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Crítica: «El gitano por amor» en el Teatro Campoamor de Oviedo

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Autor: Nuria Blanco Álvarez
22 de marzo de 2026

Crítica de Nuria Blanco Álvarez de El gitano por amor de Manuel García en el XXXIII Festival de Teatro Lírico Español del Teatro Campoamor de Oviedo 

«El gitano por amor» en el Teatro Campoamor de Oviedo

Escuela de canto


Por Nuria Blanco Álvarez | @miladomusical
Oviedo, 19-III-2026. Teatro Campoamor. El gitano por amor (Manuel García). Juan de Dios Mateos (Hernando), Suzana Nadejde (Rosita), Pablo Gálvez (Baldaquín), María José Moreno (Inés), Begoña Gómez (Laura), José Ángel Florido (Manolo), Enric Martínez-Castignani (Marqués del Pino), Pablo López (Corregidor). Coro Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo”. Orquesta Oviedo Filarmonía. Dirección musical: Carlos Aragón. Dirección de escena: Emilio Sagi.

   Acaba de ponerse en escena en el Teatro Campoamor la ópera bufa en dos actos El gitano por amor, con música y libreto de Manuel García, basada en la novela ejemplar de Cervantes La gitanilla. La obra fue compuesta hacia1829 y rescatada en 2024 gracias a una producción de “Ópera Estudio de Málaga” que la ha traído a la capital asturiana y próximamente hará lo propio en el Teatro de la Zarzuela. 

   Manuel García, nacido en Sevilla en 1775 como Manuel del Pópulo Vicente Rodríguez Aguilar, fue un notabilísimo tenor belcantista: cantó en 1802 en Madrid Le nozze di Figaro de Mozart en la que probablemente fue la primera representación de ópera mozartiana en España y fue elegido por el propio Rossini para el estreno de sus óperas Isabel, reina de Inglaterra en 1815 en el papel de Duque de Norfolk, El Barbero de Sevilla en 1816 como el primer Conde de Almaviva de la historia, y Otello también en ese mismo año pero que finalmente García no pudo interpretar a Yago por tener un nuevo compromiso. Fue también profesor de canto llegando a abrir su propia academia en Inglaterra y escribió un Método con ejercicios para el canto en 1824. Fue además el patriarca de una saga de famosas cantantes de ópera: María Malibrán y Pauline Viardot (alumna de Liszt y también compositora), así como de Manuel Patricio Rodríguez García, que también firmaba como Manuel García, quien fue un barítono menos reconocido pero gran maestro de canto continuando con la labor de su padre, autor del famoso Tratado completo del arte del canto (1840-1847) e inventor del laringoscopio.

   Manuel García (padre) compatibilizaba su labor docente e interpretativa con la composición, escribiendo, entre otras, numerosas óperas, operetas, tonadillas y canciones, destacando la pieza “Yo que soy contrabandista” que pertenece a su obra El poeta calculista (1805) y que alcanzó una enorme popularidad en París donde se la consideró un himno a la libertad, ansiada por los artistas románticos, canción mencionada por literatos como Victor Hugo en Bug-Jargal (1818) y George Sand en su obra de teatro Le contrebandier (1837) e inspiró a compositores como Franz Liszt con su Rondeau fantastique (1837) e incluso en la obra Mariana Pineda (1927) de García Lorca, la protagonista interpreta esta pieza. Parece que para Manuel García, la del contrabandista gitano era el modelo de vida de un artista romántico, viendo en la libertad del matutero una libertad apartada de las reglas de la sociedad ordinaria, un envidiable estilo de vida para los bohemios. Con estas premisas, el cosmopolita García, que había vivido en Nápoles, París, Londres y Nueva York, compone en México la ópera bufa El gitano por amor que, si bien en el programa de mano asturiano se indica que se estrenó en el Teatro Palenque de Gallos de Ciudad de México en 1829, desde Málaga señalan que se trata de una obra que nunca antes había sido puesta en escena en ningún teatro del mundo considerándola un estreno absoluto. Sea como fuere, siempre nos congratula la recuperación de una pieza de nuestro patrimonio musical, aunque probablemente no sea la mejor del autor.

