Crítica de Raúl Chamorro Mena de la ópera Doctor Atomic de John Adams en Friburgo
El Mundo no volvió a ser el mismo
Por Raúl Chamorro Mena
Friburgo, 20-III-2026, Theater Freiburg. Doctor Atomic (Música de John Adams sobre libreto de Peter Sellars). Timothy Connor (J. Robert Oppenheimer), Inga Shäfer (Kitty Oppenheimer), Jin Seok Lee (Edward Teller), Roberto Gionfriddo (Robert Wilson), Juan Orozco (General Lesley Groves), Anja Jung (Pasqualita), Teodor Pfisterer canto/David Severin actuación (Jack Hubbard), Juyoung Mun (Capitán James Nolan). Coro y coro de refuerzo del Teatro de Friburgo. Orquesta Filarmónica de Friburgo. Dirección musical: André de Ridder. Dirección de escena: Marco Storman.
Hay muy pocos casos de compositores contemporáneos que logren ver reposiciones de sus creaciones. En principio, me vienen a la cabeza George Benjamin, Thomas Adès, Kaija Saariaho y John Adams, autor de la ópera Doctor Atomic (San Francisco, 2005), que junto a Nixon en China y, en menor medida, La muerte de Klinghofer ha logrado, en cierto modo, instalarse en el repertorio.
Como en sus dos óperas anteriormente mencionadas, Adams y Sellars nos presentan personalidades involucradas en acontecimientos históricos. En este caso, uno tan importante como la gestación de la bomba atómica, es decir la entrada del ser humano en la era nuclear y todos los conflictos que genera entre los participantes en el "Proyecto Manhattan", principalmente, en quien aceptó el cargo de Director del mismo, el físico neoyorquino J. Robert Oppenheimer.
El conflicto moral que surge entre los científicos, el tormento emocional que sufre Oppenheimer que incluso afecta a su vida personal y su matrimonio, así como, la necesidad o no de poner límites al lógico afán de la ciencia de expandir el conocimiento o la confrontación entre nuestras decisiones y sus consecuencias, son algunos de las trascendentales cuestiones que trata la obra.
Adams y Sellars huyen de una narración lineal, con lo cual llevan la trama al terreno de la parábola, con sus correspondientes dosis de distanciamiento y abstracción. Ante todo, hay que destacar está función en el Teatro de Friburgo como ejemplo de trabajo serio en equipo de un teatro Alemán con todo bien ensayado y "engrasado" a fin de lograr, como así fue, una notable representación tanto en el aspecto musical como el escénico. La orquesta de Adams, suntuosa, pletórica de esplendor tímbrico e importante presencia de la percusión combina vigor, estallidos dramáticos y recogimientos líricos, asumiendo el protagonismo como motor narrativo y diseño de atmósferas.
Magnífica, atenta, bien trabajada, resultó la dirección musical de Andrè de Ridder, que obtuvo un espléndido rendimiento de la Orquesta Filarmónica de Friburgo. De Ridder diferenció planos, creo clímax, obtuvo un magnífico sonido en un discurso orquestal que atesoró la apropiada progresión teatral y equilibrio con las voces. Alto nivel, tanto vocal como escénico, el del coro. La amplificación está prevista por el compositor, pero es obligado para el recensor subrayar su presencia, por la importancia que tiene en cuanto a la valoración de la presencia sonora de las voces.
A destacar la magnífica creación vocal y escénica del barítono Timothy Connor como Oppenheimer. Por la solidez y robustez de su voz, por su fondo musical y los acentos incisivos e intencionados que desplegó en todas sus intervenciones. Resaltar, cómo no, su estupendo monólogo "Batter muy heart" sobre versos de John Donne, muy contrastado con pasajes forte-piano que dotaron de toda la fuerza al espléndido fragmento. Menos interesante el material del barítono Jin Seok Lee, que desgranó un declamado más lineal, pero caracterizó adecuadamente al científico Edward Teller, colaborador en la producción de la bomba y que previamente a la primera prueba -Trinity- se mostró contrario al uso de la bomba contra Japón sin previo aviso, mientras Oppenheimer pensaba que la decisión pertenecía a los políticos de Washington.
La soprano Inga Shäfer como Ketty Oppenheimer cantó con corrección mientras la tesitura no se empinaba, pues mostró una franja aguda abierta y desabrida.
Voz bien armada en centro y grave la de Anja Yung como Pasqualita,que en este montaje no es la criada indígena del matrimonio Oppenheimer, como en el libreto. Se trata, como explica el director de escena en el programa de mano, un carácter simbólico del ansia de conocimiento de la humanidad. El general Leslie Groves representa al gobierno de EEUU, inquieto, no admite más retrasos de la prueba, pues el presidente Truman debe llegar a la conferencia de Postdam con el arma definitiva para derrotar a Japón y colocarse con ventaja de cara a la guerra fría que se avecina. Juan Osuna no es el bajo que pide el papel, pero su voz de barítono resultó sonora y el cantante autoritario de acentos. Cumplió el tenor Roberto Gionfriddo como Robert Wilson, bien integrado dramáticamente en el montaje.
La puesta en escena de Marco Storman coloca una especie de casa en el centro del escenario como símbolo del asentamiento en pleno desierto de Los Álamos. Los científicos crean un arma terrible mientras se hacen salchichas y carnes en la barbacoa y toman cervezas. El matrimonio Oppenheimer se resquebraja y Ketty abandona la casa, símbolo de orden y seguridad. En definitiva, una producción muy bien trabajada, con una inteligente caracterización de los personajes y elaborado movimiento escénico, que subraya y potencia la fuerza dramática de la obra.
Fotos: Teatro Friburgo
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