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LINA TUR, violinista: 'Lo que más me interesa a la hora de interpretar es honrar a quien lo compuso intentando serle fiel'

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24 de febrero de 2017

LINA TUR, violinista: 'Lo que más me interesa a la hora de interpretar es honrar a quien lo compuso intentando serle fiel'

   Una entrevista de Mario Guada | @elcriticorn  
   Fotografía: Zabet Photo
   Lina Tur es desde hace años un referente del violín barroco, pero también moderno, en gran parte de los escenarios y centros de enseñanza del mundo. Formada en ciudades como Freiburg y Wien, ha pasado casi más tiempo en el extranjero que en su país natal. Esta ibicenca, Magistra Artis por la Universidad de Viena gracias a su tesis Retórica, Simbología y la Ciaccona de Bach, es una de las figuras más valoradas en la actualidad para el repertorio violinístico de los siglos XVII y XVIII. Sus registros dedicados a figuras como Antonio Vivaldi, Heinrich Ignaz Franz von Biber o Luigi Boccherini se encuentran entre las mejores referencias discográficas disponibles. Tan enérgica y risueña como acostumbra, responde para nosotros una serie de preguntas sobre su estado actual, sus éxitos, su carrera y lo que está por llegar.

   Está usted de estreno, pues acaba de salir al mercado La Gioia, su versión junto a MUSIca ALcheMIca de una de las grandes colecciones del repertorio violinístico barroco: el Op. V del genial Arcangelo Corelli. Cuéntenos, ¿qué ha supuesto para usted grabar la integral de las doce sonatas y en qué manera se ha acercado usted a dicha colección?

   Para comenzar he aprendido muchísimo  de todo este proyecto, pues parece increíble lo que me ha enseñado en aspectos tan diversos esta descomunal obra. Ha supuesto además un reto, el de ornamentar unas sonatas tan perfectas que parece que se pueden romper si te equivocas en cómo manejarlas. Ha supuesto también una inesperada alegría interna, algo ha cambiado dentro de mí radicalmente. El último medio año, entre otras muchas cosas trabajé mucho estas sonatas, así como las Partitas para violín de Bach, y el poso que ha quedado en mis manos y en mi espíritu es impagable.

    Corelli es uno de esos compositores por los que los violinistas sienten un respeto casi reverencial, ¿no cree?

   Sí, precisamente por todo lo que le acabo de explicar. Creo que es algo que todos sentimos. Aún intento entender en su totalidad su poder pedagógico, que va de alguna manera más allá de la técnica y de la musicalidad que proporcionan eras sonatas al violinista. Aparte, es música bellísima. Fue maravilloso presentar el CD en Roma el mismo día de su cumpleaños, y hasta poder visitarle en el Panteón... Todo parece estar rodeado de magia en este proyecto.

   Hablemos ahora precisamente del ensemble que encabeza, MUSIca ALcheMIca. Seguro que no soy nada original, pero ¿por qué ese juego con las mayúsculas y minúsculas en el nombre?

   Es exactamente eso: el juego de un grupo que trabaja duro pero que se divierte mucho cuando hace música. Esa son mis dos premisas. Y cuando digo divertirse, no digo solo reírse, pero también.

   Es un conjunto al que usted está muy unida en los últimos años. Fruto de esta relación han visto la luz registros discográficos de gran éxito. Me gustaría preguntarle en concreto por su visión de las Ronsenkranzsonaten de otro genio del violín en el Barroco: Heinrich Ignaz Franz von Biber. Su visión me resultó excepcionalmente dramática. ¿Qué buscó usted en su acercamiento a otra de esas obras de culta para los violinistas barrocos?

   Seguramente, ese dramatismo y teatralidad que tantos ven en nuestra interpretación sea –inconsciente e inevitablemente– fruto de una visión más Católica que Protestante de la obra, lo cual además sería geográficamente correcto; y seguramente que también es –esta vez más conscientemente– el resultado de mi amor incondicional a la pintura. En concreto, la de esa época y esa zona me llevaba a ese juego sinestésico en el que, excluyendo la sonata XV, casi nada era armonioso o calmado, sino que todo tendía a seguir la trama, a continuar el discurso musical, a contar una historia de una fuerza y drama extraordinarios. Solamente cuando la Virgen ya se sienta, coronada, en la última sonata, hubo posibilidad de distanciarse y calmarse. En realidad, hasta cuando la Passacaglia del Ángel Guardián nos sobrevuela, siento ese drama inherente a la obra, esta vez más ya conectada con la naturaleza frágil del humano.

