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SABINE DEVIEILHE, soprano: «No te puedes poner en la piel de la Reina de la Noche hasta que no te pones su vestido»

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1 de junio de 2019

SABINE DEVIEILHE, soprano: «No te puedes poner en la piel de la Reina de la Noche hasta que no te pones su vestido»

Una entrevista de David Santana | @DSantanaHL

   ¿Qué misterio oculta la voz de Sabine Devieilhe que encandila a aquel que le escucha? ¿Será la ligereza de un timbre puro y cristalino? ¿Su amplio registro que le permite dar las notas más agudas sin apenas despeinarse? ¿O será su capacidad de adornar las melodías con coloraturas imposibles? Nacida en 1985 en la pequeña ciudad de Ifs, en Normandía, la joven soprano de coloratura Sabine Devieilhe comenzó estudiando violonchelo para después pasarse el canto. Desde entonces nos ha dejado cuatro discos muy recomendables que abarcan repertorio desde Rameau hasta Stravinsky pasando por Haendel, Delibes y, por supuesto, Mozart. Ha sido de la mano de la música del maestro austríaco con la que debutó en La Scala de Milano en la producción de Giorgio Strehler y Mattia Testi de El rapto en el serrallo en 2017 y, posteriomente ese mismo año, en Covent Garden interpretando nada menos que a la Reina de la Noche en La flauta mágica de David McVicar.

En 2020 debutará en el escenario del Teatro Real de Madrid cantando este mismo papel, del cual se ha convertido en un referente gracias en parte al disco Mozart & the Webern Sisters, que grabó junto al grupo Pygmalion dirigido por Raphaël Pichon. ¿Guarda usted una relación especial con Mozart?

Se podría decir que es uno de los mejores compositores para una soprano de coloratura, ¿no? Mozart tiene un recorrido muy interesante con este tipo de voz, las hermanas Webern –Josepha, que sería la Reina de la Noche en el estreno de La flauta mágica–; Aloysia, uno de los primeros amores de Mozart; Constanze, su mujer; y Sophie tenían todas voces muy agudas y compuso multitud de melodías para ellas. Realmente era un genio y conocía muy bien esta tesitura.

¿Y con la Reina de la Noche?

Es sin duda uno de los papeles más hermosos que he interpretado. La primera vez que lo canté fue cuando aún estaba estudiando en el conservatorio de París, en aquel entonces fue todo un reto. Desde entonces lo he cantado muchísimas veces, y aún siento que cada vez que me subo al escenario a interpretar este papel lo disfruto todavía más. Tal vez no tenga tanta música como otros papeles, pero tiene un gran impacto en el público.

¿Podemos decir entonces que la música del Clasicismo es la que mejor para su tipo de voz?

Diría que hay como dos grandes géneros musicales que son los ideales para mi voz. En primer lugar estaría el Clasicismo y el Barroco tardío en el que entra Mozart, pero también otros grandes músicos como Haendel. Y el otro gran grupo sería el repertorio romántico francés. Como cantante gala creo que tengo mayores facilidades para aprehender este repertorio, de algún modo lo siento como una parte de mí. De hecho, el primer gran papel que hice en un escenario fue Lakmé de Léo Delibes. La forma de tratar la voz de soprano ligera francesa de este compositor es realmente maravillosa.

Y, sin embargo, ahora está teniendo un notable éxito en La Scala interpretando Ariadne und Naxos de Richard Strauss.

Creo que el papel de Zerbinetta me va muy bien. A pesar de las evidentes diferencias que tengo con el personaje, al ser una mujer joven puedo comprenderla e interpretarla bastante bien, no tengo que forzar nada, me es muy cómodo. Es completamente diferente a la Reina de la noche con todo su poder, en esos casos necesito estar más atenta al director de escena, concentrarme más en interpretar.

Podría decirse que es una cantante muy polifacética.

Podría decirse. Yo ahora mismo no trato de concentrarme en un período de la música en concreto. Lo que intento es seguir a mi voz. Para mantener una voz saludable hay que tener una línea interpretativa que cuide nuestra herramienta de trabajo. Por ejemplo, volver cada cierto tiempo a interpretar Mozart es muy bueno para la voz, la mantiene muy saludable. Strauss también tiene unas obras muy bonitas, Sophie de El caballero de la rosa o Zerbinetta son papeles excelentes para una soprano de coloratura con sus partes tan ligeras y tan «pirotécnicas». Incluso los primeros belcantistas italianos tienen obras excelentes para mi tipo de voz. Creo que es adecuado mantener un cierto equilibrio en el repertorio y, por supuesto amar toda la música que cantes, el cien por cien, eso es también una parte importante de mi trabajo.

¿No tiene miedo de perder mercado por no estar enfocada hacia un repertorio en concreto?

No creo que hoy en día haya que estar especializada en un único repertorio... tal vez con excepción de Wagner o Verdi. Lo cierto es que en la actualidad las cantantes jóvenes no podemos hacer, por ejemplo, solo Barroco. Ya no es como en la época de oro de William Christie que colaboraba habitualmente con sopranos como Agnès Mellon, no, este tipo de carrera ya no existe, hay que tratar de interpretar todo lo que se haya interpretado para nuestro tipo de voz.

Pero usted empezó interpretando música barroca.

