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ENRIQUETA TARRÉS, soprano: "MI CARRERA HA SIDO LA DE TRABAJADORA, NO LA DE DIVA"

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26 de febrero de 2014

 

Estos días en  que su nombre vuelve a leerse con motivo de la puesta en escena de  Curro Vargas en el Teatro de la Zarzuela, donde cantó el papel de  Soledad hace 30 años, recuperamos esta entrevista realizada en el mágico  estío del Empordà, en la que podemos comprender cómo quien fue partenaire  sobre el escenario de nombres como Bergonzi, Del Monaco, Pavarotti,  Gedda, o Corelli y tuvo como maestros a batutas de la talla de Solti,  Kempe o Kleiber, escogió la "carrera de trabajadora, no la de diva",  decidiendo ser feliz con lo que ya tenía para, aún a día de hoy,  desprender esa honrada alegría con cada una sola de sus sinceras  sonrisas. Una mujer, una artista hecha a sí misma sobre la que uno no puede  dejar de pensar que efectivamente, si no fue diva es porque no quiso.

¿Cómo es la vida de Enriqueta Tarrés?
Ahora, la actual… ¡pues muy silenciosa! (Risas), cosa que no ha sido antes. Estoy todavía en el Conservatorio del Liceu como profesora emérita y el caso es que estoy allí muy bien, porque toda la vida cantando para luego ponerte a hacer calceta… ¡cuesta! (Risas). Llevo mi vida de forma muy tranquila, no soy nada inquieta en el aspecto de no parar de ir de un sitio para otro, eso no, aunque sí en la parte del intelecto. Este año me he matriculado en la universidad, donde dan unas conferencias muy buenas y me gusta porque me gusta aprender, siempre se ha de aprender. Y luego por lo demás tengo tiempo para todo, para mis nietos… El otro día en la peluquería una señora me dijo: “hacerse mayor es muy bonito”, y yo la miraba y me decía a mí misma, ¡de eso nada! Pero hay que tomárselo con alegría y si le digo la verdad muchas veces no me acuerdo ni de con quién he cantado a lo largo de mi carrera. El otro día en una conversación estaba intentando recordar cómo se llamaba un tenor de mi época y no hubo manera. Es algo un poco triste, de los teatros y las obras sí que me acuerdo porque si no ya sería el colmo, pero bueno lo mismo usted sabe a quién me refiero: un tenor que no era Mario del Monaco y que tenía fama de guapo…

¿Corelli?
¡Corelli! ¡Hay que ver! Pues no pude acordarme y canté con él en el Metropolitan…
  
En 1973…

¡Fíjese, eso es! Pues tenía la fama de guapo, y estaba haciendo en ese momento una gira con La Bohème junto a Renata Tebaldi. Yo siempre cantaba el segundo cast y recuerdo que todo el mundo hablaba de él, aunque por mi juventud no le conocía personalmente y por lo visto bajaba el final del primer acto creo que un semitono, como casi todos vamos  -bueno, hoy ya no sé, porque como son todos más papistas que el Papa… -. Pero el caso es que mi tenor no lo bajaba y en unas funciones tuve que cantar con él. La secretaria de la casa me decía “ay pobre Enriqueta, ¡te ha tocado Corelli! Si te hubiera tocado Domingo… pero Corelli, que en medio de la función puede salir corriendo…” y yo le decía: “Conmigo, no” (Risas). Efectivamente, tenía unos nervios grandísimos y al finalizar el tercer acto, cuando ya salíamos, me iba diciendo “Ah, pero qué mal he cantado” Y para nada, había cantado estupendamente. Pero claro, luego pienso que si yo hubiera tenido la fama que él tenía, seguramente también hubiera sido igual de insegura. Aunque bueno, ahora recuerdo que en otra ocasión, también en el Metropolitan, estaba cantando Matías el Pintor de Hindemith y yo salía a escena con una vela y mire, ¡no paraba quieta la vela del tembleque que llevaba! (Risas) Afortunadamente el público de Nueva York siempre tan educado me aplaudió al salir y ya con los aplausos se te pasan todos los males.

