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Música en la historia: Notre Dame de París y el Esplendor Medieval

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Autor: Yolanda Quincoces
12 de marzo de 2015

MÚSICA EN LA HISTORIA: NOTRE DAME DE PARÍS Y EL ESPLENDOR MEDIEVAL

Por Yolanda Quincoces
    Los años en que se llevó a cabo la construcción de la catedral de Notre Dame de París fueron testigos de algunos de los avances culturales más importantes en el mundo desde la Antigüedad. En el siglo XII, París se había convertido en la capital cultural de Europa. Fue en la capital francesa donde se inauguró por estas mismas fechas una de las primeras universidades, donde se daban cita los más prestigiosos intelectuales de la época. No es de extrañar, por tanto, que fuera en esta ciudad donde se produjeran los mayores adelantos del momento en el campo musical. Si bien los músicos de Notre Dame no tuvieron la exclusiva de la composición polifónica, sus avances en la materia fueron tan importantes que su obra ha quedado grabada como uno de los mayores hitos de la historia de la música.

Crecimiento económico, desarrollo urbano

   El crecimiento económico y demográfico que se venía dando en Europa desde el siglo XI tuvo una serie de consecuencias que serían cruciales para el desarrollo de la cultura y, por consiguiente, de la música. En el ámbito rural tienen lugar una serie de innovaciones técnicas muy importantes, lo que, junto a la adquisición de nuevas tierras, se traduce en un considerable aumento de la producción agrícola. La existencia de un excedente agrícola y las mejoras en el transporte terrestre y marítimo (entre otros muchos factores), favorecen también el auge del comercio y la creación de rutas internacionales. Pero el fenómeno más característico de los siglos centrales de la Edad Media sería el desarrollo urbano.

   La presión de los señores feudales fue uno de los alicientes que favorecieron la emigración del campo a la ciudad, que ofrecía más comodidades, un mayor proteccionismo económico y la posibilidad de desarrollar actividades comerciales y artesanales. Se desarrollaron formas de asociacionismo y los artesanos se organizaron en corporaciones según los oficios. Las ciudades medievales se convertirían en núcleos de atracción demográfica además de actuar como capitales regionales, con un gobierno propio y autónomo.

  

   París, ciudad de fundación romana, había mantenido su importancia comercial e industrial, si bien estas actividades aumentaron de forma considerable a partir del siglo XI. La cercana feria de Champaña era uno de los acontecimientos comerciales más importantes del continente, que colocaba a esta ciudad en el cruce de las dos principales rutas comerciales de Europa (la que unía Flandes con Italia y la que iba de la Península Ibérica hasta el mar Báltico). A partir del siglo XII, la capital francesa experimentó un significativo desarrollo urbanístico. Durante los reinados de Luis VII (1137-1180) y Felipe II Augusto (1180-1223) se construyeron lujosos edificios en el nuevo y suntuoso estilo gótico, de los cuales el mayor exponente es la nueva catedral de Notre Dame. René Héron de Villefosse, en su Histoire de Paris, nos describe (de forma algo fantasiosa y literaria) el ambiente de la ciudad en los años en que vivieron los músicos de la escuela de Notre Dame:

   Bajo su poderosa autoridad (la de Felipe II), París conoció una prosperidad de las que su historia presenta varios casos. […] Viñadores, labradores, artesanos, clérigos, soldados, estudiantes,  participaban del rumor de la joven y bella colmena. Las abadías se incrementan, las blancas flechas de las nuevas iglesias apuntan al cielo, los caminos están surcados por carruajes. […] La gran ruta del Sena, cargada de navíos, enriquece la capital de frutas, trigo, sal, piedras, heno, vino. Los molinos giran, los albañiles trabajan, las monedas circulan, las caras sonríen y los parisinos se apegan cada vez más a su ciudad.

