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Crítica: «Die Vogel - Los pájaros» de Walter Braunfels en el Teatro estatal de Wiesbaden

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Autor: Raúl Chamorro Mena
24 de marzo de 2026

Crítica de Raúl Chamorro Mena de la ópera Die Vogel - Los pájaros de Walter Braunfels en el Teatro estatal de Wiesbaden

Los pájaros

De comedia a tragedia

Por Raúl Chamorro Mena
Wiesbaden, 21-III-2026, Teatro estatal de Hesse, Wiesbaden. Die Vogel - Los pájaros (Walter Braunfels sobre libreto propio). Richard Trey Smagur (Hoffegut), Johannes Karapetyan (Ratefreund), Josefine Mindus (El ruiseñor), Sam Park (La abubilla), Jonathan Macker (Prometeo), Young Doo Park (voz de Zeus). Coro del Teatro estatal de Hesse, Wiesbaden. Orquesta estatal de Hesse. Dirección musical: Paul Taubitz. Dirección de escena: Ersan Mondtag

   Las Aves es una comedia de Aristófanes en la que dos individuos, que huyen de Atenas, hábiles y oportunistas y tan embaucadores como demagogos, convencen al que fue Rey Tereo -convertido por Zeus en abubilla-, que ejerce de líder de los pájaros, para que las aves construyan una ciudad en los cielos desde la que gobernar al Mundo, sojuzgando a los hombres y a los Dioses del Olimpo. Walter Braunfels adapta está sátira para su ópera Die Vogel sobre libreto propio, que sufrió diversas vicisitudes en su creación, pues su autor intervino en la primera Guerra Mundial y fue herido, hasta su estreno en Munich el 30 de noviembre de 1920 bajo la dirección de Bruno Walter. La obra gozó de éxito hasta que fue prohibida por el régimen nazi. Braunfels altera la historia original y convierte la comedia en tragedia, pues los pájaros son castigados por su orgullo y delirios de grandeza, al ser sometidos por Zeus, que destruye su ciudad y con ello su Mundo idílico, con lo que se vuelve al orden anterior. El lenguaje musical de Braunfels es claramente tributario de Richard Wagner y, particularmente, de Richard Strauss con una orquestación rica y opulenta.

Los pájaros

   Por ello resultó un gran lastre de esta función de estreno de la nueva producción de Die Vogel en Wiesbaden, la pésima dirección musical de Paul Taubitz. La orquesta sonó fatal, gris, borrosa, deslavazada, sin empaste ni color. La batuta no fue capaz de poner orden, ni de plantear un discurso musical claro, articulado y medianamente organizado. Ni un solo detalle, ausencia total de matices en una labor anodina y sin factura teatral alguna. Notable el coro por empaste y sonoridad, a pesar de alguna acritud en la sección femenina.

   En el elenco vocal destacó la soprano Josefina Mindus como el Ruiseñor, papel estrenado por Maria Ivogün, destinado a una soprano agudísima y que debe afrontar abundante coloratura aérea. La soprano sueca mostró buena técnica, voz bien colocada, mórbida y homogénea, así como canto sensible y musical. Muy solvente en los trinos, notas picadas, arpegios y demás coloratura, además de segura en el sobreagudo, sólo cabe achacar fijeza y cierta acritud a las notas extremas. Voz ingrata y carencias técnicas acreditó el tenor Richard Tray Smagur como Hoffegut, uno de los oportunistas, el más sinuoso y lujurioso. Sin embargo, el sonido del tenor miembro del ensamble de la Ópera de Wiesbaden fue penetrante y el cantante demostró fondo musical y acentos intencionados.

   Muy flojo Johannes Karapetyan como su compañero Ratefreund, desenvuelto en escena, pero dueño de una voz baritonal corta, de emisión retrasada y timbre gris. Interesante el material, sonoro y rotundo, de Young Doo Park, un señor que se anuncia como bajo y suena como tal. Al contrario de lo que suele suceder. Correcto en lo vocal y muy ajustado en lo escénico, Sam Park como la abubilla. Insuficiente Jonathan Macker, que acreditó particular pobreza tímbrica en su importante intervención de 10 minutos como Prometeo.

Los pájaros

   La puesta en escena de Ersan Mondtag enmarca la trama en la actualidad y la presenta como una conspiración contra la democracia. La acción se desarrolla en un aeropuerto entre la sala de espera, una tienda de peluches y el puesto de pollo frito. Los dos oportunistas venden el ansia de volar, de llegar al cielo, a gente variopinta y de las más diversas procedencias, razas y estatus social. Los hábiles oradores venden a ese público especialmente susceptible frente a grandiosas promesas, una fascinante ciudad en las nubes que les hará enriquecerse y vivir en la comodidad y la abundancia. La masa se impone a cualquier trámite legal o parlamentario. Los embaucadores sin escrúpulos son elegidos tiranos. Un diluvio acabará con todo, ciudad y aeropuerto, y los demagogos se irán por donde han venido. El montaje desarrolla adecuadamente la propuesta, mediante una dirección de actores bien elaborada, una escenografía funcional, en la que no faltan bien integradas proyecciones y con algún momento destacable por su fuerza visual, como la escena onírica- mágica con el escenario a dos niveles entre el ruiseñor y Hoffegut.

Fotos: Teatro estatal de Wiesbaden

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