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Artículos:  Gilda Cruz Romo (1940- 2025): último homenaje a una diva

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Autor: Enid Negrete
18 de enero de 2026

Artículo de Enid Negrete sobre la soprano mexicana Gilda Cruz Romo

Gilda Cruz Romo

Gilda Cruz Romo (1940- 2025): último homenaje a una diva


Por Enid Negrete
En diciembre de 1974, con unos días de diferencia, sucedieron dos acontecimientos muy importantes para Barcelona: el primero fue el día 4, cuando tuvo lugar el recital con el que se despidió Renata Tebaldi (1922-2004) de Barcelona, una de las divas más amadas de la historia de la ciudad condal; el segundo, catorce días después, fue que una mexicana, Gilda Cruz-Romo, precedida por un enorme éxito en el MET de Nueva York, llegó a cantar el protagónico pucciniano que para muchos liceístas era “propiedad” de la Tebaldi: Tosca. 

   Jaume Tribó nos contó en una entrevista personal sobre nuestra compatriota: “Era una voz magnífica. Le gustó mucho el teatro y tuvo un éxito inmenso. Hacer un éxito con Tosca en ese entonces no era poca cosa, ahora han pasado muchos años y ya no se piensa así, pero de la misma manera que hacer La traviata en la Scala después de la Callas era muy difícil —pregúntele a la Freni, que se la cargaron de forma cruel cuando lo intentó— en el Liceo también era una cosa así con Tosca, porque para el Liceo Floria Tosca era la Tebaldi, porque la tuvimos en su época de gloria. Y la Tebaldi y el bis del «Vissi d’arte…» (Porque siempre llevaba el bis cuando ella lo cantaba) era algo que quedó en aquel teatro. Entonces, por ejemplo, la Regine Crespin, que era una soprano extraordinaria; sin embargo, en el Vissi d’arte… tuvo bronca con el público y la Crespin se ofendió mucho, eso se atribuyó entre paréntesis al recuerdo de la Tebaldi, porque Tosca era la Tebaldi y de nadie más”. 

   Las sopranos que cantaron esta ópera en el teatro después de la Tebaldi y antes de Gilda Cruz-Romo fueron la italiana Luisa Maragiano (que había sido sustituta de Antonietta Stella en la Scala y lo sería de la propia Montserrat Caballé años después) tuvo el privilegio de cantar junto a Franco Corelli y Piero Capuccili en 1962; Regine Crespin, en 1966 (que como ya comentó Jaume Tribó, no obtuvo el éxito que esperaba); y Orianna Santunione en 1972 que fue parte de un elenco en el que, quien verdaderamente debe haber destacado era el joven Justino Díaz. Pero, también hay que agregar otro hito en la historia de esta ópera en este teatro: Montserrat Caballé, cantó a la diva pucciniana al lado de su esposo, Bernabé Martí, en 1967. 

   Esto implica que nuestra compatriota estaba enfrentando a dos de los mitos más importantes del teatro, ¿Cómo iba a poder contra tanta admiración? Podemos partir del hecho de que habían pasado varios años desde esas míticas actuaciones, pero la verdad es que Cruz-Romo cantaba muy bien, estaba en plenitud de sus facultades y fue la primera soprano extranjera, después de Tebaldi, que alcanzó el éxito haciendo Tosca en el Liceo.

   Gilda Cruz-Romo, de Jalisco, Guadalajara en 1940, había estudiado con uno de los maestros legendarios del canto en México, Ángel Esquivel, y sus primeras actuaciones en México tuvieron lugar tanto en el Teatro Degollado de su ciudad natal como en el palacio de Bellas Artes de la capital mexicana. La Asociación Daniel le consigue dos contratos en la Ópera de Dallas en la década de los años sesenta, década en la que estaba colaborando constantemente en las temporada internacionales. Es muy impresionante ver que des muy joven, a los 23 o 24 años, ya abordaba papeles como su carrera había despegado metéoricamente a partir de que debutó en 1969 como Marguerite de Mefistofele en, la ahora desaparecida New York City Opera. Desde el momento en que ganó las audiciones nacionales de EUA, el Metropolitan Opera House, los teatros más importantes de ese país y los de Europa entera le abrieron las puertas sin discusión.

