autumn in New York» (Vernon Duke) y de «Moment’s Notice» (John Coltrane). Fuera de ahí, con un listón tan alto, casi nada llegó a funcionar.

   En lo que respecta a Grenadier y Ballard, no cabe duda de que este domingo se ganaron el sueldo. Porque ambos sudaron la gota gorda devanándose los sesos al servicio de un Mehldau ensimismado en no pocos momentos. Como en esas codas infinitas donde el pianista se detuvo, en el mejor de los casos, a explorar sustituciones armónicas pero que sobre todo empleó para regalarse en su verborrea de fórmulas melódicas. No obstante, uno, claro está, no puede sino escucharlo con sumo interés porque Mehldau desde luego posee una capacidad asombrosa para rellenar de música un minuto tras otro a partir de una simple progresión.

   La visita del pasado domingo del trío de Brad Mehldau seguramente podría calificarse como un ejercicio de estilo, incluso como un desafío a la capacidad de escucha hasta del oyente más experto, estoico o abnegado. Sin embargo, costara más o menos entrar en el concierto, los noventa minutos de música transcurrieron en un abrir y cerrar de ojos. Poner el oído en tres músicos con tantos recursos y tantas tablas como Brad Mehldau, Larry Grenadier o Jeff Ballard siempre es una experiencia enriquecedora, un ejercicio verdaderamente gratificante para los oídos y la inteligencia y una lección de jazz siempre valiosísima. Además, la respuesta del público fue bastante generosa. Mehldau siempre gusta y tanto él como su trío, conjuntamente y por separado, ya han escrito una página de la historia reciente del jazz. Y eso es algo que supera el frío recuerdo, bastante efímero, de un concierto no tan afortunado entre los habidos y por haber. Porque, no cabe duda, Mehldau volverá y seguro lo hará con más fortuna. Este concierto fue simplemente uno más.

Fotografía: bradmehldau.com.

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