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Crítica: El Cuarteto Gerhard en el V Festival Resis de Música Contemporánea en La Coruña

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Autor: Pablo Sánchez Quinteiro
27 de abril de 2022

Del 21 de abril al 4 de junio, la ciudad de La Coruña vuelve a ponerse al frente del panorama de la música contemporánea en España

Cuarteto Gerhard

El Cuarteto Gerhard en el V Festival Resis de Música Contemporánea en La Coruña

Por Pablo Sánchez Quinteiro | @psanquin
La Coruña, 23-IV-2022. Igleia de las Capuchinas. Festival Resis. Cuarteto Gerhard. OBras de Berg, Gerhard y Pintscher.

   Del 21 de abril al 4 de junio, la ciudad de La Coruña vuelve a ponerse al frente del panorama de la música contemporánea en España, con la realización de la que ya es la quinta edición del Festival Resis de Música Contemporánea y Artes Vivas. Una vez más, la programación tendrá lugar en distintas sedes, emblemáticas del patrimonio artístico y cultural de la ciudad herculina.

   Entre sus primeras propuestas era especialmente esperada la presencia, el 2 de abril, del Cuarteto Gerhard en la Iglesia de los Capuchinos. Está conformado el Gerhard por los violinistas Lluís Castán Cochs y Judit Bardolet Vilaró, el viola Miquel Jordà Saún y el chelista Jesús Miralles Roger; cuatro jóvenes músicos que ya acreditan una amplia experiencia, pues el cuarteto como tal ya ha cumplido una docena de años, a los que debemos sumar algo tan crucial para el funcionamiento de un cuarteto como es el conocimiento y la empatía mutua, la cual se inició mucho antes en el tiempo, pues son músicos que se conocen desde su infancia.

   El programa, presentado bajo el título de «Gran Torso IV», realizó un recorrido muy sugerente a través de setenta años de la música cuartetística del siglo XX. Un viaje que se inicia en la Viena de los años veinte con la seminal Suite Lírica de Alban Berg, se continua en la Inglaterra de los años sesenta, con el Cuarteto nº 2 de Roberto Gerhard y concluye en los albores del siglo XX con una de las Figuras de Matthias Pintscher. Músicas representativas de tres clásicos del siglo XX, estrechamente emparentadas entre sí, hasta el punto de que se pueden considerar parte de la tradición única que el título del programa plantea.

   El programa, contrariamente al orden cronológico inicialmente propuesto, se abrió con el Cuarteto nº 2 de Gerhard, obra talismán del grupo, que ya ha grabado en CD e interpretado en multitud de salas. Sin ir más lejos, lo volverán a hacer esta misma semana en la flamante Elbphilharmonie de Hamburgo. Bien lo merece una partitura de Gerhard, sorprendente por su concentración, la variedad de recursos técnicos empleados y, muy especialmente, por la libertad que muestra frente a la rigidez de los postulados dodecafónicos de los que el compositor nunca se sintió prisionero.

Cuarteto Gerhard

   El entorno de la Iglesia de los Capuchinos, abarrotada hasta el último recoveco con un público variopinto y en la penumbra de una mínima iluminación, fue un escenario ideal para disfrutar de una interpretación intimista y reflexiva, llena de sustancia, en la que los meros efectos -realzados al máximo en grabaciones discográficas, como es el caso de la referencial del Cuarteto Arditi- pasaron a un segundo plano. Escrito en siete breves episodios, sin solución de continuidad, tras el estático, pero a la vez impactante arranque de la obra, el segundo movimiento supuso un excitante cambio de registro gracias a su enorme despliegue de efectos percusivos y extendidos,. Un introvertido tercer movimiento dio paso a un enigmático cuarto episodio. Ambos muy breves, a ellos les siguió el que con diferencia es el movimiento más amplio de la obra; un dilatado Adagio, en el que las voces de los instrumentos se suceden en un solemne diálogo. Éste está entreverado de pizzicati, glissandi tradicionales pero también incisivos glissandi en armónicos. Un excesivo énfasis de dichos efectos puede llegar a resultar obstrusivo, tal como sucede en la citada grabación del Arditi. Frente a esto, el Cuarteto Gerhard confirió al movimiento un carácter monolítico, sobrecogedor, que cristalizó en el angustioso diálogo de disonantes acordes que inician el sexto movimiento. Desde aquí hasta la conclusión la obra, ésta -tal como es habitual en la segunda escuela de Viena- progresa hacia a una conclusión clásica, abrumadora en sus medios técnicos y expresivos, que fue resuelta por los miembros del Gerhard de forma clarividente. En resumen, fue una valiosísima y necesaria interpretación -inédita la obra en Galicia-, de una música de cámara, a la que el Gerhard hizo menos árida de lo habitual al impregnarla de un genuino aliento sinfónico.

