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Crítica: Elina Garanca y Karel Mark Chichon en el Teatro de la Zarzuela de Madrid

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14 de marzo de 2018

"Gracias Elina Garança por amar la zarzuela, por pasearla por el mundo y por dotarla de un toque propio. Agradecimiento extensivo, por supuesto, a Karel Mark Chichon que irradia sobre el podio ese entusiasmo por nuestro género lírico. Éxito clamoroso".  

¡Viva la zarzuela y Viva Elina Garança!

   Por Raúl Chamorro Mena
Madrid, 11-III-2018, Teatro de La Zarzuela. Elina Garança en concierto. Un Homenaje a España. Obras de Manuel de Falla, Georges Bizet, Tomás Bretón, Francisco Asenjo Barbieri, Reveriano Soutullo y Juan Vert, Ruperto Chapí, Federico Moreno Torroba, Jesús Guridi, Pablo Luna, Gerónimo Giménez, Manuel Fernández Caballero y Agustín Lara. Elina Garança, mezzosoprano. Colaboración especial de Andeka Gorrotkategui, tenor. Coro titular del Teatro de la Zarzuela. Orquesta de la Comunidad de Madrid. Director: Karel Mark Chichon

   Elina Garança, una de las grandes figuras de la lírica actual, había manifestado, que uno de sus sueños era cantar zarzuela en el Teatro que porta el nombre del género. Lo ha logrado constituyendo, además, su debut en la capital de España sin pisar el Teatro Real. Justamente se celebraba el evento recién publicadas las noticias de la fusión o mejor dicho, absorción, del Teatro de la Zarzuela por parte del Real, lo cual, por supuesto, llena de inquietud a los amantes del género, al público habitual del teatro de la calle Jovellanos, así como, evidentemente, a su organigrama y personal. Al hilo de todo ello, Karel Mark Chichon, director de orquesta y esposo de la mezzo letona, leyó al final del concierto un manifiesto en el que proclamaba el amor de ambos por la zarzuela, repertorio que interpretan por todo el mundo y su valor como género único, así como su deseo de que el Teatro que lleva su nombre continúe siendo público, a lo que la audiencia respondió con aplausos y gritos de “¡público, público, público!”. Resulta un tanto sorprendente, además de un tanto sonrojante para nuestros políticos y gobernantes, que una letona y un gribaltareño tengan que revindicar nuestro maravilloso género lírico, pero en fin, es una constante histórica de los españoles, siempre desde fuera se ha valorado más lo nuestro. La idea de la fusión no es mala per sé, si se hace bien, pero mucho nos tememos que no será así y que el pez grande se coma al chico y nuestro género lírico se quede sin su principal valladar. Veremos.

   Ante todo hay que subrayar, que el apoteósico concierto fue una exhibición de los medios técnicos de Elina Garança, la cantante probablemente más dotada en ese aspecto en la actualidad y con ello, una afirmación de la importancia fundamental de la técnica en el canto, algo desgraciadamente olvidado, preterido y arrinconado actualmente. Uno se cansa de padecer cotidianamente cantantes sin los más mínimos rudimentos técnicos y comprueba, que, incluso, muchos de los supuestos divos no tienen ni la voz colocada.

   El concierto comenzó con la Suite número 2 de “El sombrero de tres picos” de Manuel de Falla, traducida con evidente entusiasmo y con ese apasionamiento irrenunciable con el que debe abordarse la música española, por parte de Chichon; quizás con más brío que refinamiento, con más ímpetu que organización y claridad, al frente de una orquesta entregada y que sonó como poquitas veces, pero lastrada por una ya idiosincrásica debilidad de la cuerda. A continuación se produjo la espectacular entrada de la Garança con un espléndido vestido rojo en irresistible combinación con las hebras de oro de su cabello, para abordar una amplísima selección de Carmen con la primera versión de la habanera incluida y con los interludios de cada acto intercalados entre las interpretaciones solistas de la mezzo Letona. Se trata de uno de sus personajes fetiche lo que no es ajeno su residencia en España, donde Garança se siente “como en casa” según ha manifestado. El que suscribe presenció su interpretación del papel de Carmen en el Palau de Les Arts de Valencia en el año 2010 con dirección de Zubin Mehta y en este concierto se han podido apreciar claros avances en el terreno intepretativo. La Carmen de Elina Garança se sustenta fundamentalmente en la técnica y el bien cantar, en definitiva, en una prestación descollante como vocalista. La emisión espontánea, totalmente liberada y perfectamente apoyada sul fiato. El timbre bello, homogéneo y esmaltado;  el control total sobre las dinámicas, así como un pasaje de registro absolutamente resuelto. Ni una nota forzada, ninguna sensación de esfuerzo, ya que en ella se revela esa difícil facilidad de los grandes cantantes. Cierto es que a su gitana le falta algo de temperamento, de garra, pero la letona aleja el personaje de cualquier atisbo de vulgaridad a diferencia de tantas intérpretes del papel y lo centra más en la insinuación que en lo obvio. Espléndida fue la interpretación del aria de las cartas en la que, en principio, sus medios vocales más propios de soprano Falcon que de mezzo neta, se ven exigidos por la tesitura grave del fragmento. De todos modos, Garança opta por no forzar, no cargar el registro de pecho y con un legato de altísima factura y una expresión contenida, sin exageraciones, dotó de la debida atmósfera de inquietud y misterio a la pieza. Como pez en el agua se mostró en las dos versiones de la habanera y también en la seguidilla y en la Canción Bohemia abordada en último lugar para dotar del debido final en punta a la primera parte del concierto.  