Y hasta entonces, ¿Cómo llegó la música a la vida de Enriqueta Tarrés?
Ya desde muy pequeña tenía una vocecita muy bonita y mi madre, los vecinos, todos me pedían que les cantara; era muy popular en mi barrio y había un patio al que iba a cantar, me pedían La tabernera del puerto y yo les decía “si me pagáis sí, si no, no canto” (Risas) y me daban a cambio diez céntimos o algo así y me iba a comprar chucherías. Luego en la escuela era un zoquete, pero cuando llegaba el Mes de María y me hacían cantar, ahí ya me venía arriba.
  Con 12 años entré al Conservatorio municipal de Barcelona, con el Maestro Zamacois como director y Concepción Callao como profesora, de un carácter estupendo. Entré muy joven porque le dije a mi madre: “si tu quieres que estudie piano, tienes que dejarme que estudie también canto”. A lo cual accedió, aunque a la maestra le pareció muy pronto. Me hicieron una prueba y entré, por lo que a los 18 años ya había terminado la carrera de canto y a los 23 más o menos ya recogí el Premio de Toulouse.

Y al año siguiente debutó en Valencia con Il Trovatore
¡Sí, y sólo recuerdo que nos llovió! Creo que se tuvo que suspender el final, que decía Napoleone Annovazzi… ¿Le suena a usted Annovazzi?

Sí, con el que también hizo gira junto a Carlo Bergonzi…
Sí, y creo que fue también con quien debuté Desdemona en Otello, al lado de Mario del Monaco. Tenía veintipocos años, pero es que antes se comenzaba antes; bueno es que antes todo era diferente. Debuté en el Liceu sobre el año 55 ó 56 con Faust de Gounod, antes de mi marcha a Basilea, donde entonces estaba Montserrat Caballé, con la que coincidí. Precisamente en mi audición allí estaba ella, dándome ánimos desde el primer piso del teatro, e incluso cantamos juntas Don Giovanni, yo hacía Donna Anna y ella Donna Elvira. Luego ella marchó a Bremen y de allí a Nueva York donde fue su “boom” y es que ante ella hay que quitarse el sombrero… Yo por mi parte hice carrera por Alemania, y también en América y por el resto de Europa, Japón y Hong-Kong…

Mucho ha tenido que cantar en Alemania y ser muy querida para que la nombrasen Kammersängerin en Berlín…
Era en Berlín Oriental sí. Llegué un día y tenía todo el escenario lleno de flores, fue muy bonito. También Pilar Lorengar que en paz descanse lo era, ella en Berlín Occidental, donde creo que cantamos juntas, ¡también qué casualidad un Don Giovanni! La verdad es que aquí hemos tenido muy buenos cantantes porque mire Plácido Domingo, Teresa Berganza, Alfredo Kraus… y bueno teníamos dos barítonos maravillosos que no sé si se les ha reconocido todo su mérito, como eran Ausensi y Sardinero. En Europa, en el mundo, eran ellos, que eran, yo no me incluyo, unos cantantes de primera línea.

¿Usted se siente reconocida aquí?
Mire, yo he hecho la carrera de trabajadora, no la carrera de diva. Desde el momento en que a mí me han llamado para cantar en Hamburgo, en Viena, en el Metropolitan… yo iba, cantaba y me iba. No me prestaba al marketing, a la propaganda ni a vender mi imagen. Por suerte me he sentido querida por mis compañeros y por los Maestros, grandes batutas como Kempe, Solti, Kleiber, Masur… y que si no han sido grandes batutas de nombre, como yo no lo he sido, han sido grandes batutas de verdad. Hay que darse cuenta de que hay mucha gente cantando por el mundo que no tienen nombres de divos y son maravillosos.

¿El marketing era necesario entonces?
Yo creo que la publicidad ha sido necesaria siempre, aunque a Dios gracias lo mucho o lo poco que tengo de renombre yo me lo he ganado a pulso. Dicen que nadie es profeta en su tierra, pero mire, yo por suerte pude debutar en el Liceu bien jovencita. Desde entonces no he parado de cantar y he cantado mucho, mucho, pero mucho.

Y de todo lo que ha cantado, ¿hay algún rol que le haya marcado especialmente?
El papel que siempre me ha encantado cantar y que me era muy fácil cantarlo, siempre, Desdémona en Otello. Que efectivamente lo debuté con Mario del Monaco. También Don Carlo, La Bohème, Butterfly… En fin, todo lo que cantaba lo cantaba con muchísima ilusión, pero si tengo que escoger uno, con lo puro que es el personaje… Desdémona, aunque no sea el que más he cantado precisamente.

Empezando tan joven y con una carrera tan extensa, ¿hay algún papel que se le haya escapado?
Sí, sí hay uno que en aquel tiempo lo quería y no llegué a cantarlo: Manon Lescaut. Aunque curiosamente podría haber hecho toda mi carrera con Mozart, Verdi y Strauss.

