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Crítica: «El sueño de una noche de verano» de Britten en el Maestranza de Sevilla

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Autor: José Amador Morales
13 de febrero de 2026

Crítica de José Amador Morales de la ópera El sueño de una noche de verano de Benjamin Britten en el Teatro de la Maestranza de Sevilla, bajo la dirección musical de Corrado Rovaris y escénica de Laurent Pelly

«El sueño de una noche de verano» de Britten en el Maestranza de Sevilla

El Maestranza se reconcilia con Britten

Por José Amador Morales
Sevilla, 12-II-2026. Teatro de la Maestranza. . Benjamin Britten: El sueño de una noche de verano, A midsummer night's dream, ópera en tres actos con libreto del propio compositor y Peter Pears, basado en la pieza teatral homónima de William Shakespeare. Xavier Sabata (Oberon), Rocío Pérez (Tytania), Michael Porter (Lysander), Heather Lowe (Hermia), Joan Martín-Royo (Demetrius), Aoife Miskelly (Helena), David Ireland (Bottom), Juan Sancho (Flute), Daniel Noyola (Quince), Thibault de Damas (Snug), Alexander Sprague (Snout), Benjamin Bevan (Starveling), Tomislav Lavoie (Theseus), Siân Griffiths (Hippolyta), Charlotte Dumartheray (Puck). Escolanía de Los Palacios. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Corrado Rovaris, dirección musical. Laurent Pelly, dirección escénica. Producción de la Opéra de Lille.

   La ópera A midsummer night’s dream de Benjamin Britten ha puesto fin a la prolongada ausencia de este compositor en el Teatro de la Maestranza. Su música apenas había tenido una presencia testimonial, limitada a una única – bien que memorable – representación de The Rape of Lucretia en 2002. A pesar de aquel éxito y de la innegable relevancia de quien está considerado stricto sensu el último gran operista, Britten ha sido sistemáticamente ignorado en el coliseo hispalense. Las preferencias de sus programadores a la hora de ofrecer títulos operísticos del último siglo han apostado por obras a menudo más rebuscadas, tal vez buscando un impacto que pocas veces se ha correspondido con el de audiencia aún en ciernes; quizá buscando notoriedades personalistas a costa de un mediático esnobismo. O todo ello a la vez. En cualquier caso, aquellas decisiones han dejado inéditas obras contemporáneas realmente icónicas, una carencia que se ha comenzado a paliar en parte durante estos últimos años, con éxitos incuestionables de crítica y público como Pelléas et Mélisande, Jenůfa o incluso Ariadne auf Naxos.

«El sueño de una noche de verano» de Britten en el Maestranza de Sevilla

«La Real Orquesta Sinfónica de Sevilla tuvo una actuación inolvidable bajo la extraordinaria batuta de Corrado Rovaris, quien ofreció un sonido sutil, transparente y, sin llegar a una extraordinaria brillantez, maleable»

   A midsummer night’s dream constituye una de las obras más imaginativas y elegantes del repertorio del siglo XX. Compuesta en plena madurez de Britten, recoge la fantasía shakesperiana y la transforma en un universo musical de sutiles timbres, texturas transparentes y una escritura vocal que combina lirismo y comicidad con grandes dosis de fantasía. La función que comentamos obtuvo un éxito considerable, gracias sobre todo al potencial de una propuesta escénica respetuosa a partes iguales con Shakespeare y Britten, y a una interpretación a la altura. La producción de Laurent Pelly para la Ópera de Lille es francamente seductora y despliega su encanto en un espacio nocturno completamente negro, despojado de toda escenografía superflua, donde apenas un trono en forma de luna y un par de camas bastan para convocar el bosque de los sueños. La iluminación, a base de lámparas suspendidas y precisos puntos de luz, modela las figuras en la penumbra y crea un ámbito abierto a la imaginación. Los personajes fantásticos flotan y desaparecen en las alturas del escenario, mientras las camas se desplazan con fluidez más abajo, ocupadas por figuras en pijamas y camisones que acentúan la idea del ensueño. Y los comediantes vestidos a la moda urbana ocupan un espacio ostensiblemente más terrenal e iluminado.

