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Crítica: Recital de Daniil Trifonov en el Carnegie Hall de Nueva York

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Autor: Pedro J. Lapeña Rey
15 de diciembre de 2016

GRAN RECITAL CON UNA SEGUNDA PARTE PARA ENMARCAR

   Por Pedro J. Lapeña Rey
Nueva York. Carnegie Hall. 7-XII-2016. DaniilTrifonov, piano. Obras de Robert Schumann, DmitriShostakovich, Igor Stravinsky y Nikolai Medtner.

   Pocos músicos han tenido una entrada tan rotunda y contundente en el panorama internacional como el joven pianista ruso Daniil Trifonov. A sus 25 años, ha ganado varios concursos internacionales entre el que destaca sin duda alguna el Primer premio del Concurso Tchaikovsky en 2011. A partir de ahí, conciertos con las mejores orquestas del planeta y recitales en las salas de mayor relumbrón han venido acompañadas de grandes críticas y de atronadoras ovaciones del público. Su recital de debut en el Carnegie Hall con la Segunda sonata de Alexander Scriabin, la Sonata en si menor de Franz Liszt y los 24 preludios de Frederic Chopin, fue grabado y editado por la Deutsche Grammophone.

   Nueva York, una ciudad donde la impronta de los muchos años que Sergei Rachmaninov y Vladimir Horowitz vivieron por aquí se masca en cada recital de piano, acogió rápidamente a Daniil Trifonov como uno de los suyos. La siguiente temporada, al recital mencionado le siguió otro, y continuó su colaboración habitual con la Orquesta Filarmónica de Nueva York - había debutado un par de años antes con los Conciertos segundo y tercero de Sergei Prokofiev – interpretando el Primer concierto de Rachmaninov. Tras un nuevo éxito, la temporada pasada fue la eclosión. En el primer Festival Rachmaninov que la NYPO programaba en sus 175 años de actividad, Daniil Trifonov tocó el resto de conciertos para piano en tres programas distintos. El primero de ellos, que juntaba el Segundo concierto y las Variaciones sobre un tema de Paganini consiguió algo que no había sucedido en mucho tiempo. Colgó el cartel de “No hay billetes” durante las cinco noches que se dio.

   Era por tanto lógica la expectación con que llegaba su tercer recital como solista en el Carnegie Hall, y las entradas escasearon desde que salieron a la venta, agotándose días antes del mismo. La primera parte del programa ofrecía obras de Schumann, mientras la segunda se dedicaba a Shostakovich y Stravinsky.

   Comenzamos con las Escenas de niños, op.15, donde Trifonov se olvidó de la técnica perse y tiró de canto melódico, alegría y poesía. Ajustó como un guante el contacto con las teclas del piano, con una delicadeza enorme. Pareció recrearse demasiado en piezas como “Träumerei” o “Kind im Einschlummern” haciéndolas más lentas de lo que ya de por si son. Con la Toccata en do mayor, op. 7, llegó el piano brillante y la digitación prodigiosa del músico ruso. Terminó la primera parte con una versión algo controvertida de la Kreisleriana, op. 16. La pieza tiene su complejidad ya que exige por igual una técnica excelente y una musicalidad de primer nivel. Trifonov sobresalió en los movimientos más rápidos como “Äußerstbewegt” o “Sehrrasch”. Sin embargo, en los más lentos como en “Sehr innig und nicht zu rasch” o en el segundo de los “Sehr langsam”, extremó tanto las dinámicas que las piezas, aun tocadas con una claridad y transparencia meridiana, parecieron perder el alma, sin la mínima tensión necesaria para expresar el discurso musical, lejos de la versión antológica que hace varios meses nos dio en el mismo Carnegie Hall su compatriota Denis Matsuev, donde fue capaz de aunar lirismo y tensión.

   La segunda parte comenzó con otro empaque. Seguía habiendo la claridad y la digitación marca de la casa, pero el discurso musical era homogéneo, no había fisuras. Empezó con cinco - los números 4, 7, 2, 5 y 24 - de los Veinticuatro preludios y fugas, op. 87 de Dmitri Shostakovich. Compuestos tras el viaje del compositor a Leipzig para participar en el bicentenario de la muerte de Johann Sebastian Bach, la obra está directamente inspirada por el Clave bien temperado del compositor de Eisenach y es un monumento a la forma y al contrapunto. Se ha especulado mucho sobre el sentido de componer esta obra poco después de su condena por el Decreto Zhidanov de 1948, donde uno de los “delitos” de los que fue acusado fue de formalismo.

   DaniilTrifonov expuso los preludios de manera clara y precisa y dejó cantar al piano en las fugas. Nada escapó a su control, ni acordes ni escalas. Fue a más en cada número para terminar con el gran número final en Do menor, realmente excepcional. Una lástima que la enorme duración de la colección completa, cercana a las tres horas, no permita el oír la colección completa ya que tal y como la tocó, nos recordó inevitablemente a la gran Tatiana Nikolayeva.

   Terminó el programa con un auténtico “tour de force”, los Tres movimientos de Pétrouchka de Igor Stravinsky. Los furiosos acordes a dos manos iniciales de la Danza rusa donde las marionetas empiezan a jugar, con sus ritmos infernales, sonaron frescos, chispeantes y enormemente poderosos. En la Habitación de Pétrouchka nos relajamos evocando la magia a través de trémolos juguetones y arpegios chispeantes, todos ellos  emitidos con una claridad excepcional fruto de su enorme nivel técnico. En fin, en la Feria de Shrovetide final, dio una lección de gracia, poderío e independencia de manos en que cada nota tenía el sentido necesario propio de representar a bailarinas, borrachos, a Charlatán y a todos los personajes del ballet. Virtuosismo en grado sumo pero siempre al servicio del discurso musical. El resultado final fue una versión realmente excepcional.

   Se le veía muy cansado, pero aun así y tras hacerse algo de rogar, el pianista respondió a las enormes ovaciones con dos piezas fuera de programa pertenecientes a los Cuentos de hadas de Nikolai Medtner.  En primer lugar el emotivo y patético op. 26, n° 3 tocado con delicadeza y hondura profunda, y a continuación el eléctrico y exigente op. 20, n° 2, “La campanella”, obra favorita del mítico Vladimir Sofronitsky, tocada con su habitual exhibición de medios.

   Terminó así una gran velada donde la música y la técnica corrieron paralelas, y donde la segunda parte fue para enmarcar.Tras este recital, DaniilTrifonovse toma un par de semanas de descanso. Cerrará el año con la Filarmónica de Berlín, y tras un par de conciertos con orquesta en Zurich y Estocolmo, retomará este mismo programa para recitales en Italia, Inglaterra, Alemania y España donde visitará Madrid y Barcelona a mediados de enero. Desde aquí, la recomendación es absoluta.

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