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Crítica: Elisabeth Leonskaja y el Cuarteto de la Staatskapelle de Berlín, dos conciertos en el «Liceo de Cámara XXI» del CNDM

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Autor: Ana María del Valle Collado
3 de mayo de 2022

A lo largo de dos conciertos, la célebre pianista georgiana se sumó a los miembros del Cuarteto de de cuerda de la Stattskapelle de Berlín, para interpretar cuartetos y quintetos de cuerda con piano del compositor alemán Johannes Brahms

Leonskaja, nieve y diamantes

Por Ana M. del Valle Collado | @ana.budulinek
Madrid, 25-IV-2022 y 26-IV-2022, Auditorio Nacional de Música. Centro Nacional de Difusión Musical [Liceo de Cámara XXI]. Cuarteto para piano y cuerdas n.º 2 en la mayor, Op. 26; Cuarteto para piano y cuerdas n.º 1 en sol menor, Op. 25; Cuarteto para piano y cuerdas n.º 3 en do menor, Op. 60; y Quinteto para piano y cuerdas en fa menor, Op. 34, de Johannes Brahms. Elisabeth Leonskaja [piano], Cuarteto de cuerda de la Staatskapelle de Berlin: Jiyoon Lee y Krzysztof Specjal [violines],  Yulia Deyneka [viola], Claudius Popp [violonchelo].

   Tras un largo aplazamiento desde su primera fecha programada allá por mayo de 2020, después enero de este año y, de nuevo, hasta estos últimos días de abril, por fin pudimos asistir al concierto de Elisabeth Leonskaja con el Cuarteto de cuerda de la Staatskapelle de Berlín en su esperada cita con Johannes Brahms.

   Es este concierto una rareza dentro de las programaciones, ya que el de cuarteto con piano es un repertorio que demanda una formación de músicos no habitual: o bien una agrupación formada ad hoc para la ocasión o su adaptación a partir de un trío o cuarteto con la adición de una viola o la salida de uno de los violinistas, respectivamente. Obviamente es preferible esto último, ya que el entendimiento mutuo es más probable en formaciones estables que en otras de nuevo cuño. Para este programa doble en días consecutivos en torno a la música de cámara con piano de Brahms, los músicos que acompañaban a la pianista georgiana eran primeros atriles de la sección de cuerda de la Staatskapelle de Berlín. Y si bien se echó en falta al violinista Wolfram Brandl, concertino de la formación alemana, su sustituta, la coreana Jiyoon Lee, supo darle el espíritu arrebatador y pasión impetuosa que demandan algunos pasajes de la obra de Brahms. Algo que faltó cuando Krzysztof Specjal se hizo cargo de la parte de violín en el Cuarteto n.º 1 con una interpretación en exceso pulcra y sobria.

   Leonskaja derramaba fluidez y sensibilidad con un fraseo delicado y ajustado uso del pedal cuando en el segundo movimiento del tercer cuarteto sobrevino la rotura de una cuerda del violín de Jiyoon Lee. Durante los minutos que esta dedicaba a enmendar su instrumento, la pianista georgiana, bonito detalle, se dedicó a «repasar» sobre las teclas –sin llegar a pulsarlas– algunos pasajes de la obra. Para Leonskaja la experiencia camerística no va en detrimento de la exigencia práctica. No en vano, su veteranía y maestría en el género  la han llevado a tocar con cuartetos como el Belcea, Borodin o Alban Berg. Con este último, además, registraría en 1988 el Quinteto con piano de Brahms. Leonskaja ya se ha batido con la obra del de Hambrgo en numerosas ocasiones, grabando sus Variaciones y sonatas para piano en dos ocasiones (una de las cuales le valdría el Caecilia Prize), así como los conciertos n.º 1 y 2 en 1994 y 1991.

   Magnífico fue el trabajo de la violista Yulia Deyneka, heredera de la tradición rusa de Borisovsky a través de su profesora Maria Sitkovskaya en su Moscú natal. Con una sonoridad y dinámica exultantes, Deyneka supo apoyar la labor de conjunto dándole una base sólida, especialmente en el segundo cuarteto, de carácter a veces estático, otras de aires explosivos –pensemos en su modulación a fa# menor que recuerda al Quinteto ee do mayor de Schubert–.

   En el primero de los cuartetos brahmsianos, toda una pieza para virtuosos, Leonskaja sonó con determinación, destacando cada uno de los cambios de color con su habitual minuciosidad, fraseo fluido y limpieza. Algo imprescindible en un movimiento lento que exige una técnica muy refinada y que a ratos  trae a la mente las ultimas sinfonías de Brahms.

   En la segunda jornada, con el Cuarteto n.º 3 y el Quinteto con piano pudimos ver como el violonchelista Claudius Popp cambiaba de lugar respecto al día anterior, participando de un mayor protagonismo y liderazgo. El Cuarteto n.º 3, que ha sido visto por algunos como reflejo de las experiencias vitales de Brahms en el momento de su composición, es tenido tanto como una declaración como un acto de renuncia a su amor por Clara Schumann. Verdadero o no, lo cierto es que posee partes de carácter oscuro y vibrante, que el conjunto supo resolver con la intensidad necesaria.

   El Quinteto con piano, tempestuoso, poderoso y torrencial, sonó con ímpetu, en un correcto equilibrio sonoro entre las cuerdas y el piano en un movimiento continuo, casi mágico. Significativa la larga nota del violín que marca el final de la exposición. Sin embargo, en este enfrentamiento entre sonoridades pronto las cuerdas toman el mando en el conocido pasaje de tutti, muy bien interpretado, lleno de fuerza, auténtico Brahms, para que al final volvieran a nuestra mente aquellas palabras que dijera el violinista Joachim sobre Brahms: «Puro como un diamante, suave como la nieve».

Fotografías: Elvira Megías y Rafa Martín/CNDM.

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