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Crítica: Fréderic Chaslin dirige «Cavalleria rusticana» y «Pagliacci» en el Teatro Comunale de Bolonia

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21 de diciembre de 2019

Un díptico sobre los celos

Por Magda Ruggeri Marchetti
Bolonia. 15-XII-2019. Teatro Comunale. Cavalleria rusticana (Pietro Mascagni / Giovanni Targioni-Tozzetti y Guido Menasci). Veronica Simeoni (Santuzza), Roberto Aronica (Turiddu), Agostina Smimmero (Lucia), Dalibor Jenis (Alfio), Alessia Nadin (Lola). Director de escena: Emma Dante. Pagliacci (Ruggero Leoncavallo). Carmela Remigio (Nedda), Stefano La Colla (Canio/il Pagliaccio), Dalibor Jenis (Tonio /Taddeo), Paolo Antognetti (Beppe/Arlecchino), Vittorio Prato (Silvio). Director de escena: Serena Sinigaglia. Orquesta y Coro y Coro de voces blancas del Teatro Comunale. Director musical: Fréderic Chaslin.

   Cavalleria rusticana se estrenó en el Teatro Costanzi de Roma el 17 de mayo de 1890 y Pagliacci en el Teatro Dal Verme de Milán el 21 de mayo de 1892, ambas con gran éxito. Las óperas deben su fuerza a la concisión y a la intensa expresividad de un lenguaje musical que exhibe momentos de vigor dramático y una vena melódica incisiva. Se acostumbra habitualmente representar seguidas las dos óperas no sólo por pertenecer a la misma corriente y por haberse escrito a dos años de distancia la una de la otra, sino también por su temática: amor, traición, celos y final trágico con muertos apuñalados. Las dos piezas pertenecen al verismo que, nacido en Italia como movimiento literario con Giovanni Verga, pasó a la música. Y en efecto Cavalleria rusticana está basada en el homónimo cuento de este autor y se considera como el manifiesto del verismo musical. La «Giovane scuola italiana», de la que formaban parte Mascagni, Puccini, Leoncavallo, Giordano y otros, siguió aquellos ideales y se propuso una renovación de la ópera lírica en sentido verista. Estos músicos compartían, más que los temas, no siempre y del todo veristas, algunas afinidades estilísticas, sobre todo un tipo de vocalidad fuerte con bruscos y frecuentes cambios del registro central al agudo. Este estilo, que dominó en Italia, se proyectó después a toda Europa. En España ejerció su influencia en la ópera y en la zarzuela. Citamos tan sólo La Dolores de Bretón y La vida breve de Falla. Ya no se trata de melodrama, sino más bien de problemas socioculturales y los protagonistas son gentes del pueblo y ello se refleja también en el lenguaje llano, directo y de agresiva vocalidad.


   Se ha confiado la dirección escénica a dos artistas muy conocidas por sus trabajos, tanto en el teatro como en la ópera. Ya en el Teatro Comunale se había estrenado el montaje de Emma Dante, ahora retomado por Gianni Marras, donde se subraya la relación especial con la sacralidad en su tierra, pero la tragedia de su Cavalleria rusticana trasciende la sicilianidad. En el escenario domina el negro en los velos de las paredes y en los trajes de todos los actores, creando imágenes impactantes y dando proyección  universal a esta historia de celos y venganza. Sugestivas las alusiones al Compianto sul Cristo morto de Niccolò dell’Arca, famoso grupo de figuras de terracota en la iglesia de Santa Maria della Vita en Bolonia, magníficas la Vía Crucis estilizada y la transformación del Paso en catedral. Pero entre tantos signos de muerte no faltan símbolos de vida y de alegría, como los variopintos abanicos que agitan las coristas, o las mujeres-caballos del carrito siciliano coronados de coloridos penachos.

   La directora extrajo la parte más dramática y emocional de los cantantes, que realizaron magníficas interpretaciones. En particular señalamos a Veronica Simeoni que, en el papel de Santuzza, se entregó sin reservas para convencer y emocionar. La acompaña Roberto Aronica, un Turiddu con una voz vibrante y amplia. Entusiamante el dúo de ambos. Buena también la interpretación y la voz del barítono Dalibor Jenis, que interviene en las dos óperas aquí como Alfio y en Pagliacci como Tonio/Taddeo. Agostina Smimmero, con buena vocalidad borda una Mamma Lucia dolorida. Alessia Nadin es una Lola coqueta, siempre rodeada de admiradores.

   Pagliacci de Serena Sinigaglia es una coproducción del Teatro Comunale con el Grand Théâtre de Génève. La directora representa la ópera sin solución de continudad con la precedente, porque ha captado los rasgos comunes entre las dos obras: celos, traición y poder masculino. Santuzza, celosa de Turiddu que la maltrata, lo llevará a la muerte y Nedda es víctima de los celos del marido que la matará junto al amante, acudido en su ayuda. Las dos sucumben a la violencia de su hombre. Para subrayar la complementaridad de la segunda obra, durante el prólogo la directora hace desmontar, a la vista de los espectadores, la escenografía de la precedente. Se quitan las cortinas negras para dejar entrar la luz del sol y el ambiente oscuro se transforma en un campo de trigo punteado de amapolas, mientras Tonio explica al público que las dos óperas narran hechos reales. El vestuario negro de la primera cambia a coloreado en la segunda con predominio del rojo, símbolo de la lucha contra la violencia machista.

   Bueno también el reparto canoro. Stefano La Colla es un Canio colérico que canta bien y consigue emocionar con «Vesti la giubba», donde expresa todo su desgarro interior porque, sabiéndose traicionado, ha de salir a escena a arrancar la risa. Bien Vittorio Prati, el amante, y Paolo Antognetti (Beppe/Arlecchino). Carmela Remigio, con bella voz, buen fraseo y óptima dicción, sabe encarnar a una Nedda que ha sufrido mucho, pero que todavía quiere disfrutar de la vida.


   Se ha confiado la dirección musical de las dos óperas a Fréderic Chaslin, muy conocido también como compositor, pianista y escritor. Ha dirigido en los más prestigiosos teatros internacionales y es director musical en la Gerusalem Simphony desde 2011. Dirigió con su habitual firme pulso la orquesta del Teatro Comunale, que dio una versión elegante y refinada, acompañó cuidadosamente a los cantantes y consiguió crear una atmósfera cálida y a veces emocionante. Es precisamente la batuta del maestro la que, con su extraordinaria lectura del famoso Intermezzo consigue subrayar la etérea dulzura que encontramos también en algunos momentos de una obra como Cavalleria rusticana, donde Mascagni nos hace escuchar una música tierna y sentimental en los momentos más dramáticos.

   Magnífico el coro preparado por Alberto Malazzi, que sabe también actuar en total simbiosis con los jóvenes de la Escuela de Teatro de Alessandra Galante Garrone y los seis actores de la compañía de Emma Dante. Optima también la intervención del Coro de voces blancas, instruído por Alhambra Superchi. El público ha ovacionado y aplaudido repetidamente a todo el equipo.

Foto: Andrea Ranzi-Studio Casaluci

Autor:Magda Ruggeri Marchetti
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