París: capital cultural de Europa

   A lo largo del siglo XII, París se convirtió en el centro de referencia de la cultura europea. Frente a las escuelas monásticas, (principales centros de enseñanza en el siglo anterior) en estos años y gracias a la revolución urbana, proliferan las escuelas episcopales, en torno a las principales iglesias de las ciudades. En París aparece así la Escuela de San Victor, cuyas principales figuras serían Hugo de San Víctor (1096-1141) y el obispo Pedro Abelardo (1079-1142) (más conocido por su apasionada y turbulenta historia de amor con la dama Eloísa), que además enseñó en la escuela catedralicia, el otro importante foco de enseñanza de la ciudad. El primero fue el autor del Didascalion, tratado en el cual se mantiene la división de las ciencias según la organización clásica en trivium (gramática, dialéctica y retórica) y quadrivium (aritmética, geometría, astronomía y música). Por su parte, Pedro Abelardo fue uno de los mayores pensadores del siglo, filósofo, teólogo y músico. A su muerte, París se había convertido en un auténtico hervidero de intelectualidad.

   Gracias a un importante grado de autonomía respecto al poder municipal y eclesiástico, las escuelas episcopales y municipales evolucionan hasta dar lugar a uno de los hechos más relevantes en el ámbito cultural de toda la Edad Media: la creación de las universidades. La de París es una de las primeras y de las más prestigiosas (junto con la de Bolonia) y era principalmente reconocida por su enseñanza de las artes liberales, siendo la música una de las materias más sobresalientes. Se conservan testimonios de estudiantes que indican que la música se enseñaba tanto de forma teórica como práctica. Los universitarios contaban con libros de canto y otros con amplias secciones dedicadas a la música. Además, muchos cantantes de la capilla real y maestros de coro estaban unidos a la universidad y muchos de los alumnos recibían lecciones de canto en la escuela de Notre Dame y otras escuelas corales.

   Era tal la importancia que se daba a las artes en la universidad de París, que cualquier estudiante que quisiera acceder a otros estudios como Derecho, Medicina o Teología, debía superar primero un ciclo de enseñanza de las Artes que duraba al menos seis años (dos más para obtener el título de Maestro de las Artes).

Una nueva catedral

   En el lugar en que hoy se encuentra la catedral de Notre Dame se ubicaban dos iglesias anteriores: la de Saint Ettienne, de origen merovingio, y la antigua Notre Dame, que existía al menos desde el año 775. Ya en el siglo XII ambas iglesias estaban muy deterioradas y, a pesar de haberse sometido a varias reparaciones, urgía la construcción de un nuevo templo. Fue en el año 1160 cuando el nuevo obispo, Maurice de Sully, decidió que era hora de que la catedral de París representara el auténtico esplendor de la ciudad. Esto era especialmente importante teniendo en cuenta que se trataba de la capital de la Francia capeta, donde residía la corte de Luis VII. El monarca y su séquito participaban habitualmente del ceremonial religioso de la catedral y la unión entre iglesia y rey era fuerte. De esta forma, la construcción de una nueva y gloriosa catedral, servía para afianzar la autoridad moral del monarca, al tiempo que se conseguía un espacio acorde a la pompa y fastuosidad que exigía la vida religiosa de la capital.

   Las obras de la catedral comenzaron en 1163, completándose la construcción hacia 1250 (si bien vería numerosas intervenciones en siglos posteriores), cuando se terminó la fachada principal. Durante los primeros años de la obra, la antigua iglesia de Notre Dame se mantuvo en pie para poder seguir celebrando los servicios religiosos con normalidad. Fue también en ella donde se pudo escuchar la música polifónica de los primeros maestros, como el cantor Albertus (ca. 1140-1177) y algo más tarde, el Magister Leoninus o Léonin (ca. 1154-1201), el primer gran compositor de la escuela de Notre Dame.

Polifonía en Notre Dame

   Alrededor de 1270, un estudiante inglés de la Universidad de París escribía un tratado en el que dejaba constancia de la intensa actividad musical de la ciudad. Gracias a este personaje, conocido actualmente como Anónimo IV, han llegado hasta nosotros los nombres de los más importantes (aunque no los únicos) compositores de polifonía de la Escuela de Notre Dame: Léonin (ca. 1135-1201) y Pérotin (finales del siglo XII-principios del XIII). El primero de ellos es descrito por nuestro anónimo como “el mejor compositor de organum” y el autor de un gran libro de organum (Magnus liber organi) destinado a magnificar el culto divino. Actualmente, las composiciones de estos dos maestros se conservan principalmente en cuatro manuscritos (Wolfenbüttel 1 y 2, Florencia y Madrid), todos ellos fechados bastantes años después de la composición de sus piezas. El más lujoso de ellos, el de Florencia, se puede consultar íntegramente en la base de datos del International Music Score Library Project.

