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Crítica: Cornelius Meister y Lukas Sternath cierran el ciclo de la Sinfónica de Viena en la Konzerthaus vienesa

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Autor: Pedro J. Lapeña Rey
2 de junio de 2024

La Orquesta Sinfónica de Viena cierra temporada con dos invitados como fueron el director Cornelius Meister y el pianista Lukas Sternath, con un programa doble protagonizado por Mozart y Bruckner

Sinfónica de Viena, Cornelius Meister, Lukas Sternath, Konzerthaus de Viena

La Quinta de Bruckner en el Konzerthaus

Por Pedro J. Lapeña
Viena, Konzerthaus, 23-V-2024. Concierto para piano y orquesta n.º 23 en la mayor, KV 488 de Wolfgang Amadeus Mozart; Sinfonía n.º 5 en si bemol mayor de Anton Bruckner. Orquesta Sinfónica de Viena. Lukas Sternath, piano. Director musical: Cornelius Meister.

   Como ya he comentado en más ocasiones, la Sinfónica de Viena es la orquesta que interpreta el gran repertorio en la ciudad, dado que la mucho más famosa Filarmónica, entre el foso de la Ópera y las giras, da normalmente 10 o 12 programas al año. La Sinfónica tiene amplias series de conciertos tanto en el Musikverein como en el Konzerthaus y esta temporada ha vivido de directores invitados desde la dimisión del colombiano Andrés Orozco Estrada. Lavah Shani, el pianista y director israelí, titular tanto de la Filarmónica de Israel como de la Filarmónica de Rotterdam, es a sus 35 años un viejo conocido de la orquesta. Desde su debut en mayo de 2015, se ha subido a su podio en más 60 ocasiones, y era el encargado de cerrar esta semana el ciclo en el Konzerthaus. El programa era muy atractivo ya que no solo iba a dirigir la Quinta sinfonía de Anton Bruckner sino que iba a interpretar y dirigir desde el piano el fabuloso concierto final de Wolfgang Amadeus Mozart, en si bemol mayor. Pero como ocurre en muchas ocasiones, nuestro gozo en un pozo. El Sr. Shani canceló y la orquesta tuvo que buscar en poco tiempo una alternativa fiable. Difícil encontrar en tan breve tiempo un director pianista, por lo que la solución vino por separar ambos oficios. Para la batuta llamaron a Cornelius Meister, exdirector titular de la Orquesta de la radio austriaca ORF-RSO, y para el piano al joven pianista austriaco Lukas Sternath, alumno de Igor Levit, que cambió el concierto mozartiano inicial por el KV 488, en la mayor.

   Con el cambio salimos perdiendo. El Concierto en la mayor es uno de los grandes del de Salzburgo, pero el concierto final, el n.º 27 en si bemol mayor es algo mas que eso, es uno de los grandes de la literatura para piano de todos los tiempos. Y aunque Lukas Sternath apunta maneras, con Lahav Shani hablamos de otro nivel. En cualquier caso, el Sr. Sternath aprovechó sin duda su oportunidad ofreciéndonos un Mozart «demasiado ortodoxo» para lo que puedes esperar de un pianista tan joven. Impecable desde el punto de vista técnico, con todo en su sitio, le faltó una musicalidad mas natural en el Allegro inicial –la cadenza elegida, la de Ferrucio Busoni, no corrió con la espontaneidad que pide–, algo más de intensidad en el Adagio central, y un poco más de refinamiento en el Allegro assai conclusivo, donde fue el único momento en que, en parte, se «soltó la melena». En cualquier caso, con solo 23 años, tiene todo un brillante futuro por delante. A los muchos aplausos que recibió respondió con una obra fuera de programa que solemos escuchar a pianistas más veteranos, el Intermezzo en la mayor, Op. 118-2 de Johannes Brahms, lo que nos da una idea del tipo de pianista que es.

   La segunda parte estuvo consagrada a la Quinta sinfonía de Anton Bruckner. Cuando aun no se han apagado los ecos de la tremenda versión que hace 15 días hizo Klaus Makela en el Musikverein con la Orquesta del Concertgebouw de Amsterdam, Cornelius Meister se enfrentó a esta obra colosal, compleja, toda una catedral de música y sonido, donde la polifonía y el contrapunto tienen su hábitat natural. Una obra que no es fácil ni para el oyente ni para la orquesta ni para el director, que debe ser capaz de «explicar» lo que Bruckner tenía en mente. Y decimos en mente porque jamás la pudo escuchar a pesar de ser una de las obras de las que más orgulloso se sintió, y en la que, a diferencia de «sus hermanas», menos cambios realizó posteriormente –solo unas leves modificaciones un par de años después de componerla–. Estaba demasiado enfermo y recluido en su habitación del Belvedere cuando Franz Schalk la estrenó en Graz en 1894.

Orquesta Sinfónica de Viena, Lukas Sternath, Cornelius Meister, Wiener Konzerthaus

   Cornelius Meister marcó un tempo discreto pero muy efectivo. La introducción en pianísimo de violines y violas sobre los pizzicatti de los violonchelos, rara avis en la literatura bruckneriana, la entrada de los metales, el primer tutti y el primer coral posterior que nos lleva al Allegro propiamente dicho marcaron una de las características de la versión: lo bien preparados y bien ejecutados –con una exquisita graduación del sonido– que fueron los múltiples clímax que tiene la obra. Otras virtudes fueron la claridad del sonido –quizás demasiado, un tono mas grave le hubiera dado mas densidad– y un fraseo muy cuidado. Meister, que dirigió de memoria, demostró que conoce la obra y que aunque en materia de trascendencia y profundidad puede estar lejos de otros colegas, no lo está tanto en cuanto a la exposición de todas las melodías y a las complejas transiciones que pueblan la obra, sin ir más lejos, la que engarza los dos temas de Allegro inicial. Por el contrario, fue en el Adagio, uno de los movimientos más complejos y difíciles que salieron de la pluma del de Ansfelden,  donde más echamos en falta la profundidad y la hondura que nos han mostrado otros grandes directores, y que aquí, a pesar de un fraseo exquisito, quedó algo caído de tensión y corto de expresividad. Sin embargo, el Sr. Meister se marcó un Scherzo ejemplar, con un control absoluto de los ritmos asincopados, con unas transiciones de libro muy efectivas, un fraseo intenso casi violento en el tema inicial y en la recapitulación final, y una exquisita sensibilidad en las maderas y en las cuerdas en el precioso trío intermedio. El alto nivel continuó en el Finale, ejemplo del mejor contrapunto que nunca compuso Bruckner, y en el que el director alemán remarcó las citas a los dos primeros movimientos, perfiló una fuga preciosa, le dio empaque a la enorme doble fuga posterior, y ensambló todo el conjunto de manera ejemplar en la enorme coda final.

   Y con esto llegamos al punto y final de la temporada de la Sinfónica de Viena en el Konzerthaus. En poco mas de tres meses nos espera la próxima, ya con el checo Petr Popelka como director titular y la francesa Marie Jacquot como principal invitada, y con una programación realmente atractiva entre la que no faltarán entre otros ni Gustav Mahler (8.ª con Philippe Jordan y 6.ª con Vladimir Jurowsky), ni Arnold Shönberg (Pelleas y Melisande con Lahav Shani), ni Anton Bruckner (9.ª con Ingo Metzmacher) ni Richard Strauss, Antonín Dvorak, J.S. Bach…

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