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[C]rítica: Jordi Savall lleva su viola da gamba al «Universo Barroco» del CNDM

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17 de enero de 2019

El violagambista catalán, a pesar de ser tan solo una sombra de lo que en su día fue, ofreció un muy digno recital a solo elaborado como un descriptivo recorrido por las músicas que para las violas se compusieron en la Inglaterra del XVII.

Resiliencias artísticas

Por Mario Guada | @elcriticorn
Madrid. 16-I-2019. Auditorio Nacional de Música. Centro Nacional de Difusión Musical [Universo Barroco]. La viola polifónica. Obras de Tobias Hume, Alfonso Ferrabosco II, Thomas Ford, John Playford y anónimos. Jordi Savall.

No estudié la Elocuencia, ni la profesión de la Música, aunque sí amo la Razón y me conmueve la Armonía: mi Profesión, como mi Educación, han sido las armas; la parte más afeminada de mí ha sido la Música, que en mí ha sido siempre generosa y nunca Mercenaria.

Tobias Hume
.

   Los conciertos a solo han sido una rara avis en el transcurso del Universo Barroco del Centro Nacional de Difusión Musical [CNDM] en sus ocho temporadas de vida. Sin embargo, esta temporada se han programado dos: este de Jordi Savall –por ser vos quien sois– y el que en tan solo una semana volverá a tener lugar en la sala de cámara del Auditorio Nacional, con Fabio Biondi como protagonista –por ocupar esta temporada la plaza de artista residente en el CNDM–. El violagambista de Igualada, que es un casi un obbligato temporada tras temporada para la institución musical más importante del país en la actualidad, se presentó con un denso y hermoso recorrido que, bajo el título de La viola polifónica, transitó por algunas de las músicas que para la lyra-viol se compusieron en la Pérfida Albión allá por el siglo XVII. El gran protagonista, como no podía ser de otra forma, fue Tobias Hume (c. 1569-1645), uno de los máximos exponentes del instrumento en la isla a lo largo de aquel siglo. Detengámonos por un momento en definir dicho instrumento, para saber en qué aguas nos movemos: se trata de una pequeña viola baja, usada principalmente en Inglaterra en el siglo XVII y descrita como «la más pequeña de los violas bajo» [de los tres tipos principales según John Playford: consort bass, división viol y lyra-viol]. Toma su nombre, probablemente, dado que su estilo a la hora de interpretar los acordes con arco era similar al del lirone –otro tipo de instrumento de arco, el más grave de la familia de la lira da braccio y muy utilizado en Italia en los siglos XVI y XVII–. Para John Talbot [finales del siglo XVII], el instrumento tenía unos 72 cm. de largo y por lo general seis cuerdas, aunque también era posible encontrar ejemplares de cuatro, cinco y siete cuerdas. Christopher Simpson describe sus cuerdas como más ligeras y su puente más plano que el resto de instrumentos de la familia de las violas, con las cuerdas más pegadas al mástil que otras tipologías. A lo largo de todo el siglo se desarrolló para ella un amplio e importante repertorio. Debido al número de cuerdas, su diseño y el posible añadido de cuerdas simpáticas, la lyra-viol podía aproximarse con gran destreza a las texturas polifónicas –de ahí el título del programa–, especialmente para la realización de acordes, aunque, por otro lado, y debido a su pequeño tamaño, gran diversidad de tipologías y afinaciones, era más adecuada para las intrincadas líneas melódicas que los tipos más grandes de bajo de viola.

   Dicho lo cual, y teniendo en cuenta que, salvando estas características un tanto distintas, su morfología no dista especialmente de la de cualquier viola da gamba bajo del momento, por lo que su repertorio se puede interpretar en un modelo cualquiera, como es el caso de Savall, que lo llevó a cabo en su inseparable viola da gamba baja de siete cuerdas, modelo del lutier inglés Barak Norman, de 1697. De Hume, compositor y violista inglés, que destacó especialmente como soldado –llegó a ser oficial en los ejércitos sueco y ruso–, se interpretó una selección de su más célebre colección de obras para el instrumento a solo, sus Musicall Humors, extraidos de The First Part of Ayres, French, Pollish and others together … with Pavines, Galliards, and Almaines [London, 1605]. Savall ha sido, sin duda, uno de los intérpretes que más atención han prestado a este autor a lo largo de los años; así lo atestiguan sus grabaciones de Poeticall Musicke [Deutsche Harmonia Mundi, 1983] y de sus Musicall Humors [Astrée, 1982; y Alia Vox, 2004] –dos maravillosas grabaciones que cabe escuchar casi con reverencia–. De hecho, como comenta en las breves notas al programa, conoció esta música hace más de cincuenta años, cuando «a finales del caluroso verano de 1964, descubrí con gran curiosidad los Musicall Humors, de Tobias Hume. Acababa de terminar mis estudios de violonchelo y música en el Conservatorio Superior de Barcelona e iniciaba como verdadero autodidacta el estudio y aprendizaje de la viola da gamba, un instrumento entonces rarísimo que sólo era tocado por un puñado de pioneros y aficionados ilustrados muy esparcidos por el mundo. Ardía en deseos de poder estudiar esas recopilaciones de títulos fascinantes y tablaturas misteriosas. Sucedió meses más tarde en Londres, en el silencio mágico de la sala de lectura del Museo Británico. Aún me acuerdo de la emoción con que imaginé, en aquel lugar venerable, cómo podían sonar esos Loves Farewell, esas Death & Life o las diferentes Souldiers March, Galliards & Resolutions, mientras intentaba descubrir las claves necesarias para descifrar ese lenguaje codificado en antiguas notaciones y tablaturas».