   A continuación, el Cuarteto Gerhard interpretó la obra más contemporánea de la noche; Figura II de Matthias Pintscher. Curiosamente, en el programa figuraba Figura IV -valga la redundancia-, pero sin que hubiese mayor información al respecto, la obra realmente interpretada se correspondió con la Figura II, dos años anterior. Director musical del Ensemble Intercontemporain, es Pintscher uno de los compositores germanos de su generación más reconocidos internacionalmente. Figura II es una obra de gran refinamiento y complejidad, que no conlleva ninguna concesión hedonística, tanto para los intérpretes como para el oyente. Me sorprendió la dinámica desplegada por el cuarteto a lo largo de toda la obra, muy intimista y recogida. Los referentes estructurales clásicos que Roberto Gerhard deja emerger en la arquitectura de su cuarteto, han desaparecido totalmente en la obra de Pintscher, introduciéndonos éste en un espacio musical paralelo que se caracteriza por su fragilidad, y en el que cada sonido tiene vida propia, absolutamente independizado de un discurso musical global. El Gerhard caracterizó con primor el fluir sonoro, en absoluto errático, pero tan impredecible como un movimiento browniano. Fue, como en el cuarteto de Gerhard, una mirada reflexiva, analítica; sin efectismos. No me ha sorprendido descubrir que los músicos del cuarteto sean aficionados al deporte mental por excelencia; el ajedrez. Tanto los sonidos al límite del silencio como las extremas erupciones de sonido se sucedieron de forma natural, sin que la intencionada tosquedad del discurso de Pintscher resultase en ningún momento chocante para el oyente.

   Finalmente, después de disfrutar de la audición de una música tan alejada de la existencia cotidiana, el concierto nos deparaba la rara posibilidad de disfrutar de una de las obras emblemáticas de toda la producción de la segunda escuela de Viena; la Suite Lírica de Alban Berg. Con ella el Cuarteto Gerhard nos ofrecía una obra más que forma parte esencial de su ADN; pues ya fue grabada por el grupo para Harmonia Mundi hace cuatro años, siendo merecedora de excelentes críticas.

Cuarteto Gerhard

   Música de una arquitectura extremadamente elaborada, pero al mismo tiempo de una máxima expresividad, tal como revelan los descriptivos títulos de los movimientos, así como el intenso contexto pasional que le dio vida, el Cuarteto Gerhard se aproximó a ella desde un evidente rigor expresivo. Desde mi punto de vista, es una pieza que se beneficia de la separación de primer y segundo violín en atriles opuestos, algo que ocasionalmente se suele realizar. No fue el caso, pero me hizo pensar durante el concierto en lo interesante que hubiera sido el poder escuchar alguno de los movimientos repetidos con esta distribución alternativa; tal vez como propina. De hecho, a pesar del éxito, no hubo ninguna propina a la conclusión; pero ciertamente es difícil imaginar una pieza que encaje tras la Suite Lírica, más allá de ella misma. 

   El Allegretto gioviale fluyó con decisión, a un tiempo vivo, pero al mismo tiempo destilando un sonido limpio, integrado, y sobre todo, dirigido por una fuerza impulsora convincente. El nocturnal Andante amoroso, cobró vida de forma coqueta, rebosante de sensualidad y frescura. Es asombroso como la escritura de doce tonos permite alcanzar tales dimensiones expresivas. Estás alcanzaron su máxima expresión en el intensísimo Allegro misterioso, el cual inevitablemente nos hizo retraernos a las dos obras de la primera parte, tan impregnadas de la esencia de este movimiento. Fue una lectura vibrante, técnicamente excelente, en la que una vez más el cuarteto nos volvió a asombrar por el carácter sinfónico que imprime a sus interpretaciones. No creo que nadie echase en falta el impacto de la versión orquestal de la pieza. Fue igualmente exuberante la interpretación del Adagio appassionato, el movimiento más terrenal y libre en lo formal de los seis. En manos del Cuarteto Gerhard, la famosa cita de la Sinfonía Lírica de Zemlinsky emergió con una claridad impactante. El beethoveniano Presto delirando fue precisamente eso, un delirio musical, y como no podía ser menos, el Largo desolato final, con sus citas del Tristan y su narrativa no escrita, fue la culminación de un viaje musical memorable. 

Foto1: Josep Molina
Fotos2y3: Festival Resis

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