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Crítica: «Il trovatore», de Giuseppe Verdi, en el Teatro Cervantes de Málaga

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Autor: José Antonio Cantón
3 de junio de 2022

La ópera del gran compositor italiano llega con un elenco formado por Juan Jesús Rodríguez, Rocío Ignacio, Carmen Topciu, Jorge de León, José Antonio García, Laura Sánchez Naranjo y Daniel Romero de la Rocha, con dirección de escena de Arnaud Bernard y musical de Carlos Aragón

Excelente debut de Carlos Aragón

Por José Antonio Cantón
MÁLAGA, 29-V-2022, Teatro Cervantes. Il trovatore, de Giuseppe Verdi. Juan Jesús Rodríguez, Rocío Ignacio, Carmen Topciu, Jorge de León, José Antonio García, Laura Sánchez Naranjo y Daniel Romero de la Rocha. Dirección de escena: Arnaud Bernard. Coro de Ópera de Málaga. Orquesta Filarmónica de Málaga (OFM). Director musical: Carlos Aragón.

   Dada la variedad y riqueza musical que determina Giuseppe Verdi en esta ópera,  nada más interesante que contar con una seguridad en el foso como la que detenta el maestro gaditano Carlos Aragón, una de las autoridades operísticas más relevantes de nuestro país desde su profundo conocimiento del género lírico, que domina en todas sus modalidades estilísticas desde todos los aspectos de su gestación, y que hacía su debut en la temporada lírica malagueña. El tratamiento musical que dio a esta representación merece máxima consideración al convertirse en elemento catalizador de la acción en su función de saber dar a cada cantante, al coro y a los profesores de la Orquesta Filarmónica de Málaga [OFM] el realce de su cometido dentro del conjunto de la obra, otorgando esa confianza que hace sacar a cada artista lo mejor de sí mismo. Esto facilitaba que el desarrollo del argumento que ocurre fuera del escenario se expresara con precisa condensación emocional en sentido y forma, reflejando siempre el contenido dramático y los sentimientos de los personajes. Sin duda, su intervención ha sido capital para desentrañar la complejidad del libreto de Salvatore Cammarano, sabiéndolo sustentar con una perfecta y constante reafirmación del número cerrado de aria, dúo, terceto, concertante e intervenciones corales. El pensamiento verdiano ha tenido en él su mejor valedor en ese difícil aspecto de saber secuenciar el zigzagueante discurso de esta ópera cuya acción la ha ambientado el escenógrafo francés Arnaud Bernard en la Guerra de la Independencia Española.

   El cuarteto vocal protagonista fue muy cuidado por el maestro Aragón, empezando por la soprano sevillana Rocío Ignacio en el papel de Leonora a la que facilitó desarrollar un canto etéreo y despejado en las arias así como agilidad y brillantez en las cabalette, realzando el impactante efecto conclusivo de tan particulares piezas. Elevó su intervención acunando su voz en el aria «Tacea la notte placida», que expresaba el recuerdo del cantar del trovador, o en el aria de la parte de Il supplizio conocida por «D’ amor sulali rosee», dejando que la soprano adornara su canto con dolce espressione como quería Verdi, exponiendo lo mejor de su técnica belcantista.

   Importante apoyo significó el acompañamiento a la mezzo rumana Carmen Topciu que daba vida al siempre complicado papel de la gitana Azucena, concretamente en la famosa aria «Stride la vampa» del inicio de la segunda parte, que dejó de manifiesto la calidad tanto canora como dramática de esta intérprete que acapara toda la atención cuando interviene, hecho que supo potenciar el maestro Aragón permitiendo que recreara este personaje tan sustancial y emocionalmente convergente de esta ópera.

   En cuanto a los principales protagonistas masculinos hay que resaltar el estado de forma del tenor tinerfeño Jorge de Léon que supo sobreponerse con gran oficio a las exigencias spinto que requiere el papel de Manrico. Sus mejores momentos fueron propiciados por la envolvente romanza «Deserto sulla terra» formando parte de la cantada declaración de amor que ofrece a Leonora al principio de la función y esa cabaletta siempre esperada «Di quella pira» de la tercera parte de la obra en la que arenga a sus soldados para salvar a su madre, Azucena, sentenciada a la hoguera por el Conde de Luna, uno de los momentos de desesperación más intensos de la acción que llamó la atención por el empuje vocal del que hizo gala.

   Desde el foso, el maestro Carlos Aragón, supo acompañar esa doble faceta del personaje del Conde de Luna, que encarnó ese gran barítono verdiano cual es Juan Jesús Rodríguez, en su papel de hombre público, que desarrolló con acentos autoritarios que exigían soltura vocal, y como noble enamorado que no admitía rivales en su pretensión de conquistar a Leonora a toda costa, mostrando una línea de canto amplia y matizada como la realizada en el aria del segundo acto «Il balen del suo sorriso» en la que el cantante onubense mostro su mejor vena lírica. Otro tanto ocurrió con el personaje de Ferrando encomendado al bajo canario José Antonio García que mostró en todo momento la nobleza de su emisión vocal con un gran dominio de su registro central, que enriquecía los efectos de su acción dramática.

   La excelente preparación del Coro de Ópera de Málaga por su directora titular, la malagueña María del Mar Muñoz Varo, facilitó un buen ensamblaje con la orquesta, como el logrado en el sobrecogedor inicio del Miserere del último acto y en la flotante salmodia subsiguiente de muy cuidada dinámica vocal, generando una gran emocionalidad en el espectador.

   Una visión de conjunto de esta ópera, realizada en coproducción con el Teatro Nacional de Croacia de Zagreb, lleva a la conclusión de la prevalente bondad musical del espectáculo debido en destacada medida a la capacidad artística de Carlos Aragón y a su gran experiencia operística, haciendo buena la afirmación de que si funciona una dirección musical en el género lírico todos los demás factores se perfeccionan. Su complicada trama ha sido un reto superado por un debut muy esperado, que ha servido para cerrar la trigésimo tercera temporada operística malagueña recuperando plenamente su esplendor pre-pandemia.

Fotografías: Daniel Pérez/Teatro Cervantes de Málaga

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