Crítica de Raúl Chamorro Mena de la ópera Enemigo del pueblo de Francisco Coll en el Teatro Real de Madrid
La mayoría tiene la fuerza, pero no la razón
Por Raúl Chamorro Mena
Madrid, 17-II-2026, Teatro Real. Enemigo del pueblo (ópera en dos actos con música de Francisco Coll sobre libreto de Alex Rigola basada en Un enemigo del pueblo de Henrik Ibsen). José Antonio López (Doctor Stockman), Brenda Rae (Petra, su hija), Moisés Marín (El alcalde), Isaac Galán (Mario), Marta Fontanals-Simmons (Marta), Juan Goberna (Morten). Orquesta y coro titulares del Teatro Real. Dirección musical: Christian Karlsen. Dirección de escena: Álex Rigola.
El 13 de enero de 1883 se estrenó en Oslo Un enemigo del pueblo, obra de teatro de Henrik Ibsen que trata asuntos de importancia intemporal y, particularmente, actual. La denuncia de la corrupción del poder, el sacrificio de todo principio, de la verdad, de la ciencia, a la razón de Estado y a la supremacía del dinero no pueden ser más vigentes.
El Doctor Stockman descubre que las aguas del balneario, fuente de riqueza y motor de la economía de una ciudad costera, están contaminadas y, por tanto, son un peligro para la salud. Por supuesto, el Doctor es un hombre de firmes principios y, a pesar de las consecuencias, está decidido a denunciar la situación contra viento y marea y caiga quien caiga. Ello le cuesta enfrentarse al Alcalde -su propio hermano-, los medios de comunicación, los empresarios, todas las fuerzas vivas de la ciudad y, en definitiva, toda la comunidad. Los costes del cierre del balneario y de la desinfección de las aguas supondrán la ruina de la localidad. Él, convencido de tener la razón y hacer lo correcto, se enfrentará a todos y le costará quedar marginado y ser declarado “enemigo del pueblo”. Pero todo no es blanco ni negro, como la vida, hay matices, aristas. El Doctor es vanidoso, ególatra, alberga un fuerte complejo de superioridad, y realiza un alegato que puede resultar inquietante para todos, espectadores incluidos, contra la democracia y el sufragio universal. “Los estúpidos son mayoría, pero no es motivo para que manden”. Todo ello abona aún más el desprecio que le dispensa la masa, maleable, efectivamente, totalmente manipulable, pues los poderosos de cada lugar son capaces de moldear la opinión pública. Algo que ha sucedido siempre.
Producto del encargo del Palau de Les Arts de Valencia y del Teatro Real de Madrid, Francisco Coll (Valencia, 1985), premio Nacional de música en la modalidad de composición, ha compuesto su primera ópera de amplio formato realizando una adaptación al teatro lírico de la espléndida obra de Ibsen. Para ello se ha valido de un libreto de Álex Rigola que realiza una muy hábil y meritoria condensación de la obra teatral enmarcándola en la actualidad.
Lo primero que hay que resaltar y resulta fundamental cuando de teatro lírico se trata, es que esta creación mantiene la tensión y el pulso narrativo durante sus 80 minutos de duración mediante una perfecta imbricación de texto, progresión teatral y música. Lo cual no es tan fácil encontrar en la creación lírica contemporánea.
Desde el comienzo con un pasodoble deformado y que destila fuerte carga irónica y sarcástica se comprueba que la orquestación rica y colorista no se conforma con ser un ejercicio de experimentación con sonoridades y tímbricas, como sucede tantas veces en la creación contemporánea, si no que tiene un hondo sentido teatral y dramático. El discurso orquestal respira vigor, tensión y energía, con unos interludios de gran fuerza e intensidad -con abundante presencia de la percusión como es habitual en la composición contemporánea - y algún respiro lírico, además de ser capaz de integrar, tintes locales, aires españoles, bien engarzados. La escritura para la voz siempre es un problema en el teatro lírico contemporáneo pues parece haberse llegado a un callejón sin salida. Un declamado, de factura conversacional, con atención a la palabra y en total conexión con el texto se alterna con tremendos saltos interválicos al agudo y sobreagudo, particularmente, en la escritura para el tenor (el alcalde) y la soprano (Petra).
Notable la interpretación que ha ofrecido el Teatro Real, pues funcionó muy bien y expone apropiadamente la obra, tanto en la faceta escénica como músico-vocal.
Por razones de salud el autor no pudo dirigir su obra, como realizó en el estreno de la misma en Valencia en noviembre de 2025, pero es justo destacar la dirección musical de Christian Karlsen. Atenta -dio todas las entradas a los cantantes-, fluida, equilibrada, plena de nervio, tensión y progresión teatral. Buena actuación de la Sinfónica de Madrid y del Coro Intermezzo, tanto en lo vocal como en lo escénico en su doble cometido de “coro griego” y “coro turba”, que encarna esa masa cambiante y fácilmente manipulable.
Buen protagonista el encarnado por el barítono José Antonio López, de material más recio que noble, pero suficientemente sonoro y una línea canora de intencionados acentos en un Doctor muy bien caracterizado escénicamente. Magnífica la Petra, hija leal y devota del Doctor, de la soprano Norteamericana Brenda Rae, de timbre algo mate en el centro, pero que gana timbre y brillo en la zona alta. Los muy expuestos ascensos a notas estratosféricas en cortantes saltos fueron resueltos brillantemente por la Rae, quien también expresó hermoso lirismo en su arioso “Amar es vida”. Magnífico también el alcalde de Moisés Marín que resolvió también una escritura espinosísima y se mostró ejemplar en la caracterización del político corrupto, taimado, que defiende la “razón de Estado” y el argumento económico por encima de la razón y la verdad. “Hay muchas verdades” exclama. Isaac Galán encarna con su habitual profesionalidad, aplomo escénico y solidez musical, el director de periódico, es decir, la prensa, el cuarto poder, que al comienzo de la obra presume de abanderado de la libertad total de expresión, para luego traicionar al Doctor y abrazar los intereses de las razones económicas -sin patrocinadores no hay prensa- y sus propias ambiciones políticas. El poder económico, los empresarios, están representados por Marta, que encontró una adecuada intérprete, tanto en lo vocal como escénico, en Marta Fontanals-Simmons.
La puesta en escena del propio libretista Álex Rigola expone acertadamente la obra mediante una escenografía de Patricia Albizu- responsable también del vestuario- en el que prima la presencia del mar y la costa con un cielo que va mutando -magnífica la iluminación de Carlos Marquerie- conforme avanza la acción. De azul luminoso a rojizo y enrarecido, inquietante. El movimiento escénico resultó de enorme eficacia, integrándose en intachable combinación con el discurso orquestal en un dinámico y fluido desarrollo teatral sin apenas lagunas.
Fotos: Javier del Real / Teatro Real
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