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Crítica: David Afkham dirige 'Elektra' de Strauss al frente de la Orquesta y Coro Nacionales de España

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Autor: Raúl Chamorro Mena
24 de enero de 2017

Gran éxito con ovaciones para todos, pero especialmente focalizadas en David Afkham y Lise Lindstrom.

 LA ÓPERA VUELVE A TRIUNFAR EN LA TEMPORADA DE LA OCNE

   Por Raúl Chamorro Mena
Madrid, 20-I-2017, Auditorio Nacional. Temporada Orquesta y Coro Nacionales de España. Elektra, Opus 58 (Richard Strauss). Lise Lindstrom (Elektra), Anna Larsson (Clitemnestra), Manuela Uhl (Crisotemis), Andrew Foster-Williams (Orestes), Robert Künzli (Egisto), Katja Pieweck (Celadora y confidente de Clitemnestra). Orquesta y Coro Nacionales de España. Director musical: David Afkham. Versión en concierto semiescenificada. Director de Escena: Rafael R. Villalobos. Pedro Berdäyes (bailarín y actor como Agamenón)

   Encuadrada en el proyecto de ofrecer una ópera en concierto por temporada dentro de la programación de la Orquesta y Coro nacionales de España llegaba en esta ocasión la inmortal Elektra de Richard Strauss. Una obra maestra absoluta y no solo y principalmente por la importancia que pueda tener en la historia de la música, sino, sobre todo, por su proverbial sentido de la concisión, por la imbricación perfecta entre texto y música y por la genial orquestación y escritura vocal creada por el maestro bávaro.

   El pasado año y con gran éxito se interpretó El holandés rrante de Richard Wagner en una versión concierto en la que, por fortuna, lejos de presentar a los cantantes tiesos como velas con las partituras delante (algo que debería desaparecer ya de cualquier versión operística en concierto), estos interactuaron y se contó con algún pequeño elemento escénico a modo de símbolo. El resultado fue satisfactorio y se sintió el drama más que en muchas versiones representadas que se ven por ahí.

   Esta vez se ha querido dar una vuelta de tuerca contratando un director de escena, Rafael Rodríguez Villalobos, joven regista español ganador de Europäischer-Opernregie-preis de Viena 2013.  La verdad es que con las lógicas limitaciones de un espacio como el Auditorio Nacional, su labor tuvo poca transcedencia y fue poco invasiva (felizmente) limitándose a la intervención del bailarín Pedro Berdäyes (que con gestos espasmódicos bruscos y escasamente elegantes pretendía evocar desde la zona del órgano el asesinato de Agamenón mientras lo narra Elektra en su monólogo más una intervención-que se movió por los mismos vulgares parámetros- en la danza final para unirse al paroxismo de la protagonista), una poco afortunada aparición de las doncellas que se burlan de Crisotemis y su anhelo por la maternidad al final de su Vals y una iluminación en general eficaz por parte de Miguel Ruiz. Una buena idea, la de colocar la escena entre el joven y el viejo sirviente “Platz da!”en el anfiteatro, fuera la acción principal, ya que es una cesura en la misma e incluso hace años se solía suprimir en muchas representaciones. El que suscribe desea, cómo no, lo mejor al joven Sr. Villalobos y que su indudable amor por la ópera le acompañe e inspire en su futuro profesional. Otra cosa es que parezca tan excesivo como innecesario para lo visto y para lo requería el evento, contratar dos ayudantes del director de escena y un bailarín de labor tan pobretona y trivial. Valoren ustedes.

