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Opinión: «Daniele Gatti y un 'Réquiem' de Verdi en Ibermúsica». Por Aurelio M. Seco

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Autor: Aurelio M. Seco
3 de mayo de 2026

Artículo de opinión de Aurelio Martínez Seco sobre el Réquiem de Verdi que programa el ciclo de Ibermúsica en Madrid el 21 de mayo, bajo la dirección de Daniele Gatti

Daniele Gatti

Daniele Gatti y un Réquiem de Verdi en Ibermúsica

Por Aurelio M. Seco | @AurelioSeco
El ciclo de Ibermúsica en Madrid, que acaba de presentar su próxima edición, se ha convertido en uno de los grandes refugios musicales de los más exigentes melómanos de nuestro país. Es toda una hazaña de rango histórico la construcción de Ibermúsica, empresa que comenzó a dar sus primeros pasos en 1970 y que desde el primer día fue dirigida con mano maestra por Alfonso Aijón, un hombre muy especial sin cuya voluntad de hierro, cualidades humanas, amor por la aventura y la «gran música» e inteligencia gestora, el ciclo habría podido sostenerse a tal altura, la del Himalaya, durante tantos años. Cualquiera que sepa de la dificultad que supone levantar una empresa, realizar un proyecto artístico, por pequeño que sea, no podrá más que valorar lo realizado por Aijón como una enorme gesta. No es de extrañar que los elogios a la figura de Aijón sean frecuentes y laudatorios.

   Desde 2015 entró en Ibermúsica otro conocido nombre de nuestros grandes empresarios musicales, Llorenç Caballero. «Esta unión salva Ibermúsica, nos permite continuar con nuestros planes y nuestras nuevas temporadas», afirmaba entonces Alfonso Aijón, para quien Caballero era «el socio ideal». «Son muchos años de amistad, hemos trabajado juntos en muchas ocasiones, y él supone savia nueva para una empresa que siempre ha mantenido un listón de una calidad tremenda, solo comparable a festivales como Lucerna y Salzburgo». Aijón, que en su día nos hablaba y con razón de la importancia de saber elegir a los amigos, dejó Ibermúsica en manos de un caballero llamado Llorenc, que también tiene en su haber importantes hazañas gestoras y que está sabiendo mantener el espíritu y nivel del ciclo.

   El día 21, Ibermúsica nos tiene reservado un Réquiem de Verdi atractivo, no sólo porque se haya puesto en manos de uno de los más importantes directores de orquesta del presente, el italiano Daniele Gatti, sino también por la calidad de la agrupacion, la Staatskapelle Dresden y la relevancia de los solistas: Eleonora BurattoElīna Garanča, quien por cierto cantó la obra a sus órdenes en el Festival Verdi de 2021; Benjamin Bernheim y Riccardo Zanellato, acompañados por el Orfeó Català.

   El famoso Réquiem de Verdi, escrito por el compositor para rendir homenaje al poeta Alessandro Manzoni, y estrenado en Milán en el aniversario del fallecimiento del escritor, se ha convertido con el paso de los años en una de esas partituras impresionantes que todo melómano busca oír, sobre todo cuando llega el famosísimo Dies Irae o el delicioso Ingemisco, meroemas tan importantes que han desbordado el terreno del Réquiem ocupando su propio lugar en el campo genenal de la música. 

   Hemos oído el Réquiem muy bien interpretado, en director y en disco. Recordamos, por ejemplo, cuando el Concierto Premios Princesa de Asturias tenía mayor relevancia, una versión preciosa de Jesús López Cobos, con un profundísimo y brillante Rene Pape que, poco antes, había ofrecido un maravilloso recital en una pequeña sala ovetense. Son legendarias algunas versiones del Réquiem de Verdi, las de Karajan, por ejemplo, con un José Carreras haciendo el Ingemisco más lento y melodioso del mundo; la legendaria de Claudio Abbado y la Filarmónica de Berlín, con Roberto Alagna, una Angela Gheorghiu inolvidable y magistral y el Orfeón Donostiarra, conjunto cuyo sonido parece que gustaba especialmente a Abbado. Seguramente sea Riccardo Muti el director que hoy día esté en disposición de ofrecernos uno de los más reconfortantes Réquiem de Verdi posibles. Le recordamos uno portentoso en la Catedral de Toledo. Pero tenemos que decir que, la sabiduria autogórica de Muti nos parece haberse establecido en cierta seguridad de fondo, como si echásemos en falta en su poética actual algo de la pasión juvenil de antaño, o si se la viésemos, de alguna forma, como institucionalizada.

 

   El Réquiem de Verdi es una obra dificilísima de dirigir, no sólo por el necesario magisterio del director, sino por la dificultad para los cantantes y coro, que deben superar sus límites técnicos y adentrarse en sus matices espirituales con especial empeño y dedicación. En principio no es el Réquiem una partitura para un festival veraniego de cerveza y crema de playa. Qué esfuerzo titánico debe realizar un director para mostrar el verdadero mensaje de esta misa de difuntos en esas condiciones, tanto al público y los propios músicos. A veces es difícil incluso en el lugar adecuado. Es famoso el fragmento de la gran Montserrat Caballé ensayando el Réquiem con Claudio Abbado mientras a la genial soprano española le daba un nervioso ataque de risa en la Iglesia de San Marcos de Milán, lugar donde en 1874 se estrenó en su día la partitura. 

   Daniele Gatti se ha convertido en los últimos años en un director de raza y grandes virtudes ante la orquesta. Un maestro que ha intentado ganarse lo más significativo de la lentitud, cualidad importante y preciosa en un músico, aunque no siempre la haya conseguido sostener con la libertad de espíritu deseada. Pero ya es mucho querer explorar las morfologías musicales con ese peso específico y potencial. Así que el Réquiem de Verdi que nos ofrece Ibermúsica el 21 de mayo en el Auditorio Nacional dentro de su «Serie Barbieri», ocasión que sin duda agotará localidades, es uno de esos conciertos atractivos para sopesar el estado en el que se encuentra la interesante poética artística de Gatti ante una de las músicas más dolorosas e importantes que nadie haya escrito jamás.

   Aijón afirma con frecuencia que no le gustaba programar el Réquiem de Verdi porque siempre había algo en lo organizativo que salía mal. A ver esta vez qué pasa...

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