¿Y el más complejo de abordar?

Bueno, la música contemporánea. Por ejemplo Edipo y Yocasta de Soler, aquí en el Liceu…

La música contemporánea es otra faceta importante de su carrera, está también El Giravolt de Maig
He cantado bastante pero no mucho y precisamente el Giravolt en realidad nunca llegué a cantarlo. Lo llevaba estudiado e iba a cantarlo, pero venía desde muy lejos y tenía que hacer escala es Moscú y entonces las cosas no eran tan fáciles como ahora, pasar toda aquella zona en aquella época, con la aduana… tuve que llamar a Ros-Marbà porque no quería arriesgarme a llegar tarde con el tiempo tan ajustado que tenía para llegar a Barcelona. Ni siquiera te dejaban salir del aeropuerto para ir a un hotel, allí tirada te dejaban. Eran tiempos más difíciles, una época muy triste allí.

¿Y los momentos más alegres?
Los más bonitos los he tenido siempre cantando. Dios mío, poderte dedicar a una cosa tan, tan bonita como es cantar… recuerdo el primer Requiem de Verdi que hice con el maestro Kempe, aquello fue tan maravilloso, tan extraordinario. Siempre que ha habido un momento importante en mi carrera ha sido un momento muy feliz. No me daba cuenta de que era feliz porque estaba nerviosilla, pero sin duda era feliz, en América, aquí en casa en Hamburgo…

Es curioso que diga “aquí en casa en Hamburgo”… ¿Cómo ve la situación actual de la cultura en España?
Claro es que yo vivía allí, pero a más a más, como mi casa sí. Lo de aquí ahora es, a mi modo de ver, quizá me equivoque, un absoluto desastre. Con esta época de crisis que nos toca vivir, encima nos suben el IVA a la cultura… ¿Por qué? La gente no puede acudir no porque no quiera si no porque ya no puede. Los artistas estamos siempre en precario y sólo faltaba esto. Pero vaya, que todo esto es a mi modo de ver, que puedo estar equivocada; también hay quien me dice que no se me ha reconocido lo suficiente aquí y yo no lo creo.

Pues yo si lo creo, perdone que le vuelva a insistir…
Siempre he tenido trabajo, siempre he tenido trabajos dignos que no me han obligado a cantar cualquier cosa que no me gustara… insisto que la carrera de diva es que no iba conmigo. Mire, llegado un momento en el Metropolitan me ofrecieron realizar una conferencia de prensa y yo pensaba “¡están locos!”. A mí eso me da vergüenza, no sé hacer las cosas de esa manera, me gusta siempre sentirme arropada por mis compañeros, pero no eso. Siempre ha habido quien ha pagado un alto porcentaje de su caché a agentes que les proporcionaban publicidad, pero yo siempre me negué a eso, no entendía la necesidad, que en ocasiones resultaba violento.
Antes o ahora, yo imagino que la cosa seguirá siendo igual. Habrá personas que valga su voz o no, harán la carrera con fiestas, amistades y contactos (¡qué tampoco está mal hecho!) y habrá quien la consiga, con mucho o poco éxito, gracias a su trabajo. Las críticas, lo que se decía de mi en revistas y periódicos, sería verdad o sería mentira, pero desde luego no se decía nada influenciado por ningún agente o nadie al que yo hubiera pagado. Y estoy muy contenta de haber sido así.
Las voces de antes, las voces de ahora, tan buenas era unas como son las otras. Lo que pasa es que hoy en día la cultura musical se ha extendido mucho, prácticamente cualquiera puede acceder a unos estudios musicales en los que se exige mucha preparación para sacarlos adelante. Antes había muchas más voces digamos “naturales” que sin estudios hacían maravillas, aún sin estudios, pero a ver quién las dejaba escapar…

Eso mismo se decía de Pavarotti, por ejemplo…
No. Eso era mentira. Yo he cantado con Pavarotti y si no sabía música es que era un genio. Cuando cantábamos en Glyndebourne Idomeneo… cantar el Idamante sin saber música, es imposible.

¿Qué le hubiera gustado hacer que no ha hecho en esta vida tan intensa que ha tenido?
Pues mire, musicalmente nada. Me hubiera gustado tener más hijos. Tengo una chica, que es una mujer maravillosa, estupenda, que me ha dado dos nietos maravillosos. Pero con más hijos hubiera tenido más dolores de cabeza sí, pero quizá aún hubiera sido todo más bonito.

Autor:Gonzalo Lahoz
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