En estos días ha estado, además, tocando en el Auditorio Nacional otra de las obras inmensas del XVIII: Musikalisches Opfer del genio de genios, Johann Sebastian Bach. Si uno se acerca con sumo respeto a Corelli y Biber, ¿cómo lo hace con la monumental figura del Kantor?

   Pues con la sensación constante de ser una privilegiada. Dedicar la vida a estudiar a artistas como Bach es seguramente uno de las mejores maneras de pasar por este mundo. Lo que aporta, lo que embellece la vida, lo que se aprende y el placer que provoca son impagables. Todo eso te lo llevas a la tumba. Luego, está ese lado del respeto más absoluto y enorme, pero eso no debe bloquear, sino incitar a estudiar mucho sin olvidar su faceta tremendamente humana. Con Bach siempre me ha pasado lo mismo: siento que es la Santísima Trinidad, porque la humanidad que rezuma siempre va paralela a su divinidad absoluta, y a un espíritu insuperable.

   Estará acompañada por unos instrumentista de lujo. Háblenos un poco de su acercamiento para preparar esta obra para el coliseo madrileño.

   Efectivamente, la idea de juntar a tres grandes intérpretes con los que he trabajado por separado me parecía enormemente atrayente, y más con una obra así. Y de paso, conectarlos a ellos. Creo que es un dream-team y que todos son fantásticos.  También me empeñé –y todos asintieron a esta sugerencia– en hacer la versión de la Ofrenda cuyo orden sigue el del discurso de Quintiliano. Esta solución me resulta ideal y entronca mucho con mi obsesión con la retórica en la música, y más en una música así. Esa combinación de lo especulativo, que luego eclosiona en toda la emoción de la Triosonata –lo que representaría perfectamente la Peroratio «in afectibus» de Quintiliano– me parece una suprema genialidad dentro de las genialidades habituales de Bach. Mente y corazón completamente conectados.

   Hablemos ahora un poco de su trayectoria. Usted, aunque es quizá más conocida por su trabajo en el ámbito de la interpretación histórica, desarrolla también una intensa labor como violinista en el repertorio decimonónico e incluso posterior. ¿Cómo conjuga ambas labores?

   Para mí la buena música existe en todas las épocas y en todos los estilos, y como violinista me interesan todas ellas, no quiero perderme ninguna. Por otro lado, ya no es solo que tenga yo dos mundos, el de barroco y el del moderno, sino que para mí cada compositor, momento histórico, país –incluyendo idioma– o escuela, tienen un sonido, una prioridad y una retórica distinta. Y me encanta buscarlos. Me dicen a menudo que me transformo mucho según lo que toque, que es como si fuera otra persona, y es de las cosas que más me alegran, porque es lo que más me interesa a la hora de interpretar: honrar a quien lo compuso intentando serle fiel, o al menos intentándolo –porque nunca dejará de ser eso, una interpretación–.

   ¿Por qué cree que los violinistas barrocos suelen ceñirse únicamente a ese ámbito?

   Bueno, el violín es ya es de por sí un instrumento muy difícil, como para embarcarse encima en dos. Me parece, además, que hay personas que claramente son barrocas –por su manera de ser o de entender el mundo– y otras más claramente románticas. Y a veces es hasta una cuestión de simpatías y aversiones de un mundo hacia otro, que a mí me divierte muchísimo. El caso de tener esa bipersonalidad es bastante menos frecuente.

   Es, además de intérprete, docente de violín moderno. ¿Cómo logra compaginar esa labor pedagógica con una agenda concertística tan intensa? ¿Se lo ponen fácil en su centro?

   Desde hace unos meses ya solamente soy profesora en el Conservatorio Superior Katarina Gurska de Madrid. Poco a poco tengo que ir reduciendo mi actividad docente porque no tengo nada de tiempo libre, pero es algo que no dejaré de hacer de una manera u otra, por lo importante que me parece.