   Ya en el segundo capítulo, totalmente dedicado a la zarzuela y con la Garança de nuevo espectacular con un vestido negro con mantón de manila, cabe destacar la sobresaliente interpretación de la romanza de Socorro “Cuando está tan hondo”, una joya de alto vuelo operístico engastada por Chapí en la zarzuela cómica en un acto El barquillero y en la que Garança se paseó con desahogo por la tesitura sopranil de la pieza. Previamente, había ofrecido una canción de Paloma de El Barberillo de Lavapiés a la que le faltó algo de garbo y gracejo. Hay que subrayar que, aunque la dicción en castellano de la Letona es más que aceptable, tiene, lógicamente sus carencias. Después de que el tenor Andeka Gorrotxategui ofreciera en euskera la complicadísima romanza “Mirentxu, barkanazazu” de Mirentxu, idilio vasco en dos actos de Jesús Guridi, fragmento de tesitura temible y que logró culminar a pesar de su emisión muscular y por las “bravas”, la Garança volvió a poner el teatro bocabajo con “De España vengo” de El niño Judío de Pablo Luna en la que la letona degustó y se recreó en las frases de la parte central lenta de la pieza. Chichon y la orquesta ofrecieron un vibrante y flamígero intermedio de La boda de Luis Alonso, que fue la mejor prestación orquestal de la parte dedicada a la zarzuela. El coro titular del teatro había demostrado, previamente, su dominio del género en pasajes tan castizos como el chotis de La chulapona y “Por ser la virgen de la paloma” de la inmortal creación de Tomás Bretón. Gorrochategui, entregado y con medios resonantes, apropiados para la jota, se unió a Garança en el fabuloso dúo-Jota de “El dúo de La africana” de Fernández Caballero, obra recientemente representada en el Teatro de La Zarzuela dentro del proyecto Zarza. No pudo terminar más en punta el programa oficial del concierto con la incandescente intepretación de este fragmento, en el que por primera vez la Antonelli respondió “¡Vale!” al segundo “¡Vente!” de Giuseppini. Con el público enardecido y tras la lectura del manifiesto aludido al comienzo de esta recensión, llegaron las tres propinas con las que se clausuró el concierto. En primer lugar, las esperadísimas Carceleras de “Las hijas del Zebedeo” de Chapí, pieza que la Garança ha paseado por todo el orbe y de la que realiza una creación muy personal (cómo son esos acentos en “se quedan con las ganas” o en  “muy gachones y muy pillos”) culminada con un saludo torero con giro de 180 grados mientras reproduce la larga cadencia previa al espléndido agudo conclusivo. Una Jota de La Dolores plena de voltaje interpretada por ambos solistas dio paso a la última pieza, ya que según manifestó la mezzo Letona “es Domingo y mañana hay que madrugar”. Granada de Agustín Lara en otro “particular” arreglo, uno más, de los que suele sobrellevar esta composición, puso broche de oro al memorable concierto. Gracias Elina Garança por amar la zarzuela, por pasearla por el Mundo y por dotarle de un toque propio. Agradecimiento extensivo, por supuesto, a Karel Mark Chichon que irradia sobre el podio ese entusiasmo por nuestro género lírico. Éxito clamoroso.  

Autor:Raúl Chamorro Mena
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