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Crítica: «Don Pasquale» de Donizetti en Sabadell

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Autor: Albert Ferrer Flamarich
22 de febrero de 2022

La próxima semana el montaje iniciará una gira por Manresa, Granollers, Tarragona, Reus y Lérida

«Don Pasquale» en Sabadell

40 años y tercera producción de Don Pasquale

Por Albert Ferrer Flamarich | @AlbertFFlamari1
Sabadell, 16-2-2022. Teatro de La farándula de Sabadell. Donizetti: Don Pasquale. Toni Marsol (Don Pasquale), Serena Sáenz (Norina), Manel Esteve (Dottore Malatesta), Pablo Martínez (Ernesto), Lluís Vergés (Notari). Cor AAOS. OSV. Xavier Puig, director musical. Carles Ortiz y Esteve Gorina, dirección de escena. 

   En el mes en que la Asociación de Amigos de la Ópera de Sabadell celebra sus 40 años, la entidad estrenó la producción de Don Pasquale de Donizetti con el éxito de los últimos años y un reparto equilibrado. Un título que, recordémoslo, es la segunda ópera bufa más conocida y representada después de Il barbiere di Siviglia de Rossini y que solo habían representado anteriormente en los años 1992 y 2000.

   La dirección de escena de Carlos Ortiz y su asistente Esteve Gorina evita la sensación de repetición respecto a la ópera rossiniana con la cual la FOC abrió esta, y con la que comparte algunos clichés en el perfil de los personajes, o las ambientaciones en interiores domésticos y urbanos. Entre los aciertos cabe destacar la traslación hacia los años 20; la serenata «Com’è gentil» del tercer acto cantada fuera de escena en un efecto de lejanía seductor al oído -no tanto para la vista-; el efecto protocinematográfico del movimiento escénico durante la obertura a la manera de secuencia inicial; el contexto de una plaza del pueblo para el primer acto; y la asimilación de éste al género del musical sin que la literalidad del texto ni el metatexto se vieran seriamente comprometidos. La broma fácil, claro, en cuanto a esto último, inducía a pensar en un «Don Pasquala la land».

«Don Pasquale» en Sabadell

   Reforzado por el uso funcional y efectivo de la escenografía de Jordi Galobart y la iluminación de Nani Valls, todo ello vestía una acción teatral que realmente se anima con la llegada de Sofronia. No obstante, se echó en falta un ambiente más oscuro y discreto para la scene de Ernesto («Povero Ernesto»), que Pablo Martínez afrontó confirmando lo que le señalábamos como conde de Almaviva en la producción anterior de la FOC (Fundació Ópera Catalunya): las líneas melódicas aligeradas de ornamentaciones, más spianadas, le resultan más cómodas en la búsqueda de un sentimentalismo modelado, noble, de fraseo amplio y cincelado por inflexiones dinámicas («Sogno e soave e casto»), a pesar de la emisión levemente nasal de algunas notas agudas y en forte.

   Serena Saenz debutaba como Norina asegurando que es una lírico-ligera al alza, de timbre grato aunque sin ninguna particularidad más, de voz maleable, dúctil en el registro agudo y en la coloratura que desprende atrevimiento, frescura; incluso en el añadido de sobreagudos con los que coronó una prestación satisfactoria y decidida, aunque poco insinuante en la cavatina de salida. Por otro lado, como muchas óperas del género, esta comedia de embrollos -en realidad, comedia sentimental, a partir de una broma cruel- ya no nos resulta hilarante hoy en día. Pero si nos hace sonreír gracias a los gags y las tablas escénicas de cantantes como Manel Esteve (Dottore Malatesta) y Toni Marsol (Don Pasquale), merecidamente aplaudidos en el dúo «Cheti, cheti, immantinenti» por su deje actoral el dominio del parlato y del canto sillabato. Si el primero defendió el rol sin complicaciones de tesitura; el segundo, muy bien caracterizado por el maquillaje, cantó siempre bien timbrado, sin exageraciones ni vulgaridad y respetando la versatilidad del canto. Un énfasis en los momentos de rabia y en los de melancolía generaría mayor empatía con su personaje. 

   Por último y con la mascarilla puesta, la buena actuación del coro se vio secundada por la dirección de Xavier Puig, que propuso dinámicas contenidas y detalles rítmicos bien definidos, sin cubrir las voces. Entre ellos, el de la mazurca en el tema de Norina y el sensual ritardando antes de la reaparición de este tema en la reexposición de la obertura. No obstante, algunos tempi demasiado febriles restaron el efecto y espacio a la realidad. Particularmente, desde la entrada del poco histriónico notario y la burla al estamento de la abogacía.

Fotos: Antoni Bofill

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