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Crítica: «El barbero de Sevilla» de Rossini en el Teatro Villamarta de Jerez

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Autor: José Antonio Cantón
14 de junio de 2021
«El barbero de Sevilla» de Rossini en el Teatro Villamarta de Jerez

Chispeante Rossini

Por José Antonio Cantón
Jerez, 12-VI-2021.  Teatro Villamarta. Melodrama bufo en dos actos Il barbiere di Siviglia de GIOACHINO ROSSINI. Quintín Bueno (conde Almaviva), Fabio Capitanucci (Bartolo), Manel Esteve (Fígaro), Nuria García-Arrés (Berta), David Lagares (Don Basilio) y Clara Mouriz (Rosina). Director de escena: Giulio Ciabatti. Coro del Teatro Villamarta. Orquesta Filarmónica de Málaga. Director musical: Carlos Aragón. 

   El conocimiento acrisolado que tiene Carlos Aragón de esta genial ópera bufa de estilo napolitano que compuso Rossini el año 1816 determinó la naturalidad de su exposición en esta coproducción del Teatro Villamarta y Amigos Canarios de la Ópera que estaba prevista representarse en la primavera de 2020, y que fue suspendida por la pandemia. Su gran vinculación con el teatro jerezano, también conocido como Centro Lirico del Sur, con la obtención de notables éxitos, ha sido factor más que suficiente para haber sido elegido para la dirección musical de esta representación del título más singular y característico de su autor, pese a contar con un efectivos instrumentales muy tasados que no han impedido su lucimiento dada su búsqueda constante para que la orquesta respirara proponiendo siempre soluciones camerísticas a su expresividad, adecuándose con instinto musical a la acústica del teatro en pos de favorecer la dirección de canto buscando elegancia y brillantez.

   Para esta ocasión ha contado con una sola escenografía de Giulio Ciabatti de adecuada funcionalidad para el desarrollo de la acción, propiciando la colocación de los intérpretes para que sus voces fueran transmitidas con sentido espacial. De tal modo se pudo percibir adecuadamente el entramado melódico y armónico de esta ópera así como la agilidad de articulación y orientada emisión vocal de los cantantes, efectos necesarios para disfrutar de la pureza cómica del argumento, quedando realzada siempre la gracia y sorpresa de las distintas situaciones que recoge su tan ingenioso libreto.

   Pese a la necesidad de una vocal puesta a punto de carácter tímbrico del tenor Quintín Bueno en su entrada en escena, esta circunstancia pronto fue superada favorecida por la frescura de esta partitura, como quedó posteriormente de manifiesto en el dúo «Alla’idea di quel metallo» del primer acto con Fígaro. Este personaje central de la trama adquirió su peso de inmediato en la voz del barítono madrileño Manel Esteve, acaparando la atención plenamente con la famosa cavatina «Largo al factotum» que vine a explicar y justificar la imprescindible función de este adulador peluquero para arreglar todo tipo de inconvenientes y problemas de sus conciudadanos. Su ágil y clara emisión vocal favoreció la brillantez en su exposición.

   El papel de Rosina estuvo excelentemente representado por la mezzo-soprano donostiarra Clara Mouriz, que hacía su debut en el teatro jerezano. En línea con el tipo de carácter vocal aterciopelado en agudos, y hasta oscurecidos, tan propios en la época de Rossini, hizo una muy esmerada interpretación de la cavatina «Una voce poco fa», dejando una sensación de autenticidad estilística, al permitirse prescindir de una coloratura a veces excesiva cuando esta pequeña aria es utilizada como número de exhibición en recitales líricos. Su eficacia como actriz quedó patente en el bullicioso sexteto que cierra el primer acto, «Freddo et immobile», y en el terceto «Ak! Qual colpo inaspettato» del segundo acto, asumiendo dramáticamente su función de contrapunto entre las complicidades del conde Almaviva y el barbero.

   Otro elemento digno de atención fue el barítono Fabio Capitanucci dando vida al Doctor Bartolo, ese inútilmente precavido personaje de la historia que, con el propósito fallido de casarse con su pupila Rosina, para apropiarse de su fortuna, llega a que se cree el título alternativo de la ópera, Ossia l'Inutile Precauzione. Con un gran dominio de la escena y dotado de una determinante vis cómica, supo animar su papel con desparpajo dramático y nobleza de voz, proyectando con gran eficacia canora ese momento de desengaño contenido en la aria del primer acto A un dottor della mia sorte, que ejemplarizó como referente de estilo bufo. Del resto del elenco hay que valorar el equiparable nivel de profesionalidad artística, destacando el aria de la calumnia en su crescendo hilarante por el bajo-barítono David Lagares del acto primero y a Nuria García-Arrés con una significativa intervención en el segundo.

   La sensación general que dejaba esta producción fue la de una representación que no dejó de crecer en intensidad cómica llevada por la limpieza y frescura de su partitura, muy bien entendida desde el pódium y muy acertadamente asumidos sus riesgos en el canto de cada personaje, lográndose un chispeante Barbiere acorde con el grado de superación con la que se plantea cada temporada lírica jerezana, que ocupa y preocupa constantemente a la dirección artística del Teatro Villamarta. 

Foto:  Esteban Abión / Teatro Villamarta

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