Sí, desde que empecé con la música, primero tocando el cello, me ha atraído mucho este periodo. Hoy en día, cuando interpreto a Delibes o a Debussy, me veo obligada a profundizar en la historia de la música francesa hasta compositores como Lully y Rameau, porque creo que la música en un determinado idioma mantiene estructuras o estilos comunes. Me gusta darle este tipo de visiones musicológicas a la hora de encarar un nuevo papel.

Además usted intenta hacer un tipo de interpretación históricamente informada.

Sí, es fascinante intentar averiguar y transmitir al público una versión lo más cercana posible a la intención original del compositor. Esto es más evidente con Mozart, pero también pasa por ejemplo con Debussy, los instrumentos de hace cien años no son los mismos que ahora. De todas formas, esto es un trabajo de equipo porque yo, aunque intente ser fiela la partitura mis cuerdas vocales, son las que son. Pero sí, me encanta trabajar con directores y orquestas que buscan rescatar esa intención del compositor y hacer música históricamente informada.

Cierto. Además de canto, usted estudió musicología, ¿no es así?

Sí, aunque empecé estudiando cello. Mi hermana tocaba el violín y mis padres me ofrecieron estudiar también algún instrumento y lo escogí. Me enamoré de la música. En un principio no fue del canto, sino del cello y de tocar música en orquesta y otras agrupaciones. Por ese interés en hacer música colectiva al que me refería antes, empecé a cantar en un coro y ahí me di cuenta de que tenía facilidad para llegar a notas muy agudas. Al mismo tiempo que empecé a estudiar canto entré a cursar en la Universidad de Rennes musicología y también etnomusicología. Yo en ese momento no sabía cómo, si de forma teórica o tocando el cello o cantando, pero estaba seguro que debía dedicar mi vida a la música.

¿Sigue tocando el cello?

Sí, aún lo tengo en casa. De hecho, cuando estoy enferma y no puedo cantar suelo tocar el cello y, por cierto, mi hijo adora escucharme hacerlo. El problema es que es un instrumento difícil de transportar y solo puedo tocar cuando estoy en París.

¿Y cómo se metió en el mundo de la ópera?

Al final ya conocí la ópera porque entré en el coro de la Opéra de Rennes y me enamoré de la dirección de escena, el vestuario, los escenarios... y del repertorio, por supuesto.

Y para vestuario... el de la Reina de la noche.

Desde luego, es una parte muy importante del papel. No te puedes poner en la piel de la reina hasta que no te pones su vestido.

¿Qué experiencias recuerda con más cariño?

He hecho cuatro producciones diferentes. Dos de ellas con un vestuario muy barroco, con mucha tela, muchos brillantes... por ejemplo en la preciosa producción de David McVicar que hice en Covent Garden llevaba un vestido muy elaborado y, aunque es más difícil trabajar con esos tacones y toda esa tela, me permitió meterme mucho mejor en el personaje.

Las otras dos representaciones que he hecho han sido al contrario, mucho más escuetas. Por ejemplo en París, en La Bastille hice una producción de Robert Carsen con un vestido sobrio y sencillo que no parecía de una reina, o en todo caso, algo que llevaría la reina de Inglaterra actualmente, no sé. El caso es que en esa ocasión tuve que darle todo el carácter al personaje con mi voz, lo que fue todo un reto.

¿Se le hacen difíciles algunas de las propuestas de los directores de escena?

No, en absoluto. Recuerdo, por ejemplo, que cuando tuve la oportunidad de trabajar con Romeo Castellucci hicimos una Flauta mágica cuyo significado estaba muy alejado de la idea de Schikaneder y de Mozart, hablaba de la humanidad y era muy moderna y diferente, daba una nueva visión muy diferente de la obra, pero realmente disfruté muchísimo haciéndola.

Lo importante en un director de escena honesto y que trabaje, que conozca al cien por cien el texto, la música y los personajes de la obra que va a representar, que podría parecer un mínimo a exigir, pero no siempre es así. Da igual si su propuesta es clásica o moderna, si confía en la obra y en los intérpretes, aunque sea muy rompedora se puede crear algo muy bello y muy interesante.

Dentro del canto lírico, ¿a quién admira usted y quiénes considera que han influido más en su manera de cantar?

Cuando tenía dieciocho años, todavía antes de irme a París a estudiar, fue el gran momento de Natalie Dessay. La escuchaba muchísimo, me fijaba mucho en su forma de abordar ciertos repertorios, el carácter que le daba a las obras que interpretaba... se puede decir que fue una gran influencia para mí. Pero también diría que me han influido otras sopranos anteriores como Beverly Sills o Mariella Devia y su preciosa técnica, también Edita Gruberová con su legendaria interpretación de Zerbinetta.

Para finalizar, ¿qué planes tiene para el futuro? ¿Cómo se ve de aquí a unos años?

Ahora mismo tengo bastante trabajo y estoy muy contenta por ello. Me estoy preparando nuevos papeles pero nada muy lejano a lo que estoy cantando ahora porque mi prioridad es cuidar y mantener mi voz de soprano de coloratura en un buen nivel. Tengo por delante mucho Mozart y mucho Strauss que hacer y sí, ¿por qué no? También Barroco. Tal vez lo más al extremo que me gustaría llegar sería interpretar la Lulú de AlbanBerg, pero dentro de ocho o nueve años.

También estoy muy contenta por ir a Madrid al Teatro Real, es emocionante poder hacer mi debut en ese escenario con un papel como el de la Reina de la noche y con una producción a la que estoy feliz de pertenecer.

Fotografía: Molina Visuals.

Autor:David Santana
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