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CD: 'Psalmi Davidi Pœnitentiales'

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Harmonia Mundi rescata, para su serie Heritage, un doble álbum extraordinario en el que Philippe Herreweghe y su Collegium Vocale Gent presentan un Lassus monumental.

HERREWEGHE ES PARA LASSUS

Por Mario Guada

Psalmi Davidis Pœnitentiales. Música de Orlande de Lassus. Collegium Vocale Gent | Philippe Herreweghe. Harmonia Mundi | Heritage, 2 CDs [HMY 2921831.32], 2014. T.T.: 139:18.

   Mucho se habla sobre la especial conexión existente en algunas ocasiones entre intérprete y compositor. Esto es, que de vez en cuando parece salir un intérprete especialmente dotado para la praxis de la obra de un determinado compositor, lo que para algunos es, en realidad, una especie de conexión casi extracorpórea entre ambos. Así como Karajan parecía tenerla con Beethoven, o Abbado con Mozart, no es algo que se produzca únicamente en el mundo de las grandes orquestas y el repertorio romántico y postromántico; en el terreno de las interpretaciones históricas también sucede. Sin entrar a asumir que existe una conexión no razonada y casi espiritual –como algunos quieren ver–, sino más bien una capacidad más notable para la interpretación de un compositor dado basada, obviamente, en un interés especial por dicho compositor, así como un conocimiento profundo del estilo, de su obra y del contexto general que rodean a la misma y al compositor, es cierto que se dan casos célebres, especialmente para la música de Johann Sebastian Bach, como John Eliot Gardiner o Ton Koopman. También pasa con Antonio Vivaldi, Claudio Monteverdi y otros muchos compositores. Incluso llega a pasar con la polifonía renacentista. Así, a Peter Phillips o Paul Van Nevel se les llega a asociar de manera indisoluble y casi espiritual con algunos maestros concretos de los siglos XV y XVI. Para el caso que nos ocupa, el del director belga Philippe Herreweghe, existe primeramente una relación directa que es en la cualquier leve conocedor de su carrera se detendrá de manera automática: Bach. Y así es, Herreweghe es sin duda uno de los paladines de la defensa de la obra del Kantor y uno de los que mejores resultados consiguen –en mi opinión su Bach es el más expresivo y emocionante de cuántos se hayan grabado–.

   Menos sabrán, sin embargo, que existe otro compositor al que el belga está unido de una manera realmente estrecha. No es otro que Orlande de Lassus [1532-1594], el compositor más importante de la quinta generación de franco-flamencos, y sin duda alguna uno de los mayores exponentes de la polifonía vocal de todos los tiempos. Herreweghe ha sido uno de los intérpretes que más atención ha prestado a su figura, consiguiendo además unos resultados sobresalientes. Además de un disco centrado en su Moduli quinis vocibus –para Astrée–, fue en la época de Harmonia Mundi cuando él y sus conjuntos grabaron cuatro álbumes centrados en algunas de sus grandes obras: Lagrime di San Pietro, Cantiones Sacræ sex vocum, Hieremiæ prophetæ lamentationes y Psalmi Davidis Pœnitentiales. Este último es precisamente el registro doble que presentamos en estas líneas. Elegido por la discográfica francesa para formar parte de su nueva serie hmHeritage –que rescata grabaciones de algunas de las grandes producciones llevadas a cabo por Harmonia Mundi, tanto en óperas, oratorios o grandes ciclos sacros, y que hasta el momento cuenta con seis títulos dedicados a Monteverdi, Cavalli, Gluck, Mendelssohn, Händel y Lassus–, supone uno de los grandes hitos en la discografía dedicada a la obra del franco-flamenco.