«El gitano por amor» en el Teatro Campoamor de Oviedo

   Se trata de una obra de enredo en la que Hernando -el hijo de un Marqués- se hace pasar por un calé para conquistar a una gitana llamada Rosita, cuyo hermano Manuel se enamora de Inés, mujer noble y prometida de Hernando, aunque al final no todo es lo que parece; el tono bufo queda a cargo de Baldaquín, el criado de Hernando, que se enamora de Laura, la amiga de Rosita. Nos resulta curioso que el nombre de la gitana protagonista coincida en mucho con el de Rosina (Rosita parece una españolización del mismo) de El barbero de Sevilla, papel con el que poco antes, en 1825, debuta en los escenarios la propia hija de Manuel García, haciendo quizá así un guiño a María Malibrán.

   Emilio Sagi ha optado por una visión muy sencilla de la obra, en un espacio diáfano en el que tan solo se sitúan algunas sillas y un telón de fondo con enormes flores, todo en tonos rojos o blancos, incluso en el precioso vestuario de Jesús Ruiz, diferenciando así los dos mundos presentes en la obra, el de los pasionales gitanos -que además muestran acento andaluz en su habla- y los elegantes aristócratas de blanco y sin acento, pero que fruto del enredo y del amor, que no entiende de clases, se mezcla en las tonalidades de las mencionadas flores, para finalizar con su habitual lluvia de confeti. No estuvo acertado en su idea para el inicio de la ópera, muy confusa y sin continuidad, en la que durante la Obertura, los artistas se ponían el vestuario en medio de las tablas y pasaban uno a uno por la boca del escenario para saludar al respetable mientras proyectaban sus nombres sin que el público entendiera lo que estaba pasando ni si debía ir aplaudiendo; idea probablemente inspirada en los sainetes pero que no funcionó.

«El gitano por amor» en el Teatro Campoamor de Oviedo

   La producción de El gitano por amor viene del Teatro Cervantes de Málaga donde tuvo lugar el estreno, como hemos comentado en 2024, con una producción del proyecto “Ópera Estudio de Málaga” bajo la dirección artística del legendario barítono Carlos Álvarez con jóvenes cantantes que se están abriendo paso en el mundo profesional y que allí reciben formación, contando entre el equipo docente con el propio Álvarez como profesor de técnica vocal y Carlos Aragón (quien ha dirigido a la Oviedo Filarmonía ahora en el Teatro Campoamor) como profesor de interpretación musical, siendo además director musical y pedagógico de la entidad malagueña. Han traído con ellos a una parte de aquel elenco como a Suzana Nadejde que se desenvolvió muy bien como Rosita, con unas complejas intervenciones de amplio registro y llenas de adornos, aunque debería cuidar su dicción; Begoña Gómez como Laura estuvo bien vocal y dramáticamente, y correcto José Ángel Florido en el papel de Manolo. Por su parte, Juan de Dios Mateos fue un discreto Hernando inmaduro en lo vocal, mientras que Pablo Gálvez actuó con desparpajo como Baldaquín con un terceto bufo a solo muy conseguido. Mª José Moreno, sobrecualificada para el breve papel de Inés, fue la mejor de la noche, con una hermosa voz, delicada, elegante y de preciosa coloratura. Adecuados Enric Martínez-Castignani y Pablo López respectivamente como Marqués del Pino y Corregidor.

   A Carlos Aragón le costó concertar a la Oviedo Filarmonía con los cantantes protagonistas y con un reducido Coro Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo”, ofreciendo una versión musical solo correcta, pues los desajustes fueron frecuentes y evidentes.

Fotos: Alfonso Suárez

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