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Crítica: David Afkham y Frank Peter Zimmermann con la Orquesta Nacional de España

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Autor: Raúl Chamorro Mena
18 de octubre de 2026

Crítica de Raúl Chamorro Mena del concierto protagonizado por David Afkham y Frank Peter Zimmermann con la Orquesta Nacional de España

David Afkham y Frank Peter Zimmermann con la Orquesta Nacional de España

Latido tardorromántico en el regreso de Afkham

Por Raúl Chamorro Mena
Madrid, 16-X-2026, Auditorio Nacional. Temporada Orquesta y Coro Nacionales de España. Concierto para violín (William Walton). Frank Peter Zimmermann, violín. Sinfonía núm. 2, Op.27 (Serguéi Rajmáninov). Orquesta Nacional de España: Dirección: David Afkham. 

   Apenas terminada su importante titularidad de 12 años, nada menos, volvía David Afkham a ponerse al frente de la Orquesta Nacional de España en el tercer programa del ciclo sinfónico 2026-27 de la agrupación. Precisamente, el director de Friburgo fue reconocido el pasado día 13 con la Encomienda de Alfonso X el Sabio, que le fue entregada el pasado día 13 por el Ministro de Cultura Ernest Urtasun. 

   El programa del evento lo formaban obras de dos compositores que se podrían clasificar como a “contra corriente” en su época, William Walton (1902-1983) y Serguéi Rajmáninov (1873-1943). Ambos -el británico después de unos comienzos más “audaces”- renunciaron a las vanguardias tan en boga en el primer tercio del siglo XX, fundamentalmente encuadradas en la Segunda Escuela de Viena y situaron su lenguaje musical en la tradición de la música europea del siglo XIX.

David Afkham y Frank Peter Zimmermann con la Orquesta Nacional de España

   El concierto para violín de William Walton es un encargo del mítico virtuoso Hasha Heifetz, que lo estrenó el 7 de diciembre de 1939 en Cleveland. Se trata de una hermosa obra tardorromántica con bellas melodías, una profunda exigencia virtuosística que nunca se impone al fundamental tono lírico-poético de la pieza, y una orquestación -revisada por Walton en 1944- depurada y elegante. La estructura de la pieza presenta la originalidad de un segundo movimiento rápido, en lugar del habitual lento, un presto capriccioso alla napolitana, que encierra una tarantella, que el músico introdujo como curioso recuerdo de la picadura de una tarántula que había sufrido durante el proceso compositivo.  

   Excelente fue la interpretación del violinista alemán Frank Peter Zimmermann, que desde el comienzo ensoñador del primer movimiento mostró su espléndido sonido por belleza, caudal, ductilidad, brillantez y terciopelo. El alemán, con su afinación pluscuamperfecta, desgranó un fraseo lírico-poético de pura orfebrería. El virtuosismo de altos vuelos exigido en la cadencia resultó perfectamente satisfecho por Zimmermann y adquirió cotas de excelencia en el referido segundo movimiento, en el que el violinista alemán reprodujo los pasajes vertiginosos con la aparente facilidad de los grandes. El violín volvió al lirismo, al canto de altos vuelos en la canzonetta, que contrasta con el extremado virtuosismo de este segundo capítulo de la obra. En esas mismas coordenadas de contraste entre lo lírico-poético y los pasajes virtuosísticos se mueve el Rondò final, resuelto magistralmente por un Zimmermann, siempre atento a las intervenciones de la orquesta. Un gran músico. La cuidada batuta de Afkham puso de relieve adecuadamente la refinada y colorida orquestación.

   Las merecidas ovaciones del público fueron premiadas por una fabulosa propina, el arreglo realizado por el propio Richard Wagner de la quinta pieza “Träume - sueños” de los Wesendonck lieder, que sirve de estudio antecedente para Tristán e Isolda. Desde luego, la interpretación de Zimmermann, bien secundado por la orquesta, fue de auténtico ensueño.  

«La interpretación de Zimmermann, bien secundado por la orquesta, fue de auténtico ensueño»

David Afkham y Frank Peter Zimmermann con la Orquesta Nacional de España

   Serguéi Rajmáninov dedicó su Segunda sinfonía, compuesta en Dresde y estrenada en San Petersburgo en 1908, a Serguéi Taneyev, uno de sus maestros. Su larga duración le ha supuesto, tradicionalmente, padecer diversos cortes. Por supuesto, en esta ocasión, se ofreció en su integridad. La intensidad lírica de sus melodías le ha asegurado el favor del público, pero también la inquina de cierta crítica por su “conservadora” factura romántica.   

   David Afkham en perfecta compenetración con una Orquesta Nacional entregada y a estupendo nivel ofreció una interpretación equilibrada y fluida, de gran claridad expositiva y aquilatado sonido. Cuerda empastada, tersa y radiante comandada por la violinista concertino Valerie Steenken, que también se lució en sus solos. Notables, asimismo, las maderas con una gran actuación del clarinete solista en el tercer movimiento. Orquesta y batuta cantaron las hermosas melodías, subrayaron los clímax de gran fuerza romántica marca de la casa, si bien les pudo faltar un punto más de pasión y énfasis, así como de calor y aristas a una recreación de esta bella composición de impecable factura y rematada por un cuarto movimiento vibrante sellado con una espectacular coda. 

Fotos: Jose Luis Pindado

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