   Conductus y motetes fueron dos de los géneros más cultivados por los músicos de Notre Dame, pero la forma musical que mejor identifica a esta escuela es, sin duda, el organum. Podemos encontrar ejemplos anteriores de organum en la escuela de San Marcial de Limoges y en el famoso Codex Calixtinus de Santiago de Compostela, fuente en la que probablemente se basó Léonin para sus propias composiciones. Esta forma musical consiste en una melodía de canto llano que se usa como base (pero alargando los valores de sus notas hasta tal punto que queda irreconocible) sobre la que se añade al menos una voz melismática, muy adornada.

   En cuanto a Pérotin, el Anónimo IV lo describe como el mejor compositor de Notre Dame (superaba incluso al gran magister Leoninus). Pérotin acortó algunos organum del Magnus liber (que aún estaba en uso en su época, varias décadas después de su composición) y añadió nuevas secciones compuestas por él en un estilo mucho más sencillo (estilo discanto). Pero esto no impediría que compusiera también los ejemplos de organum más sobresalientes. Su famoso Viderunt Omnes, a cuatro voces, se puede considerar la cumbre del género. Sus motivos rítmicos recurrentes crean un efecto hipnótico muy curioso que debió resultar muy impactante en su tiempo.


Una página del manuscrito de Florencia con el inicio del Viderunt Omnes de Perotin

   Si añadimos a esto la imagen de las ceremonias religiosas en la recién estrenada catedral, el impacto se multiplica. Hasta ciento veinte clérigos reunidos para las fiestas más solemnes, a las que estaba destinada la polifonía. Los habituales dieciséis cantores del coro, encargados de los oficios diarios, podían convertirse en hasta sesenta en las fiestas más señaladas. Los capellanes se unían a sus cantos, si bien sólo entonaban las partes monódicas, dejando las complejas polifonías a los cantantes más experimentados. Hemos de tener en cuenta que el espacio abierto que es hoy Notre Dame no tiene mucho que ver con la disposición original de la catedral. El coro estaba cerrado por un muro y, normalmente, los cantantes se colocaban dentro de él, aunque en algunas fiestas importantes se cantaba en el presbiterio, cerca del altar mayor. Además, la iglesia estaba muy adornada con telas, alfombras y tapices, por lo que la sonoridad del espacio debía ser muy diferente a la actual.

   La complejidad cada vez mayor de la música polifónica de Notre Dame daría lugar a la invención de un sistema de notación que fuera capaz de transmitir con exactitud todos los valores rítmicos que se querían expresar, algo que hasta entonces no se había conseguido. Gracias a estos músicos, la polifonía pasa de tener un carácter meramente interpretativo a convertirse en una composición razonada, fundamentada en unas bases teóricas y que se puede poner por escrito de forma precisa. Estos avances no sólo fueron increíblemente innovadores en su época, sino que suponen la base de la toda la polifonía y el contrapunto que se desarrollaría en los tres siglos siguientes.

  

   La música de la escuela de Notre Dame es una de las muchas muestras del esplendor que la capital francesa vivió durante estos siglos. Sería imposible entender el desarrollo de formas musicales tan complejas y exquisitas sin conocer el ambiente culto e intelectual que flotaba en el aire de París, en la universidad y en las distintas escuelas que atraían a eruditos y estudiantes de todo el continente. Todo ello posible gracias a una creciente prosperidad económica y al favor de la monarquía francesa. París, cruce de caminos, capital de Europa, bebía de los avances culturales y musicales que le llegaban de fuera, al tiempo que exportaba al mundo los suyos propios.

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• Sobre la construcción de la catedral y la polifonía de la Escuela de Notre Dame: www.notredamedeparis.fr/ [Última consulta: 26-02-2015]

• El manuscrito de Florencia (Biblioteca Medicea-Laurenziana) se puede consultar en: imslp.org/wiki/Magnus_Liber_Organi_%28Various%29 [Última consulta: 27-02-2015]

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