Crítica de Pablo Sánchez Quinteiro del concierto de Eugenia Boix y Silvia Márquez Chulilla en el ciclo Música en el Claustro de Tui
El órgano, protagonista
Por Pablo Sánchez Quinteiro
Tui, 5-VIII-2026. Catedral de Santa María de Tui. Música no Claustro. Eugenia Boix, soprano. Silvia Márquez Chulilla, órgano. Obras de Francisco Correa de Arauxo, John Dowland, Thomas Tallis, Georg Friedrich Händel, Johann Sebastian Bach, Johannes Brahms, Felix Mendelssohn y autores anónimos del Libro de órgano de la Catedral de Tui.
En uno de los rincones más fascinantes de Galicia, por su geografía, su historia y la extraordinaria riqueza de su patrimonio artístico y cultural, se celebra desde hace ya veinte años un festival que ningún aficionado a la música debería pasar por alto. Música no Claustro ha alcanzado en 2026 su vigésima edición, una cifra nada menor para una iniciativa surgida en 2005 casi de manera espontánea, a partir de dos conciertos ofrecidos por la flautista Patricia González y el guitarrista Samuel Diz.
El proyecto nació por iniciativa del canónigo Ricardo García Fernández, con la voluntad de abrir a la sociedad el magnífico claustro medieval de la Catedral de Tui a través de la música y, al mismo tiempo, prestar una atención especial a los jóvenes intérpretes y al tejido cultural del entorno. Bajo el impulso y la dirección artística de Samuel Diz, aquella experiencia inicial fue creciendo hasta consolidarse como un festival de personalidad muy definida, articulado en torno a tres ejes fundamentales: música, patrimonio y creación.
Celebrada del 1 al 7 de agosto, la edición de este año ha adquirido además una significación especial al coincidir con el octavo centenario de la consagración de la Catedral de Tui. Siete conciertos gratuitos, siempre a las nueve de la noche, han trazado un recorrido estilístico particularmente amplio, desde la música antigua y el repertorio organístico hasta la creación contemporánea, el flamenco, el jazz, la canción de autor y la música de cámara. La programación se ha completado con las actividades del Espacio Lutier, dedicado a la construcción, conservación, restauración y estudio de los instrumentos musicales.
«El balance global de la velada fue muy positivo»
De los conciertos de esta edición pude asistir al celebrado el miércoles 5 de agosto, protagonizado por la organista Silvia Márquez Chulilla y la soprano Eugenia Boix. Como viene siendo habitual en el festival, el claustro presentó un lleno absoluto, confirmación de la extraordinaria acogida de una iniciativa que ha sabido arraigar profundamente en la vida cultural de Tui. El principal reparo de la velada fue, sin embargo, la inexistencia de un programa de mano. No resulta ya imprescindible que este se ofrezca en papel, pero sí parece razonable facilitar al público la posibilidad de consultar el repertorio interpretado mediante un sencillo código QR. En un recital integrado por un número tan elevado de obras, varias de ellas muy infrecuentes, esta información habría sido de gran ayuda tanto para el público general como incluso para los oyentes más conocedores.
La ausencia de cualquier referencia precisa al desarrollo del programa tuvo además una triste consecuencia: buena parte del público, desorientado, aplaudió en momentos que no correspondían, interrumpiendo la continuidad de algunas obras y alterando en varias ocasiones la concentración de las intérpretes. Se trata de un detalle fácilmente subsanable a coste cero y especialmente importante en este tipo de conciertos.
El gran protagonista instrumental fue el órgano de la catedral, construido en 1995 por el organero alemán Gerhard Grenzing e instalado en el interior de la antigua caja barroca del instrumento histórico realizado por Antonio del Pino y Velasco en 1714. Su sonido, brillante, incisivo y de extraordinaria definición, encontró en el espacio catedralicio una reverberación generosa, capaz de envolver sin emborronar el discurso y de realzar una paleta tímbrica de enorme riqueza. Márquez Chulilla no se limitó a gestionar con la máxima solvencia esas posibilidades, sino que las convirtió en uno de los grandes atractivos de la velada, con una interpretación de muy acusada personalidad. Márquez mostró asimismo un notable dominio estilístico, siendo capaz de transitar con plena naturalidad desde el Renacimiento inglés y español hasta el Barroco y el repertorio romántico de Mendelssohn y Brahms.
