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Evelyn Glennie en el cuarto concierto de temporada de la Sinfónica de Castilla y León

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Autor: Agustín Achúcarro
23 de noviembre de 2017

Evelyn Glennie en el cuarto concierto de temporada de la Sinfónica de Castilla y León

   Un reportaje de Agustín Achúcarro
La Orquesta Sinfónica de Castilla y León bajo la dirección de Yan Pascal Tortelier interpreta esta semana junto a la Sinfonía Nº5 de Prokófiev una obra tan destacada del repertorio de finales del siglo XX como el Concierto para percusión y orquesta Veni, Veni, Emmanuel de James MacMillan. Y lo hará con la percusionista Evelyn Glennie, que fue la solista en la primera interpretación. “Sí, participé en el estreno de esta obra en los Proms londinenses, en lo que fue el primer concierto de percusión, bueno más bien con percusión, que programaban, lo que era una gran oportunidad no solo para mi sino para la percusión en general”, comenta la percusionista a lo que añade lo que considera todo un logro “y es que desde entonces los Proms han tenido un concierto para percusión casi todos los años”.

   La partitura de MacMillan, uno de los grandes creadores actuales, marcó la vida profesional de Glennie. “Ha sido probablemente la obra más importante para mi carrera, pues supuso el que se creyera en la validez de los conciertos para percusión, máxime teniendo en cuenta que es una pieza con mucha fuerza”. Unida a la importancia que tuvo para Glennie, ella añade la fascinación que le produce.“Es totalmente inusual en cuanto emplea el canto llano a través de los medios más innovadores en la percusión, con lo que se consigue que el elemento más antiguo de la música, el percutir, haya sido el más moderno a la hora de incluirlo en este concierto”.

   Han pasado casi 25 años desde aquel estreno en agosto de 1992, en el Royal Albert Hall de Londres y los días 23 y 24 de noviembre en el Auditorio de Valladolid Evelyn Glennie vuelve a tocar esta obra fundamental en su repertorio. “Cada vez que la interpreto cambia, porque cada orquesta es diferente, (es la primera vez que la programa la OSCyL), lo que implica una nueva forma de expresar”. Aunque no es esto lo único que valora la percusionista a la hora de la interpretación. “Creo que es muy importante saber lo que la pieza significa para el compositor; MacMillan es católico devoto y aunque yo no lo sea respeto lo que la pieza significa, y ésa es la imagen que quiero crear. Evidentemente no hay que ser cristiano para entender la obra pero sí conocer sus fundamentos, y desde esta perspectiva creo que es una obra maestra”. Pensamientos que complementa la instrumentista al aportar una idea general en torno a su evolución interpretativa: “Algunas piezas que traté de tocar cuando era joven no funcionaban y ahora las comprendo, lo que a veces tiene que ver con el significado de éstas y otras veces responde a cómo me sienta físicamente o simplemente es fruto de una progresión natural, creo que no hay que analizar en exceso”.

   El propio MacMillan considera que Veni, Veni, Emmanuel puede verse como una exploración abstracta o como una obra religiosa relacionada con el Adviento, una afirmación que para Glennie resulta extremadamente positiva. “Le da aún más valor, pues no trata de forzar a nadie en una visión determinada de la obra, sino que sin perder su carácter religioso da total libertad al espectador”.

   Glennie ha estrenado más de ciento cincuenta obras para percusión y reconoce que “se ha dirigido a no pocos compositores, en particular antes del estreno de la obra de MacMillan, para solicitarles que escribieran obras para percusión”. Algo que confiesa que “no lo ha hecho pensando tanto en su carrera” como en la necesidad de que “la percusión progresara como instrumento solista”. “Me gusta la variedad de los instrumentos de percusión y el hecho de que haya un proceso de fabricación complejo que se va perfeccionando; me encanta su aspecto físico, visual, y el hecho de que todavía se esté explorando emocionalmente las posibilidades de la percusión. Mucha gente quiere romper las barreras de lo que hace y la música que toco normalmente es de músicos aún vivos, por lo que creo que es muy pronto para clasificar qué es música en relación a lo que se compone hoy en día y por tanto no debe hacerse”, recalca la instrumentista.

   Una artista de personalidad musical libre, heterodoxa, que da conferencias, se implica en cuestiones sociales, escribe, compone y que al tiempo que piensa que “es maravilloso trabajar con una orquesta con 60 mentes creativas”, afirma que para ella “tocar con una orquesta es lo mismo que hacerlo con Mark Knopfler, Björk o Bobby McFerrin, “porque están llenos de creatividad”. “Es fascinante colaborar con una persona como Knopfler, que domina la melodía y toda la tecnología que tiene a su alrededor”, plantea la percusionista. No cree por tanto que haya fronteras entre la música. “Un músico callejero, hay percusionistas callejeros fascinantes, genera sonido y eso es lo que todos tienen en común, y no debemos someterles a categorías, ya que si produce una emoción eso es música para mí”.

   Desde niña, entre los 8 y 12 años, contrajo una discapacidad auditiva que no ha sido un muro infranqueable para que sea una músico excepcional, que recurre a otros cauces de percepción para sentir la música, convirtiendo su cuerpo en una caja de resonancia y por tanto la música en una experiencia que va más allá de lo meramente auditivo. Cuando Glennie se refiere a la fundación sobre la audición que piensa crear en un futuro, en la que habrá una importante colección de instrumentos que ha recopilado en sus viajes y que no será solo para músicos, se percibe abiertamente que será un proyecto visto desde una perspectiva muy positiva y poco convencional. “Estará abierta a las personas que se planteen qué es escuchar”. Un cuestionamiento del tema que le lleva a hacerse un buen número de preguntas: “¿Qué es escuchar para un piloto? ¿Para una persona que ha sido condenada a cadena perpetua? ¿Cómo escucha la música quien sabe que le queda un mes de vida? ¿Una embarazada? ¿Qué es escuchar para todos los músicos que están en el escenario?; de hecho se cree que los músicos somos muy buenos escuchando, pero a veces podemos ser egoístas en relación al público”. Y continúa con sus preguntas que no dejan de ser una forma de expresarse sobre el fenómeno de la audición: "¿Es lo mismo escuchar desde un punto de vista médico que desde el punto de vista de una persona dedicada a los negocios? ¿Qué es escuchar para un inmigrante que ha perdido su hogar? ¿Cómo escucha en su nuevo ambiente?...Bueno, pues de todo eso irá el centro de audición”.

   Pero la vida de Glennie no para, llega a Valladolid tras actuar con la Beethoven Orchestra en Alemania en una conferencia sobre el cambio climático, este año irá a Lituania para trabajar con un cuarteto de cuerda y luego a Rusia, donde tocará con una orquesta, y este año ha sido nombrada músico residente de la King's Cross de Londres. Al año que viene empezará a escribir una obra para la Royal Shakespeare Company, va a estrenar una pieza que refleje el ambiente del King's Cross y tiene pendiente una grabación con varios grupos de jazz y otra sobre el concierto de percusión Dream machine.

   Y entre medias del trabajo no desdeña para nada el ocio. “Me gusta ir a ferias de antigüedades para buscar instrumentos u otras cosas que puedan crear sonidos, leer, estar en casa, sola o en un entorno familiar, trabajar en el jardín, y lo que hago bastante es buscar metales con un detector”.

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