   Publicados por primera vez en Münich, en 1584, estos Psalmi Davidis Pœnitentiales, modis musicis redditi: anque antehac nunquam in lucem aediti: his accessit psalmus: Laudate Dominum de Coelis, quinque vocum suponen una de las obras cumbre en la producción de Lassus, pero también en toda la producción motetística y sacra de la Europa del Renacimiento. Conformados por siete salmos de David  [VI, XXXII, XXXVIII, LI, CII, CXXX, y CLIII] que fueron usados en la liturgia como parte de las oraciones penitenciales desde los comienzos del Cristianismo. Lassus los colocó junto a dos salmos de laudas: Laudate Dominum de cælis [CXLVIII] y Laudate Dominum is sanctis eius [CL] –que aquí no se graban–. A pesar de que se publicaron en una fecha tan tardía como 1584, se cree que son obras compuestos varios años antes, como el mismo autor comenta en su prefacio, por lo que pueden datarse circa 1559. Compuestos todos a cinco partes, el estilo de Lassus en ellos es especialmente profundo, con hondos lamentos y un estilo lastimero fascinante, legando a la posteridad una muestra impagable de su genio, especialmente dotado a la hora de remarcar los aspectos más dramáticos del texto. Ejemplo monumental del arte de la musica reservata, plantea la unión de la música y la palabra de manera indisoluble, la idea de que ambas se necesitan para su existencia. Trata el lenguaje como palabra hablado, como texto declamado, lo que se aprecia en el estilo claramente silábico de las composiciones, la repetición de notas en imitación de patrones lingüísticos, además del minucioso respeto por la acentuación de las palabras, pero sobre todo por la escrupulosa fidelidad por el sentido del texto. Usa además una variedad de recursos compositivos realmente asombrosa. Concibe cada uno de los siete salmos como si de una estructura arquitectónica se tratase, cada uno de ellos compuesto sobre uno de los modos eclesiásticos, dividendo además los extensos textos para concebirlos como si de pequeños motetes se tratase. Para la doxología –parte final de los textos– añade una sexta voz [superius secundus] a la plantilla básica de cinco –superius, altus, tenor primus et sucundus, bassus–. Su capacidad expresiva, así como la calidad intrínseca de los siete salmos y su extensa duración los convierten, sin duda, en uno de los monumentos musicales más impresionantes de todo el XVI europeo.

   Pocos intérpretes tan dotados, entonces, para la interpretación de una obra de estas características, en la que la hondura y la expresividad son la gran baza de las composiciones. El Collegium Vocale Gent es capaz de aportar todo la profundidad requerida. El sonido de los conjuntos belgas, holandeses y centroeuropeos es, en general más terrenal, más carnoso y emocional que el de los conjuntos británicos. Quizá la, en cierta manera, menor perfección técnica se suple con esta capacidad expresiva mucho más acusada. El color perseguido es más obscuro, tratando las voces graves con mayor preponderancia y buscando un equilibrio mayor con las voces intermedias. La plantilla utilizada está repleta de cantantes de contrastada calidad, algunos habituales en las formaciones del director gantés. Como es habitual, cantores centroeuropeos que son mezclados en las líneas de tenor con cantores británicos para aportar esa sonoridad más diáfana y algo más abierta en el registro agudo –en algún punto algo desmedida–. El bajo se convierte en el pilar fundamental que sostiene toda la interpretación, con un sonido más redondo, delicado y elegante de lo que algunos bajos británicos nos tienen acostumbrados. En general, el sonido es comedido, búsqueda de la redondez sonora que llegue al oyente sin aristas, como un continuum, aunque a veces  no se consigue eliminar del todo cierta estridencia en las líneas más agudas.

   Philippe Herreweghe demuestra, una vez más, porque es uno de los mejores representantes de la obra de Lassus. La elección del tactus es fascinante, lo que se aprecia al observar como fluye el discurso sonoro-textual, en la manera en que la música respira. Destaca la enorme capacidad para conseguir el balance adecuado, en el que todas las líneas aportan en su justa medida el color y sonido que necesitan, pero sobre la manera en que consigue sacar de sus cantores toda la intención y esa línea de canto repleta de emoción y expresión.

   Sin duda, Harmonia Mundi realiza un maravilloso regalo a todos los seguidores de Herreweghe y su Collegium Vocale Gent, además de a los apasionados por la música del gran Lassus, pero sobre todo será más un regalo impagable para aquellos que no estén familiarizados con ninguno. Se quedarán atónitos ante lo que escucharán. Se hbuiera agradecido una presentación algo más calibrada en cuanto a los sobres que contienen los discos –de papel realmente endeble–  y la inclusión de los textos de los salmos. Salvo esos pequeños detalles, estamos ante un registro esencial.

Autor:Mario Guada
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