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Crítica: El Cuarteto Picasso se presenta en el Festival «Málaga Clásica»

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Autor: José Antonio Cantón
8 de noviembre de 2021

«Nace el Cuarteto Picasso, integrado por Anna Margrethe Nilsen, Jesús Reina, Rumen Cvetkov y Gabriel Ureña, un hecho que ha de ser valorado de capital importancia cultural dada la calidad artística de sus componentes». Prosigue el IX Festival Internacional de Música de Cámara «Málaga Clásica».

Cuarteto Picasso

 Presentación del Cuarteto Picasso

Por José Antonio Cantón
Málaga, 2-XI-2021.  Teatro Echegaray. IX Festival Internacional de Música de Cámara «Málaga Clásica». Distintas formaciones de cámara integradas por Koh Gabriel Kameda, Erzhan Kulibaev, Anna Margrethe Nilsen y Jesús Reina (violines), Rumen Cvetkov (viola), Gabriel Ureña (violonchelo) y Julien Quentin (piano). Obras de Enescu, Hermann y Mozart.

   El segundo concierto de esta edición del Festival tuvo por título «Los Genios» en directa relación con la grandeza artística de Mozart y la no menos relevancia estética de Enescu, uno de los más importantes compositores del siglo XX por la singular belleza, dificultad técnica y complejidad de notación de su música. Del primero se interpretó su famoso Cuarteto de cuerda nº 19 en do, K. 465, también conocido como el Cuarteto de las Disonancias, que sirvió para la presentación de una nueva formación de cámara; el Cuarteto Picasso, integrado por Anna Margrethe Nilsen, Jesús Reina, Rumen Cvetkov y Gabriel Ureña, un hecho que ha de ser valorado de capital importancia cultural dada la calidad artística de sus componentes.

Para hacer que el público entrara en situación, la apertura del concierto estuvo ocupada por una pieza de lucimiento de corte académico, el Capriccio nº 1 para tres violines en Re menor, Op. 2 del compositor alemán Friedrich Hermann, muy reconocido intérprete, editor, profesor y teórico del violín durante el siglo XIX. Kulibaev, Makeda y Nilsen, a partir del sosegado inicio de la obra, fueron entrando en un dinamismo favorecido por una serie de tripletes que imprimían densidad a su discurso antes de la dulzura de un pasaje subsiguiente destinado a serenar pasiones sonoras para, finalmente, volver a una exhibición de frenético virtuosismo plagado de prolongados y articulados adornos. Los primeros intensos y cerrados aplausos no se hicieron esperar.

«Puedo valorar con seguridad que ha sido una de las más brillantes actuaciones de Jesús Reina de las muchas que le he podido admirar».

   Con una virtuosa adecuación técnica, coherente interacción emocional y comprometida musicalidad, cualidades que demostraron como si llevaran ya años de experiencia los componentes del Cuarteto Picasso, éste se presentó en el escenario para interpretar la ya mencionada siempre curiosa obra de Mozart. Desde las primeras notas disonantes de su sombría introducción en tono menor, Adagio, se adentraron en la alegría que destila el segundo episodio no sin dejar de destacar contrastadamente, con estructurada densidad, la austeridad dramática de su discurso. Se planteó la interpretación desde un análisis de la razón de ser y función de cada instrumento en su papel dentro del conjunto, desafiando su calidad artística hasta en esos detalles en los que, al final del primer movimiento, quiere aparecer de nuevo el sentido oscuro de la introducción, reduciendo y condensando su modulación. La serena ejecución del Andante la orientaron en sentido revelador, como queriendo despejar las experimentales dudas armónicas del tiempo anterior. El arte de la matización dinámica lo ejercieron con gran eficacia en los contrastes que propone Mozart en el minueto, donde brilló la seguridad que Nilsen siempre ofrece en su toque así como el curioso timbre del violonchelo de Gabriel Ureña, queriendo retomar motivos ya expuestos. El allegro final significó una ejemplar muestra del alto grado de la identificación musical que practican los componentes de esta nueva formación, quedando reflejado de modo brillante en su coda, que elevaron a un resultado casi orquestal en el virtuosismo de la intensa conversación polifónica que exhibieron los cuatro músicos. Vaya desde estas líneas mi felicitación por la creación de este nuevo cuarteto y el extraordinario resultado artístico logrado en su presentación, lo que lleva a pensar que está llamado a convertirse un referente en su clase del panorama musical español.

   El plato fuerte del concierto vino propiciado por la última creación camerística  del rumano George Enescu, músico que no ha terminado de ser valorado en  proporción a sus méritos estéticos, posiblemente por su compleja creatividad y correspondiente muy alto compromiso técnico: su Sonata para violín y piano No.3, Op.25. Jesús Reina, acompañado magistralmente por el pianista francés Julien Quentin, ofreció una soberbia versión de esta obra llegando al máximo de sus capacidades, que son muchas, lo que se materializó en una de sus actuaciones que han de quedar como de referencia de esta edición del Festival. El resultado artístico alcanzado me llevó a recordar la esplendorosa ejecución del admirable Octeto, op. 7 de este mismo compositor que, de manera esplendorosa, clausuraba la séptima edición del Festival ‘Málaga Clásica’ del año 2019.

   La interpretación de esta obra significó la confirmación de todo el elogio que contiene de la música popular rumana, y que Enescu quiso concentrar en ella. Demostrando un excelente estado de forma, Reina hizo suya la partitura dejando que su cinética diera una imagen de controlada improvisación que encajaba perfectamente con el espíritu libre que respira la extraña melancolía que desprende el moderato inicial, llegando a la sublimación en el paradigmático misterioso final del segundo movimiento, un andante en el que Enescu plantea un absoluto ejercicio de emancipación de las reglas métricas y armónicas, alcanzando así una excelsa creatividad. El color fue el efecto musical que protagonizó el allegro final, llegándose a esa particularidad de sonido propio de los lăutari y a una serie de aflautados timbres populares de verdadero impacto para un atento oyente que, aun pudiendo reconocer tales orígenes, se sentía sobrepasado por la identificación de los intérpretes con la genialidad del autor en su tratamiento. Puedo valorar con seguridad que ha sido una de las más brillantes actuaciones de Jesús Reina de las muchas que le he podido admirar.

   Se cerraba así esta relevante segunda jornada del Festival por el selecto contenido de su programa y, sobre todo, por haber propiciado la presentación del ‘Cuarteto Picasso’, fecha que quedará muy marcada en su historia y en la de la vida musical de la ciudad de Málaga.

Foto: Festival Málaga Clásica

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