   Usted se formó fundamentalmente en el extranjero, quizá porque en aquel momento la enseñanza en el ámbito histórico en este país estaba aún en desarrollo. ¿Cómo lo ve en la actualidad? ¿Cree que los violinistas españoles interesados en esos repertorios pretéritos deben seguir acudiendo a centro extranjeros para formarse adecuadamente?

   Bueno, en realidad cuando yo empecé con la música antigua ya había bastante movimiento en España y muy buenas escuelas aquí. En mi caso, yo ya estaba viviendo fuera desde muy joven, y aproveché para continuar allí, donde tuve la suerte de tener los mejores profesores imaginables. Y no solo en mi época de estudiante, sino también cuando comencé a trabajar. La idoneidad de estar en el extranjero es más global según yo la veo: aprender otros idiomas, ver y tocar con mucha más gente, y enriquecerte en todos los aspectos. Creo que para la música es importante mantener la mente muy abierta y estar siempre dispuesto a aprender, estar dispuesto a cambiar.

   Usted es una de las violinistas españolas –no nos dejemos engañar por el género, hablamos de hombres y mujeres– con mayor trayectoria en el extranjero, tanto en su colaboración con numerosos conjuntos y directores a nivel internacional, como por su presencia en escenarios de todo el mundo como solista. ¿De qué forma ha ido construyendo una posición tan estable en el panorama internacional?

   En realidad todo ha ido ocurriendo progresivamente y de una manera muy natural. Es normal trabajar mucho en el extranjero cuando es donde en realidad empecé y donde vivía. Creo que la clave –paradójica quizá para algunos– es que nunca tuve prisa: intentaba dar los pasos que me llevarían a hacer las cosas mejor cuando los hiciera ya por mí misma. He intentado aprender todo el tiempo, sobre todo desde que terminé mi Máster en Viena, a base de trabajar con músicos de primera. Alemania me dio siempre las primeras oportunidades y el agradezco mucho, pero luego también las he tenido en otros países. Recuerdo que los primeros pasos del grupo los intenté hacer también en España, pero a los agentes españoles que conocí entonces no les interesó un grupo joven de aquí, sino que solo querían a los ya consagrados, preferentemente extranjeros. Quizá aquí haya sido un poco más tarde, es verdad que siempre ayuda en este país venir de fuera, pero de verdad me siento muy querida aquí.

   ¿Se siente minusvalorada en su país natal?

   Ahora todo lo que hacemos tiene mucha más visibilidad, y como he dicho, me siento muy, muy querida por el público español; mis conciertos suelen estar llenos y parece ser que mis discos se venden mucho. Recibo muestras constantes de ese cariño y estoy realmente agradecida, me anima mucho. No fue sido siempre fácil, le mentiría si no reconociera eso. Nunca sabe uno de las razones reales de estas cosas… e imagino que yo tampoco he ayudado: no he sido convencional nunca, y a veces se necesitan cajones en los que encasillar todo. Y eso conmigo puede resultar difícil. Pero la verdad es que he intentado dedicarme más a trabajar y a seguir mis convicciones que a estar demasiado obsesionada por esas cosas, y por suerte nunca me ha faltado trabajo. Me ha parecido siempre más importante contar con el reconocimiento de personas cuyas opiniones me importan muchísimo, que son grandes artistas, y esa aprobación ha sido lo que más me ha ayudado tanto en los momentos más anónimos como en los de más visibilidad.

   ¿Qué le espera en un futuro próximo? ¿Tiene en mente alguna nueva grabación o proyecto de notable importancia?

   Hay innumerables proyectos, porque mi cabeza no para nunca de idear. Unos se llevan a cabo, otros esperan un poco, y algunos se quedan en la lista de espera. Próximamente estaré en Israel, Francia, Japón, China, Sudamérica y en varias ciudades españolas, como siempre combinando repertorios. Por ejemplo, pronto estaré en residencia artística en Japón, coincidiendo con unos conciertos allí, y me hace especial ilusión, por lo mucho que me interesa trabajar con otros artistas. Lo bonito es que he conseguido que mis compañeros de viaje en estas aventuras sean siempre los ideales para mí. Tanto con los que toco, como los que interpreto. Y eso no es poco.

Autor:Mario Guada
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