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Crítica: Stefano Bollani visita el Centro Nacional de Difusión Musical

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13 de febrero de 2018

Elogio de la risa

   Por Juan Carlos Justiniano
Madrid. 9-II-2018. Auditorio Nacional de Música, Sala de cámara. Jazz en el Auditorio. Centro Nacional de Difusión Musical. Stefano Bollani Danish Trio. Stefano Bollani (piano), Jesper Bodilsen (contrabajo) y Morten Lund (batería).

   A Stefano Bollani lo conocen muy bien en Italia, su país. Pianista, escritor, locutor, presentador de televisión… Un nuevo Celentano del siglo XXI, puro espectáculo, un verdadero showman melenudo nacido con estrella. Sin embargo, en España resulta asombroso su caso puesto que, reconozcámoslo, aquí genera cierta envidia que un músico de primer orden tenga la capacidad de convertirse en personaje público, en una figura casi omnipresente capaz de conquistar el imaginario de una comunidad. Aunque bueno, echando una mirada alrededor y siendo justos, es cierto que encontramos «artistas polifacéticos» y mediáticos por estas latitudes, si bien se sitúan a la altura –no sacaremos el metro– de Bertín Osborne, María del Monte, Chenoa o Leiva, flamante último Goya a «Mejor Canción ¿Original?»). Habrá a quien lo convenza.  

   Stefano Bollani visitó el pasado viernes la Sala de cámara del Auditorio Nacional de Madrid en el marco del Ciclo Jazz del Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM) junto a Jesper Bodilsen al contrabajo y Morten Lund a la batería. Una opción muy acertada de alguien tan camaleónico y polimorfo como el italiano para un espacio como la sala pequeña del recinto madrileño. Después de más de una década sobre los escenarios, el Stefano Bollani Danish Trio funciona con la naturalidad que el paso de los años concede solo cuando además hay talento. Los tres, sin duda un grupo extraordinario de intérpretes, se relacionan además con la confianza de tres buenos amigos, con la camaradería de tres compañeros de correrías. Cualquier melómano debería tener la suerte de contemplar, aunque sea una vez, esa mágica complicidad de la que dieron muestra en su visita a la capital.

   Que no es necesaria la solemnidad para celebrar con maestría el ritual de la música en un espacio de «culto» como el Auditorio Nacional es una verdad que ilustra precisamente Bollani. En el italiano la irreverencia, el desenfado, el desaliño o el gamberrismo para nada son un reclamo de mercadotecnia vacía –de esta especie sí que se pueden encontrar numerosos ejemplos en nuestra geografía–, sino que adornan a la genialidad. Porque reconozcamos esto también: Stefano Bollani es una de esos tocados por las musas. El piano es su verdadera lengua materna y la música, seguramente, su manera de acercarse a la vida y comprender e interactuar con el mundo. Así, el italiano demostró poseer una sensibilidad extrema y ser un grandísimo improvisador, ágil, enérgico, como su propia persona, y curtido además en todo tipo de lenguajes. Bollani tiene en los dedos a McCoy Tyner u Oscar Peterson, por supuesto, pero igualmente está naturalizado con el repertorio clásico más canónico o las músicas populares que van desde Michael Jackson a Frank Zappa pasando por Julio Iglesias.

   Precisamente una melodía popularizada por este último, «Pensami», se erigió como síntesis de lo que Bollani ofreció en Madrid. En su relectura del clásico de ese futbolista que infaustamente devino en estrella de la música ligera se resumió todo lo que el pianista italiano pretende con su música: congraciarse con el público y estilizar cada nota que llegue a sus manos con fino gusto pero sin perder por ello una sonrisa irónica. Si bien, no todo fue provocación. Más allá de referencias caricaturescas el trío interpretó composiciones de Jobim («Retrato em branco e preto» y «Brigas nunca mais», bellísimas melodías descifradas exquisitamente por el pianista y sus amigos) o temas originales –en todas sus acepciones, estos sí que sí– firmados por el mismo Bollani o por Jesper Bodilsen.

   Pese a la personalidad arrolladora y el papel de líder del italiano, lo del viernes fue cosa de tres. En el contrabajo de pulso firme, cantable de Bodilsen y en la flexibilidad sin pretensiones de la batería de Lund, Bollani realmente ha encontrado la horma de su zapato. A todos los niveles. Y al respecto se agradece el atrevimiento, la valentía y el saber hacer a la hora de prescindir de más amplificación de la necesaria para conseguir el equilibrio entre los tres instrumentos que, como en esta ocasión, siempre resulta más  efectivo si parte de la inteligencia y la empatía de los propios músicos. No obstante, si el entendimiento resultó prácticamente perfecto en lo musical, la conexión entre los tres contagió toda la escena, porque Bodilsen y Lund en ningún momento vacilaron a la hora de entrar en el particular juego carnavalesco del italiano. Puro elogio de la risa. Puro Stefano Bollani.

Fotografía: cndm.mcu.es

Autor:Juan Carlos Justiniano
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