   Corresponde entrar ya en harina con la faceta musical y vocal, las realmente importantes. La soprano californiana Lise Lindstrom cuenta con una voz de timbre un tanto blanquecino, ayuna de graves, con un centro débil y desguarnecido, sin la necesaria robustez, anchura y calibre que requiere el agotador papel de Elektra. Sin embargo, la franja aguda surge desahogada y brillante, con notas afiladas, puntiagudas y penetrantes, aunque sin el metal y plenitud propias de una Hochdramatische sopran, vocalidad de la que se encuentra muy lejos. Unas indudables entrega, resistencia, compromiso dramático y garra conformaron una intepretación emocionante y que llegó al público. Tiene indudable mérito cantarse dos Elektras a buen nivel en tres días, en un auditorio no apto para las voces y con la orquesta detrás, a su altura y todo ello con un gran voltaje dramático. La Crisotemis de Manuela Uhl destacó por su entrega y expresividad sinceras, sin artificios, ni muecas, ni gestos extraños. Pudieron apreciarse todas los elementos del personaje: lozanía, humanidad, dulzura, sensibilidad, delicadeza, fecundidad,… cualidades estas últimas propiamente femeninas, a las que ha renunciado su hermana Elektra obsesionada por la venganza y el recuerdo omnipresente de su padre asesinado. En lo vocal, la Uhl presentó un centro nutrido y más amplio que el de la Lindstrom, pero un agudo muy problemático en el que el sonido se agria y abre conforme asciende a la zona alta, perdiendo expansión, timbre, color y armónicos. El papel de Clitemnestra lo han afrontado muchas veces sopranos en declive que aunque puedan atesorar cualidades dramáticas descollantes, son incapaces de hacer justicia a la tesitura fundamentalmente central y grave del papel estrenado por Ernestine Schuman-Heink. Anna Larsson, a pesar de un timbre un tanto velado, sí se acerca al registro de contralto que pide este impresionante personaje y aunque pueda faltarle el elemento teatral por ser una cantante especialmente dedicada al repertorio sinfónico vocal y oratorial y, precisamente por ello, compuso una Clitemnestra altiva, mayestática, regia, que no dudó en emitir las risas sardónicas (tan difíciles de oir hoy en día en que todo tiende a lo light) cuando le comunican la muerte de Orestes, sin excesos, pero con indudable impacto, tanto como sus gritos tremendos cuando es asesinada. Pésimo el Orestes de Andrew Foster-Williams, cantante de emisión retrasada, timbre opaco donde los haya y agudos imposibles. Apreciable, sin embargo, el Egisto del tenor Robert Künzli lejos, afortunadamente, de esos tenores mascullantes y que encarnan un payaso grotesco, que tantas veces hay que soportar en este personaje. Entre el grupo de secundarios destacar las 5 doncellas interpretadas por las españolas Laura Vila, Ana Alás, Lidia Vinyes Curtis, María Hinojosa y Elena Copons, que formaron un equipo compacto y de buen nivel.

   Si bien una obra de la enjundia de Elektra es más “de llegada” que “de partida” para un director de orquesta, la misma fue expuesta de manera reconocible y recibida por la audiencia con todo su rango de obra maestra. Por tanto, cabe calificar de apreciable y satisfactoria la labor de David Afkham, protagonista -sin olvidar nunca la labor de Josep Pons, que sacó a la agrupación de la sima-, del gran momento actual de la Orquesta Nacional. Buen sonido el obtenido de la misma, más compacto y denso que transparente, más vigoroso que refinado tímbricamente, pero que sustentó un discurso fluido y coherente que condujo a un final climático, en el que afloró la mayor tensión de una interpretación que lució mayormente en los momentos líricos y de detalle orquestal, faltando un punto del colorido Straussiano así como de la violencia y atmósfera febril, salvaje y apocalíptica de esta grandiosa creación. Buen balance con las voces, algo muy importante ante la exuberante orquestación, -si bien se interpretó la versión reducida también aprobada por el autor- y tratándose de un recinto no propicio para las mismas.

   Excesiva y brusca la presencia del coro al final de la obra, que en las representaciones de esta ópera interviene en interno y con muchos menos efectivos. Gran éxito con ovaciones para todos, pero especialmente focalizadas en David Afkham y Lise Lindstrom.

Foto: Rafa Martín

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