   Durante toda la acción, la maquinaria teatral, unas veces más evidente que otras, participa activamente en el juego escénico. Y al final, tras el clásico teatro dentro del teatro, con una participación del público que no por tópica resulta menos convincente gracias al recurso de los enormes espejos, el telón cae disolviendo la ilusión del bosque encantado, poblado de hadas y luciérnagas, en la oscuridad. Un movimiento de actores trabajado minuciosamente por Pelly, aunque de una fluidez asombrosa, remató esta producción sencilla pero indudablemente lograda; solamente algunos detalles, prescindibles por antimusicales, resultaron un tanto inconvenientes, como la cabeza del asno cubriendo toda la boca de Bottom y dificultando notoriamente su resonancia, o la concesión de situar a Oberón y Titania sobre el palco central en la última escena (efecto este de sacar las voces fuera del escenario, bastante trillado últimamente).

   En lo musical, la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla tuvo una actuación inolvidable bajo la extraordinaria batuta de Corrado Rovaris, quien ofreció un sonido sutil, transparente y, sin llegar a una extraordinaria brillantez, maleable. Si bien la partitura de Britten, en su alternancia de atmósferas oníricas con pasajes cómicos, no demanda contrastes extremos de tensión, justamente por ello hubiera sido deseable un punto de mayor incisividad rítmica y acentos dinámicos que subrayasen la magia y el humor inherentes a la obra. No obstante, Rovaris demostró un admirable trabajo de conjunto: articulación idiomática, textura camerística en los pasajes íntimos y atmósferas sonoras muy expresivas que contribuyeron a la penetración teatral y a una natural interacción entre los numerosos protagonistas.

«El sueño de una noche de verano» de Britten en el Maestranza de Sevilla

   En el apartado vocal, la función se benefició de un reparto equilibrado. En este sobresalió Rocío Pérez con una Titania de sorprendente adecuación estilística; la soprano madrileña, visiblemente cómoda en la tesitura, dotó a su personaje con una gran dosis de sensualidad, adecuada punta tímbrica ("Come Now a Roundel" en el primer acto o el célebre "Be Kind and Courteous" en el segundo) y desparpajo escénico. Xavier Sabata fue un Oberón a la “Joker” que logró transmitir esa aureola de misterio y fantasía que lo envuelve, a pesar del corto volumen de su instrumento y limitaciones más allá del registro central.

   Las voces correspondientes a las parejas de amantes – Michael Porter como Lysander, Heather Lowe como Hermia, Joan Martín-Royo como Demetrius y Aoife Miskelly como Helena – se mostraron homogéneas y estilísticamente idiomáticas, aunque esta uniformidad devino excesiva cuando se trasladó también al apartado visual, ya que los pijamas claros y abotonados dificultaron no poco la diferenciación entre sendas parejas. Sin duda, el Bottom de David Ireland fue otro de los triunfadores de la noche, equilibrando caricatura y comicidad con una voz de barítono atractiva y dicción precisa, incluso al cantar con la cabeza de asno. Por su parte, la compañía de actores – Juan Sancho, Daniel Noyola, Thibault de Damas, Alexander Sprague y Benjamin Bevan – ofreció complicidad y cohesión especialmente en la divertida representación de Píramo y Tisbe en el último acto. Correctos el Teseo de Tomislav Lavoie y la Hipólita de Siân Griffiths (Hippolyta) en sus breves pero importantes cometidos. Y absolutamente inolvidable la actuación de la Escolanía de los Palacios, de impecable afinación y empaste, en una encantadora intervención escénica como hadas y luciérnagas. La actriz Charlotte Dumartheray compuso un Puck locuaz y exótico, convertido en un trasunto de uno de los tres genios mozartianos de Die Zauberflöte caído en el lado oscuro; aunque muy aplaudido, el astuto personaje shakesperiano quedó bastante diluido en una caricatura de dicción incomprensible.

   En cualquier caso, teniendo en cuenta el indudable éxito de esta producción y tratándose de un compositor tan teatral como Britten, capaz de conjugar la tradición operística con un sentido accesible e incluso didáctico de la modernidad, solo cabe "soñar" – nunca mejor dicho – que no estén lejanos los estrenos en teatro maestrante de obras tan extraordinarias de este compositor como Peter Grimes o Billy Budd. Así que... ¡más Britten por favor!

Fotos: Teatro de la Maestranza

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