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Crítica: 'La mujer sin sombra' de Strauss en el Covent Garden de Londres

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Autor: Alejandro Martínez
28 de marzo de 2014
Mujer sin sombra Covent Garden

ESQUIVANDO EL ENIGMA

Por Alejandro Martínez

17/03/2014. Londres. Royal Opera House. Strauss: Die frau ohne schatten. Emily Magee, Johan Botha, Michaela Schuster, Elena Pankratova, Johan Reuter y otros. Semyon Bychkov, dir. musical. Claus Guth, dir. de escena.

   ¿De qué trata Die frau ohne schatten? ¿Qué se oculta en el fondo de ese enigmático y fantasioso libreto de Hoffmanstal? ¿Por qué tres largos actos y una música tan desbordante? Muy pocas producciones consiguen dar una respuesta solvente y satisfactoria a este interrogante. La que nos ocupa, a cargo de Claus Guth y estrenada en 2012 en la Scala de Milán, llegaba ahora al Covent Garden. Guth es un exquisito director de escena, que alterna propuestas de brillante fortuna, como su genial Parsifal, con otras de irregular acierto, más desnortadas y esquivas, como su Lohengrin o esta Mujer sin sombra que nos atañe. La obra de Strauss, si bien posee un esquema muy firme, donde destaca el contraste entre el mundo de los mortales y el mundo espiritual, está cargada de una semántica onírica, de resonancias psicoanalíticas, en las que tanto incidía la reciente producción de Warlikowski vista en Múnich. El componente enigmático es sin duda superior en protagonismo a la pura acción dramática. La fuerza e imaginación de la música, de insondable riqueza, supera a menudo con su despliegue al desarrollo escénico del libreto. En este sentido Guth, de algún modo esquiva el enigma, buscando una mera recreación literal del onírico libreto, con un resultado que oscila entre lo levemente inspirado y lo decepcionante. En este sentido, a pesar de sugerir más que concretar, resulta mucho más impactante y brillante el citado trabajo de Warlikowski que el presente de Guth, ya que éste se conforma en demasía con recrear la confusa literalidad del libreto, acudiendo incluso a recursos fáciles como la repetición de los movimientos de la mujer de Barak por parte de la emperatriz, como si fuera su sombra. La iluminación es asimismo compleja e irregular, oscilando entre momentos muy logrados (las referencias a Keikobad) y otros francamente descuidados (todo el último cuadro). Guth, como hemos indicado, es capaz de lo mejor pero se queda corto con esta Mujer sin sombra, de escasa ambición y realización conformada.

   Por cuanto hace a las voces, Emily Magee se ve un tanto superada por el rol de la Emperatriz. Si bien ofrece una voz desahogada en el agudo, lo cierto es que resuelve con esfuerzo los pasajes de más agilidad que Strauss dibujó para esta parte y adolece, en conjunto, de un material más lírico que dramático. También se echa de menos un punto más de personalidad, de magnetismo en su interpretación. Y con todo, lo cierto es que logra sobreponerse a la difícil partitura y convencer, aunque queda lejos de plantear una Emperatriz brillante y genuina, como la que ofrece hoy Pieczonka. Del Emperador de Johan Botha cabe decir lo mismo que ya dijéramos al escucharle en Múnich: con esos medios no se explica que se conforme con cantar de un modo tan rutinario. Salvo esporádicos instantes, abunda siempre en una emisión tendente al forte y en la que es prácticamente imposible hallar un mínimo juego de dinámicas, un canto hecho de inflexiones, que no sea una línea monótona y constante. Elena Pankratova, como la mujer de Barak, volvió a probar que, salvo Herlitzius, no tiene rival hoy en día para dar voz a esta parte, haciendo gala de un instrumento poderoso, sonoro y manejado cada vez con más flexibilidad. Ya nos referimos elogiosamente a ella en la citada representación de Múnich y sólo cabe volverlo a hacer. Pankratova, por cierto, tiene previsto ser Abigaille en un Nabucco del Liceo en la temporada 15/16. Muy apreciable también el Barak de Johan Reuter, que venía de convencer en el Met con esta misma parte. De Reuter teníamos un recuerdo decepcionante a tenor de su Holandés errante del Real hace ya mas de dos años. Parece haber mejorado desde entonces. A pesar de algunos estrangulamientos en una emisión no del todo bien resuelta, destaca por la franqueza del timbre y por el logrado lirismo con que aborda sus páginas más destacadas, como el bellísimo “Mir anvertraut”. La veterana Michaela Schuster es una Nodriza ideal por medios y por desenvoltura escénica, muy esforzada en este sentido por seguir la intensa dirección de actores marcada por Guth. Del resto del reparto cabe destacar al bajo Ashley Holland, como espíritu mensajero, y a la soprano Dušica Bijelic en la voz del guardián del templo.

   Semyon Bychkov, desde el foso, hizo un apreciable esfuerzo por servir una gran versión, pero son evidentes las limitaciones de una orquesta como la del Covent Garden a la hora de asumir una partitura de tanta envergadura. Sin una cuerda de textura brillante y acariciadora y sin unos metales restallantes es difícil hacer justicia a Strauss. Es con estas partituras cuando se echa de menos contar con los fosos de Viena o Múnich, que traducen esta música de un modo espectacular. Aún con todo, Bychkov dejó momentos de gran música, acertando a contrastar el tono más camerístico de la música que acompaña a los emperadores y el tono más voluptuoso y vigoroso del mundo terrenal. Bychkov, por cierto, comienza a sonar como posible candidato para sustituir a Pappano al frente de la dirección musical del Covent Garden, una vez que finalice su contrato.

Foto: Clive Barda / Royal Opera House

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