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Crítica: «El secreto de Susana» y «La voz humana» en el Gran Teatro de Córdoba

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Autor: José Antonio Cantón
19 de noviembre de 2021

Crítica de las óperas «El secreto de Suana» de Wolf-Ferrari y «La voz humana» de Poulenc en el Gran Teatro de Córdoba bajo la dirección musical de Carlos Domínguez-Nieto.

Gerardo Bullón

Determinante binomio

Por José Antonio Cantón
Córdoba, 13-XI-2021. Gran Teatro. Óperas Il segreto di Sussana de Ermanno Wolf-Ferrari y La voix humaine de Francis Poulenc. Reparto: Karen Gardeazabal, Gerardo Bullón y Enrique Garcés, y Nicola Beller Carbone, respectivamente. Dirección de escena: José Luis Castro. Orquesta de Córdoba. Dirección musical: Carlos Domínguez-Nieto.

   Se han tenido que juntar dos auténticos profesionales del arte lírico como son el director de escena José Luis Castro y el director de orquesta Carlos Domínguez-Nieto, titular de la Orquesta de Córdoba (OC), para retomar la idea de unir dos óperas de cámara en la que el estilo arioso tiene una importancia sustancial como medio expresivo. El primero desde la elegancia plástica que siempre tienen sus escenografías, situando la acción, sabiendo ubicar las voces así como en el acertado tratamiento que hace del espacio y la iluminación como imprescindibles elementos de la representación; el segundo desde la experiencia de saber aplicar el mejor sentido musical al drama, cualidades todas ellas que han sido logradas en dos obras de pequeño formato pero con gran enjundia artística: Il segreto di Sussana del veneciano Ermanno Wolf-Ferrari, y La voix humaine del parisino Francis Poulenc que, con un criterio de contrastante complementariedad para ser representadas en una función doble, las dirigió el dramaturgo sevillano hace ya más de una década. Se ha retomado esta idea para la apertura de la presente temporada lírica del Gran Teatro de Córdoba, con una nueva producción del Instituto Municipal de las Artes Escénicas de esta ciudad.

   Una perfecta fusión de música y teatro abría el camino a una representación de la primera de ellas, que fue creciendo expresivamente en su transcurso. Las voces de los dos protagonistas, enmarcados en un episodio de celos, fueron encajando entre sí acompañados desde el foso con ese particular realce y cuidada presencia que necesita su argumento minimalista. El barítono Gerardo Bullón mostró una voz potente a la vez que matizada en todos sus registros, siendo desarrollada con manifiesta agilidad, lo que facilitó la expresión de los cambiantes estados de ánimo de la celotipia que padece Gil, su personaje, provocada  por el olor a tabaco que había en el ambiente de su mansión y que achacaba a un posible amante fumador de Sussana, su esposa, a la que prohibió tal vicio menor.

La voz humana en Córdoba

   La protagonista fue representada por la soprano mejicana Karen Gardeazabal que recuperó pronto una inicial tonicidad vocal de escasa fluidez para ir adquiriendo más cuerpo en emisión y expresividad conforme avanzaba la función. Su acción estuvo bien matizada conforme se aclaraba el dramático equívoco, muy contrastado con las silentes apariciones de Enrique Garcés, cómplice de la señora, en su papel del mayordomo Sante, que incrementaban la comicidad del episodio.

   Desde el punto de vista musical, fue determinante la luminosidad y transparencia que el maestro Carlos Domínguez-Nieto quiso dar a la OC, manteniendo en todo momento una mozartiana vitalidad rítmica que sustanciaba esencialmente la acción dramática, siempre manifestada en una sutil equiparación entre el lirismo del arte total de vagas referencias wagnerianas y una especie de verismo edulcorado que permitía un ajuste perfecto entre palabra, gesto y música, esencial acierto de esta representación.

   Sustancial ensamblaje fue también el alcanzado con la tragedia lírica La voix humaine de Francis Poulenc sobre un monólogo del polifacético Jean Cocteau, alcanzándose ese plus de acentuación en el que la música entra de lleno en la psicología de su única protagonista, Elle, que fue magistralmente interpretada por la cantante y actriz alemana Nicola Beller Carbone, todo un ejemplo de eclecticismo expresionista. Se incorporó al personaje con tal grado de identificación en sus palabras que hacían que el espectador pudiera imaginar los reproches  de su amante al otro lado del teléfono en esta última conversación previa a la inevitable ruptura amorosa que viene mostrarse en esta ópera. La orquesta estaba siempre muy presente desde la paradójica distancia que deseaba mantener Carlos Domínguez-Nieto con el buen criterio de realzar la densa y acentuada pronunciación del texto que Francis Poulenc termina convirtiendo en un ejercicio de intimista, triste y sugestiva musicalidad.

   Del resultado artístico de esta representación se infiere que tanto el director de escena como el director musical han querido compensar texto y música en un aparente estado de equilibrio inestable en el que los acentos poéticos han sido siempre perfectamente comprendidos desde el foso y las tensiones sonoras igualmente se han sentido estimulantes en el escenario, como si ambas direcciones se hubieran manifestado desde una sola voluntad, hecho cada vez más complicado de darse actualmente en las producciones operísticas.

   El público, absolutamente complacido por tanta condensación lírico-dramática, reaccionó con un cerrado aplauso, confirmando la suerte de haber podido disfrutar de dos directores en perfecto binomio poniendo en su auténtica dimensión la estética de dos obras de mayor valor dentro de la ópera de cámara creada en el siglo XX.

Fotos: Paco Casado

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