«El principal reparo de la velada fue, sin embargo, la inexistencia de un programa de mano»
Desde los primeros compases, la organista captó la atención del público con el Tiento y discurso de segundo tono de Francisco Correa de Arauxo, página exuberante y de poderosa arquitectura, cuyo entramado contrapuntístico fluyó con admirable claridad. Márquez consiguió que las distintas voces se articulasen con nitidez, realzando al máximo los contrastes entre registros para extraer del instrumento una gama de colores especialmente rica.
A continuación, el Salvator mundi atribuido a Thomas Tallis trazó un sugestivo contrapunto inglés al arte de Correa de Arauxo, distinto en lenguaje, pero no menos exuberante en su riqueza sonora. Especial interés revistieron las páginas procedentes del Libro de órgano de la Catedral de Tui. Entre ellas destacó la anónima Sonata en sol, obra articulada en un Allegro y un Minueto e trío, que destacó por su vivacidad, su impulso rítmico y una alegría contagiosa que Márquez Chulilla proyectó con especial convicción.
Eugenia Boix inició sus intervenciones desde el mundo introspectivo de John Dowland con If that a sinner’s sighs, una página de máximo recogimiento que fue sostenida por una línea vocal de gran desnudez expresiva. Boix trasladó ese clima de desolación que tan bien define el universo del compositor inglés.
Muy distinto fue el reto planteado por el Salve Regina de Händel, obra de escritura vocal mucho más expuesta y exigente. La música sacra de Händel para soprano combina a menudo una aparente facilidad melódica con una demanda técnica considerable: agilidad, homogeneidad entre registros, precisión en las coloraturas y, sobre todo, capacidad para mantener la línea expresiva sin que el virtuosismo se convierta en mera técnica. A Boix la sigo desde los comienzos de su carrera, cuando participó en Galicia, hace ya varios lustros, en una serie de hermosas interpretaciones de La vida celestial de la Cuarta Sinfonía de Mahler junto al Natalia Ensemble. El paso del tiempo obliga inevitablemente a toda voz a reencontrarse con su esencia, replanteando equilibrios y recursos expresivos. En un instrumento como el suyo, tan ligado a la frescura y la luminosidad del timbre ese proceso de adaptación adquiere una importancia especial. En Tui sobresalió la experiencia y el conocimiento estilístico acumulados a lo largo de una trayectoria ya tan extensa, con sus mejores momentos en las páginas de carácter más lírico y recogido. Más comprometido resultó el Salve Regina, con un Eia ergo del en el que las agilidades no fluyeron con la limpieza y la facilidad necesarias.
El sublime Aus Liebe de La Pasión según San Mateo de Bach y el célebre Lascia ch’io pianga de Rinaldo, ofrecido como propina, permitieron a Boix desarrollar un canto menos tensionado. Ya en el tramo final del concierto, la música del Paulus de Mendelssohn se intercaló imaginativamente en una espectacular transcripción para órgano de las Variaciones sobre un tema de Haydn de Brahms. En el Jerusalem, die du tötest die Propheten, de Paulus, Boix mostró una intención expresiva evidente y un buen conocimiento del lenguaje, aunque su línea vocal transmitió la sensación de moverse en un difícil equilibrio entre la contención expresiva y la constricción técnica.
Intercalar la pieza vocal de Mendelssohn entre la última variación y el Finale de la obra brahmsiana, contribuyó una vez más a la desorientación del público. Por mi parte, no puedo precisar, entre las distintas transcripciones existentes, la autoría de la versión utilizada, aunque muy probablemente se tratase de la realizada por Lionel Rogg.
A pesar de las limitaciones descritas, el balance global de la velada fue muy positivo. La complicidad entre ambas intérpretes, el atractivo de un programa construido en parte alrededor del patrimonio musical de la propia catedral y, sobre todo, la magnífica respuesta sonora del órgano de Grenzing terminaron por conformar un concierto de genuino interés.
Fotos: PSQ
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