CODALARIO, la Revista de Música Clásica
Está viendo:

Crítica: Dennis Russell Davies y Emanuele Arciuli en Florencia

  • Comparte en Facebook
  • Comparte en Twitter
Autor: Raúl Chamorro Mena
22 de enero de 2020

Estrenos Florentinos

Por Raúl Chamorro Mena
Florencia. 18-I-2020. Teatro del Maggio Musicale Fiorentino. Maskarade, Obertura (Carl Nielsen). Sinfonía núm. 2 para piano y orquesta, The age of Anxiety (Leonard Bernstein). Emanuele Arciuli, piano. Sinfonía núm. 1, op. 39 (Jean Sibelius). Orquesta del Maggio Musicale Fiorentino. Dirección musical: Dennis Russell Davies.

   Interesantísimo el programa de este concierto en el que las tres obras a interpretar se escuchaban por primera vez en Florencia. Aunque Carl Nielsen (1865-1931) es más conocido por su música orquestal, especialmente sus seis sinfonías, dedicó gran esfuerzo compositivo al aspecto vocal –numerosas canciones de sabor folklórico danés- y dentro del mismo, al teatro lírico, al que legó dos obras, la bíblica Saúl y David (Copenhague, 1902) y Maskerade (Copenhague, 1906), esta última es una ópera de ambiente ligero y despreocupado como destaca Enrico Girardi en las notas al programa y con gran presencia de música danzable, incluida la obertura, que fue brillantemente expuesta, con chispeante ligereza, por Dennis Russell Davies y la orquesta.


   La programación de la Segunda sinfonía de Leonard Bernstein, ya que no llega a tiempo para el centenario del nacimiento del gran Lenny sí se anticipa al veinte aniversario de su fallecimiento ocurrido el día 14 de octubre de 1990. La magnífica obra, destinada a piano y orquesta, es una interesantísima amalgama de diversas influencias, pero siempre con el sello personal de su autor y se basa en el poema The age of anxiety del premio pulitzer Wystan Hugh Auden. El estreno se produjo en 1949 con el propio compositor como solista y la Orquesta Sinfónica de Boston bajo la dirección de Serge Koussevitzky a quien está dedicada la partitura. En 1965 Bernstein revisa la obra y añade una cadencia para el piano en el epílogo, en el que inicialmente no intervenía.

   El pianista Emanuele Arciuli, experto en repertorio americano y también del siglo XX y contemporáneo, carece de los medios requeridos en cuanto a sonoridad y técnica para hacer justicia a la exigente escritura, pero es un artista sensible que destacó especialmente en todos los pasajes líricos. En The Masque, fragmento de clara extracción jazzística, Arciuli cumplimentó apropiadamente el exigido Extremely Fast, con una digitación vertiginosa, aunque faltó un punto de limpieza y nitidez. En resumen, una buena interpretación del pianista italiano, elegante y musical, pero justo en cuanto a colorido, presencia sonora y temperamento. Fue muy ovacionado y ofreció al público un encore de Edvard Grieg, pues este fue el elegido por la audiencia al pregunar el pianista ¿Grieg o Beethoven?. Auténtica y conocedora la dirección del veterano Dennis Russel Davies, músico especialmente afín al repertorio del siglo XX y que expuso apropiadamente las calidades tímbricas y primorosas sonoridades de la orquestación (estupenda la introducción con los dos clarinetes y ajustada la abundante percusión), aunque eché de menos la creación de atmósferas y que se sintiera con mayor fuerza esa “ansiedad” que Auden colocó como título de su poema.


   Si el concierto se abrió con un compositor nórdico, se cerró con otro, el gran músico finés Jean Sibelius (1865-1957) y la primera de sus siete sinfonías, una obra de clara imponta Chaikovskiana y cuya versión definitiva (la que se interpreta siempre) se estrenó el 18 de julio de 1900. Dirección clara y refinada de Davies, con detalles de gran belleza, dinámicas audaces, incluido un segundo movimiento delicadamente «cantado» por la orquesta y un scherzo enérgico, pero dentro, todo ello, de una interpretación más bien epidérmica en la que volvieron a brillar por su ausencia esas atmósferas tan importantes en Sibelius, así como ciertas dosis de calor, contrastes y personalidad. Aunque algo avara en cuanto a paleta de colores, buena prestación de la orquesta -especialmente las maderas-, con una cuerda que exhibió un sonido mórbido y terso, pero a la que faltó algo de anchura y redondez. Lo propio en una orquesta italiana, bien es verdad.

  • Comparte en Facebook
  • Comparte en Twitter

Compartir

Publicidad

<< volver

Búsqueda en los contenidos de la web

Buscador

Newsletter

Darse alta y baja en el boletín electrónico