   Y es que una de las peculiaridades de la música de Hume es que está escrita en tablatura alfabética, quizá porque Hume concebía que el instrumento «debería ser fácilmente tan diferente e ingenioso musicalmente como el laúd». La importancia de Hume proviene especialmente de sus dos colecciones, siendo la primera el mayor ejemplo de música en solitario para lyra-viol de un solo compositor a principios del siglo XVII, además de contener las primeras indicaciones que se conocen en el uso del pizzicato: «toca una cuerda con tus dedos, la otra con tu arco», «para ser tocada con tus dedos… tu arco siempre en la mano»; así como del recurso posteriormente denominado col legno: «percutir estas notas con la parte posterior de tu arco». De esta colección, que contiene varias decenas de piezas, se interpretó una selección con catorce ejemplos, sin duda de entre lo más característicos, incluyendo pasajes con ese uso del pizzicato y col legno, así como la que es probablemente su obra más célebre, A Souldiers Resolution, uno de los primeros ejemplos continentales en el uso de la música programática, en la que Hume describe algunos elementos militares a través de una muy descriptiva música, titulando cada sección con un breve texto –que el propio Savall narró convenientemente–.

   El segundo bloque del recital se conformó con algunos breves ejemplos de otros autores que compusieron para lyra-viol, primero con un bloque que llevó por título Lessons for the Lyra-viol, en el que se interpretaron tres obras de autores de cierta importancia en el repertorio: Alfonso Ferrabosco II (c. 1575-1628), Thomas Ford (1580-1648) –que concibió los primeros ejemplos de pizzicato para la mano izquierda, como se observó en su obra Why not here– y John Playford (1623-1686). Es habitual la scordatura en estos repertorios, por lo que Savall tuvo que modificar en numerosas ocasiones la afinación de su Norman, como en La Cloche de Playford, bajando un tono la primera cuerda para poder imitar los sonidos del repique de campanas. Más elaborada todavía la afinación para el último bloque de piezas, extraídas del Manchester Gamba Book [anónimo, 1630], una colección de obras con gran carga de elementos folclóricos y en la que se requiere cruzar las cuerdas cuarta y quinta para lograr la afinación de gaita [bagpipe tune] –con este cruce se crea una octava entre las cuerdas, con lo que poder imitar el bordón de una gaita–. Son obras de claras reminiscencias escocesas e irlandesas, de notable virtuosismo y una sonoridad evocadora, en las que Savall se mueve muy cómodo, dado que le permite aportar una buena parte de improvisación y ornamentación –aunque actualmente tienda a la repetición de los patrones que en su día elaboró para estas obras–.

   Lo primero que es necesario destacar de este recital es la valentía del violagambista catalán a la hora de querer mantener su actividad a ese ritmo. Hay que tener una carrera muy aposentada detrás y ser considerado una leyenda para salir en un escenario de la importancia del Auditorio Nacional, pergeñado únicamente con su viola y el conocimiento atesorado a lo largo de más de medio siglo de carrera, sin que ello suponga un auténtico suicidio artístico. Esto, per se, merece un respeto. Afinación casi perfecta en la mayor parte del recital, versiones expresivas, cuidadas en lo sonoro, con una buena dosis de virtuosismo –aunque las dobles cuerdas y los pasajes más complejos denotaron una falta de forma palpable–. Y es que estamos ante un intérprete que roza las ocho décadas. Evidentemente, el estado de lucidez física y mental no es el de hace años. No es, por tanto, necesario incidir en si Savall está o no para mantenerse en lo más alto, sino que parece más necesario plantear algunas preguntas que inciten a la reflexión: ¿es necesario que Savall mantenga una agenda de conciertos tan exigente? ¿Perjudican o no estos últimos años de su carrera a la visión que sobre su legendaria figura se pueda tener? ¿Sería conveniente que este intérprete fuera dejando espacio a lo muchos intérpretes jóvenes que vienen apretando fuerte? ¿Vive Savall de su leyenda o realmente el aplauso que consigue de manera permanente es fruto único y exclusivo de su rendimiento en cada una de las actuaciones? ¿Hay que tratar a este intérprete según el mismo rasero con el que se mide a los demás o merece otro estatus?

   Es evidente que el público le adora –se lo ha ganado con los años, qué duda cabe–, pero también lo es que la versatilidad de su arco ya no es la que antaño fue, o que la agilidad de su siniestra no alcanza a cumplir las exigencias de la música a interpretar en muchos momentos. El discurso se emborrona generalmente y no hay lugar para aquella filigrana que antaño resultaba deslumbrante por completo. Aun con todo, en este recital todavía fue posible descubrir algunos destellos de ese Savall grande abriéndose paso entre la indefectible neblina que los años posan sobre los seres humanos. Hay que regocijarse, pues, de que todavía pueda enfrentar con ciertas garantías un repertorio exigente y que sin duda conoce como nadie, aunque la reflexión se haga evidente y necesaria. Su inteligencia artística es superlativa, eso no se puede poner en duda; su leyenda vive y vivirá perennemente, aunque en mi opinión –y la de otros muchos–, un alargamiento innecesario de su carrera puede terminar por emborronar una figura que ha sido todo en el ámbito de la música antigua...

Fotografía: Ben Vine/Centro Nacional de Difusión Musical.

Autor:Mario Guada
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