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Crítica: Daniele Gatti dirige el «Réquiem» de Verdi con la Staatskpelle Dresden en Ibermúsica

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Autor: Raúl Chamorro Mena
22 de mayo de 2026

Crítica de Raúl Chamorro Mena del Réquiem de Verdi en Ibermúsica, con la Staatskpelle Dresden bajo la dirección de Daniele Gatti

Daniele Gatti dirige el «Réquiem» de Verdi con la Staatskpelle Dresden en Ibermúsica

Mando y equilibro

Por Raúl Chamorro Mena
Madrid, 21-V-2026, Auditorio Nacional. Ciclo Ibermúsica. Messa da Requiem Misa de Réquiem para solistas coro y orquesta (Giuseppe Verdi). Eleonora Buratto, soprano. Elina Garança, mezzosoprano. Benjamin Bernheim, tenor. Riccardo Zanellato, bajo. Orfeó Català, director: Xavier Puig. Staaskapelle Dresden. Director: Daniele Gatti. 

   Giuseppe Verdi era más bien agnóstico, pero no podía ignorar el hecho religioso, ni mucho menos la honda tradición católica italiana. Tampoco hay que olvidar la veneración del Maestro por la polifonía sacra, especialmente por la obra de Giovanni Pierluigi da Palestrina. 

   En homenaje a otro venerado por Verdi y figura esencial, igual que él mismo, del Risorgimento italiano, Alessandro Manzoni, surge el monumental Réquiem verdiano, que se estrena en la Iglesia milanesa de San Marco en 1874. Estamos ante una misa de difuntos “ante mortem”, para los vivos, en el que la muerte se observa como algo fatal y se une a la incertidumbre de cara al tránsito y la inquietante posibilidad de la muerte eterna. Todo ello  ante la ira del Dios implacable y castigador de la tradición católica. Esa ira divina se plasma particularmente en el tremendo “Dies irae” que aparece durante toda la obra. Estamos, sin duda, ante una obra maestra del genio verdiano en su madurez y una de las más grandiosas creaciones sinfónico-vocales del repertorio. 

Daniele Gatti dirige el «Réquiem» de Verdi con la Staatskpelle Dresden en Ibermúsica

   La Staatskapelle Dresden ofreció una notable versión de la obra en este su segundo concierto en la presente temporada del ciclo Ibermúsica. 

   Su titular Daniele Gatti dirigió sin partitura con gesto preciso, mando, sentido organizativo y magnifica concertación. Atentísimo a cada detalle, Gatti diferenció planos, perfiló dinámicas muy interesantes, intentó estimular el fraseo y expresividad de los cantantes y el coro, siempre todo bajo el orden y control total de la batuta. El Dies irae, que recorre toda la obra, reunió la suficiente fuerza, grandiosidad y tono amenazante, pero sin excesos. Ello fue impecable ejemplo de una interpretación equilibrada y bien calibrada desde la autoridad y las ideas claras de una batuta clarividente y de sólida técnica. Faltó, eso sí, un mayor sentido trascendente.  

   La Staskapelle Dresden demostró sus calidades, ese oro forjado en tantos siglos, ese terciopelo de la cuerda, la exquisitez de las maderas y los seguros y rutilantes metales. Notable también el Orfeó Català que garantizó empaste y amplitud sonora, pero también ductilidad y una destacada gama dinámica. 

   En cuanto al cuarteto vocal, la soprano italiana Eleonora Buratto mostró su bonito timbre y canto de buena escuela, pero no pareció encontrarse cómoda en ningún momento en una parte que le viene grande. No faltaron pasajes de emisión calante, que se unieron a la falta de carácter y de incisividad de fraseo y acentos. Expresividad epidérmica, por tanto, la de Buratto, que sin embargo bien guiada por la batuta sacó adelante toda su parte final, el comprometido Libera me, sorteando los graves de “Tremens, factus sumego”. Si bien no fue capaz de rematar el sublime cantable “Requiem eternam” acompañada del coro en pianísimo, con la correspondiente nota filada y etérea.  

   Elina Garança no puede esconder ya cierto declive, con desgaste en el centro –registro de pecho nunca tuvo- y merma de sonoridad. Sin embargo, la belleza del timbre sigue ahí, al igual que su fraseo elegante y aquilatado, como pudo apreciarse en “Liber scriptus”, solo de la mezzo que Verdi añadió en 1875. Tampoco fue cualquier cosa escuchar el Lacrimosa introducido por el canto de clase de la Garança. Ambas cantantes femeninas no terminaron de empastar en ningún momento, especialmente en el Agnus Dei

Daniele Gatti dirige el «Réquiem» de Verdi con la Staatskpelle Dresden en Ibermúsica

   El tenor parisino Benjamin Bernheim no puede presumir de medios vocales especialmente dotados. La voz es de tenor lírico-ligero, pobre de color y squillo, pero estamos ante un cantante elegante, que frasea con gusto y musicalidad. Sacó adelante el complicado “Ingemisco”, seguro en los ascensos, aunque faltos de punta. Parece claro que Bernheim resulta más apropiado para repertorio francés y buena prueba de ello fue el falsettone genuino del canto francés con el que abordó el “Hostias”.

El peor del elenco fue el bajo Riccardo Zanellato, de emisión retrasada, timbre gris y ayuno de anchura, de empaste, de rotundidad. Cierto es que alcanzó alguna cota expresiva guiado por la batuta. 

Fotos: Markenfotografie / Jörg Simanowski

Daniele Gatti dirige el «Réquiem» de Verdi con la Staatskpelle Dresden en Ibermúsica
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