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CRÍTICA: 'DER KAISER VON ATLANTIS' DE ULLMANN DIRIGIDA POR SÁNCHEZ-VERDÚ EN ZARAGOZA. Por Jordi Maddaleno

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15 de noviembre de 2013
Foto: Ópera Aragon
UN CANTO A LA VIDA Y A LA MUERTE DIGNA

Der Kaiser von Atlantis (Viktor Ullmann), Zaragoza, Teatro Principal, 24-10-2013. Toni Comas (Harlekin), Toni Marsol (Kaiser Overall), Walter Castillo (Ein Soldat), Martha Mathéu (Bubikopf), Claudia Schneider (Der Trommler), Josep Ferrer (Der Lautsprecher / Der Tod), Iker Montero (soldado II), Ignacio Otín y Carlos Trivez (Figurantes). Orquesta Reino de Aragón. Dirección Musical: José María Sánchez-Verdú. Dirección de escena: Marta Eguilior. Producción Ópera Aragón. Dirección Artística: Alejandro Martínez.

   Cuatro años después de su fundación, la Asociación Aragonesa de Ópera Miguel Fleta, se atrevió a escenificar su primera producción operística y lo hizo con riesgo y acierto, escogiendo la ópera, leyenda en cuatro escenas: Der Kaiser von Atlantis oder Die Tod-Verweigerung (El Emperador de la Atlántida o la renuncia de la Muerte), del compositor judío Viktor Ullmann. La apuesta fue fuerte, incluso temeraria, puesto que esta ópera, gestada en el campo de concentración de Theresienstadt en 1943, milagrosamente salvada del Holocausto y estrenada en Amsterdam en 1976, no es ni una obra fácil, ni popular, ni forma parte del corpus lírico internacional más conocido. Eso en una ciudad como Zaragoza, sin una temporada de ópera propia estable y activa y con un público poco habituado a tales eventos supuso un salto al vacío que gracias al buen hacer  y un trabajo riguroso y detallista salió redondo y exitoso. Ópera Aragón supo servir con guante fino la ópera, al incluirla como acto central de las "Jornadas de Música y Holocausto", programadas en los días 24 y 25 de octubre en el IAACC Pablo Serrano, donde charlas de especialistas como el musicógrafo José Luis Téllez, el profesor de historia de la música de la Universitat Ramón Llull de Barcelona Jaume Radigales, o el propio compositor y aquí director musical de la ópera, José María Sánchez-Verdú, expusieron, contextualizaron y disertaron sobre la Entartete Musik, la música en los campos de concentración y por supuesto sobre la gestación y características únicas de esta obra lírica de una belleza extraña y melancólica creada en una situación escalofriante.

   Un ataque desde la retaguardia, así comenzó la representación, los músicos de la Orquesta Reino de Aragón, el director musical y los siete cantantes solistas entraron desde platea vestidos del mono a rayas típico de los prisioneros de los campos de exterminio, ‘vigilados' por los guardias y el soldado al mando, el público iba a asistir al ensayo de la ópera, tal cual parece ser se produjo en la realidad. Viktor Ullman creó una ópera metafórica, llena de sarcasmo y surrealismo vital, donde un megalómano Emperador emprende una guerra total contra el mundo y se atreve a pedir a la mismísima Muerte que lo secunde en la empresa, la Muerte indignada y en protesta, decide no dejar morir a nadie y el caos se apodera del mundo...Ullmann dibujó una historia tenebrosa y macabra, fruto de un contexto inhumano, donde a pesar de todo, la esperanza, el derecho a la vida y la lucha por la libertad afloran en las notas hirientes de los instrumentos de metal y viento y en unas cuerdas que acarician y atemorizan.

   La joven directora de escena Marta Eguilior propuso con éxito y sobriedad un túnel del tiempo en el que los espectadores presenciaran ese ensayo general de la obra, en el mismo campo, frente a los soldados nazis, una recreación de la bofetada lírica al régimen que le valió al compositor ser enviado a Auschwitz donde murió gaseado como tantos otros. En este contexto la ópera se desarrolló con catártico resultado, mientras los solistas se presentaban en voz de un magnético y subyugante Josep Ferrer (Transmisor / Muerte), los figurantes que hacían de soldados flanqueaban una escena casi vacía, con mínimos elementos escenográficos, resaltando la desnudez de la situación con austera frialdad. El soldado al mando, un excéntrico y eléctrico Walter Castillo, se sentó entre el publico en primera fila para asistir al evento, interrumpiendo la escena en varias ocasiones con uso de autoridad, vejaciones, insultos y abuso del histrionismo como arma de caricaturización de un personaje claramente inspirado en Hitler. Los solistas, perfectamente ensamblados y metidos en situación, navegaron cual marionetas extáticas, desde la cómica sátira del personaje de Arlekin, idóneo por  el tenor Antoni Comas, pasando por el nervioso lirismo de una inolvidable Martha Mathéu como Bubikopf, la soprano de Tarragona mostró una vis teatral admirable, demostrando ser una gran actriz oculta en su preciosista canto lleno de matices y emotivos filados, ¿a qué esperan los teatros de ópera para ficharla?, un tanto para Ópera Aragón por el ‘descubrimiento'escénico de la soprano. Claudia Schneider supo lucir dicción y estuvo contenida y expresiva en sus frases que tanto recuerdan a Mahler como en su aria Hallo, hallo! Achtung! Achtung!, pero el verdadero protagonista de la función fue el Kaiser Overall de un fisicamente  irreconocible Toni Marsol, dueño y señor de un fraseo claro y limpio, contundente actor, quien firmó con su monólogo despedida final, aquí en su versión alternativa de la partitura, Der Krieg ist aus una actuación impecable llena de tormentoso lirismo. La Orquesta Reino de Aragón, pese a ciertos titubeos iniciales supo extraer en la sabia batuta de José María Sánchez Verdú, la hipnótica belleza de una composición llena de aristas sonoras que recuerdan al cabaret alemán, la crudeza de Alban Berg o la riqueza imaginativa de Schönberg, cuadrando el finale con los solistas vocales con eufórica tristeza y melancolía. El breve silencio final del público, absorto en la situación, evidenció el logro del éxito, la diana escénica de Eguilior, la certeza inapelable de la batuta de Sánchez Verdú y la total compenetración y entrega de los excelsos solistas vocales. Una experiencia estética inolvidable, aterradora y esperanzadora. ¡Bravo Ópera Aragón!
Autor:Jordi Maddaleno
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