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Crítica: Delyana Lazarova y Midori con la Sinfónica de Castilla y León

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Autor: Agustín Achúcarro
3 de noviembre de 2026

Crítica de Agustín Achúcarro del concierto protagonizado por la directora Delyana Lazarova y la violinista Midori con la Sinfónica de Castilla y León

Delyana Lazarova y Midori con la Sinfónica de Castilla y León

¡Inmensa Midori!

Por Agustín Achúcarro
Valladolid, 31-X-2026. Auditorio de Valladolid. Delyana Lazarova, directora.Midori Goto, violín. Obras de Shostakóvich y Rajmáninov.

   La Orquesta Sinfónica de Castilla y León alcanzó un remarcable éxito en la interpretación del Concierto para violín y orquesta nº1 en la menor, op.77 de Shostakóvich, basado en la suma de su rendimiento, la excepcional interpretación de la violinista Midori Goto y la conjunción que consiguieron entre orquesta y solista, a la que contribuyó de manera decisiva la dirección de Delyana Lazarova. Midori hizo del violín la expresión misma de la obra, con una técnica increíble, que le permitió una articulación y un fraseo nítidos, con sonidos a veces lacerados, tan pronto planos, como poblados de armónicos. Así fraguó su éxito, como quedó patente en ese Nocturno sugerente, que pudo sentirse como entre brumas, en el Scherzo, de un virtuosismo irreprochable en lo técnico y profundo en lo artístico. Llegada a la cadencia del Pasaccaglia,  la solista demostró hasta dónde puede llegar una artista y cómo se puede abordar el virtuosismo sin caer en trasmitir algo estrictamente mecánico.  A su interpretación, como ya se ha mencionado, se unió la orquesta y la dirección, que siguió la propuesta de la solista, sin desvirtuar su parte de la obra. 

   Después, la orquesta interpretó la Sinfonía nº3 en la menor, op. 44 de Rajmáninov, en una versión en la que dominó el encaje entre las distintas secciones y una alta contribución de los instrumentos solistas. Más allá de esto, la interpretación resultó por momentos algo plana. Se pudieron convertir las continuas apariciones del tema en el primer movimiento, en algo más cambiante. Reseñar el inicio del segundo movimiento, con un sonido espléndido por parte de las trompas y el arpa, al igual que destacarían la suma de los timbres de flauta y clarinete bajo, en lo que resultó un llamativo contraste de registros. Realmente, destacaron por su transparencia todas las intervenciones solistas, que en esta obra aparecen de manera casi entrelazadas. En el movimiento conclusivo, con su filigrana contrapuntística combinada con pasajes estridentes, también se pudo ahondar más, de la misma manera que sí se logró el triunfante final con su estruendo orquestal. La Orquesta Sinfónica de Castilla y León y la directora Delyana Lazarova demostraron la capacidad suficiente para resolver los escollos técnicos que les planteó la obra y que ésta sonara de manera natural y fluida. Si acaso, considerar que se precisó romper algo cierta tendencia a la uniformidad, con una mayor variedad tímbrica y de colores. Al principio del concierto se guardó un minuto de silencio por los fallecidos en el trágico accidente ferroviario de Urda, Toledo. 

Foto: OSCyL

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