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   Su debut en el MET tuvo lugar en 1970 con el protagónico de Madama Butterfly. Esto inauguraría una carrera de quince años sobre el escenario neoyorquino, además de cantar en sus giras; en total más de ciento cincuenta funciones de papeles como Nedda, Leonora, Violeta, Manon Lescaut, Suor Angelica, Tosca, Aida, Elisabeth de Valois, Amelia y las dos Leonoras de Verdi. 

   Su éxito en Nueva York, la llevó a firmar contratos con el Covent Garden y la Scala en los años sucesivos y, aunque no grabó ninguna ópera en estudio, sí existen grabaciones en vivo y sus actuaciones fueron reseñadas y valoradas en todo el mundo. 

   Cuando llegó al Liceo, Cruz-Romo, tenía treinta y cuatro años y era una soprano lírico-spinto (algunos críticos incluso la consideraron soprano dramática), con una enorme fuerza interpretativa, una buena figura y una capacidad inaudita para frasear.

   El Liceo anuncia el debut de Gilda Cruz-Romo como el de “una de las más célebres sopranos actuales […] triunfadora en recientes fechas en la Scala, el Metropolitan, el Bolshoi, el Covent Garden, la Opera de Viena, la Arena de Verona, etc. [GRAN TEATRO DEL LICEO, 1974.]”, lo cual era verdad. Un ejemplo de la especial manera de difundir la importancia de los artistas que se presentaban en este teatro es el comentario que hacen en uno de los anuncios de la temporada: «La ópera Tosca exige una intérprete femenina fuera de serie: La elegante Floria Tosca debe ser personificada por mujer bella y cantante excepcional. Estos son los requisitos que reúne la protagonista elegida para nuestra versión de este año y en ello están conformes los públicos de todo el universo, pues esta gran artista mejicana ha conseguido el fervor de cuantos han tenido el privilegio de escucharla [GRAN TEATRO DEL LICEO, 1974]».

   Los boletos se agotaron inmediatamente, no solo porque cantaba ella (aunque era un gran aliciente en ese momento), sino porque su compañero de escena era el tenor catalán Jaume Aragall, uno de los ídolos locales, que hasta nuestros días provoca frases de admiración. El Barón Scarpia fue interpretado por David Ohanesian, un barítono rumano que no tenía la fama de sus compañeros de escena, pero que tenía ya una carrera de más de veinte años sobre el escenario. Hasta la fecha, está considerado como uno de los pilares del canto lírico en su país natal. Además de Aragall, un joven barítono menorquín, que en ese momento cantaba como bajo, Joan Pons, debutaba en el papel de Angelotti. Tenía cuatro años de haber llegado a Barcelona y había conseguido trabajo en el coro del Liceo. En ese entonces, solo Montserrat Caballé imaginó el brillante futuro de este cantante, ahora ya, convertido en otra leyenda.

   El hecho de que en este momento todos estos intérpretes estaban en plenitud de facultades permite imaginar estas representaciones como difícilmente superables en cuanto a calidad vocal. Sin embargo, la prensa no se entregó con el mismo entusiasmo que el público y las dos críticas encontradas consideran como problema el trabajo actoral de la cantante. Por ejemplo, el crítico de La vanguardia tituló su nota como: “Aragall, rotundo triunfador en Tosca”, y se refiere al trabajo de la soprano mexicana así:

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«Floria Tosca tuvo como intérprete a la famosa soprano mejicana Gilda Cruz-Romo, fama plenamente justificada, puesto que en esta su primera actuación en España, ha dado prueba suficiente para merecer la fama de que goza. Sin embargo, no fue en absoluto convincente su forma de ver el personaje. A la enamorada heroína no le encajan aquellos desmesurados aspavientos ni aquellos gritos desquiciados con que nos sorprendió la protagonista en varios momentos de la obra, circunstancia que por lo demás alejó al público del verosímil argumento. Floria Tosca existe en el ánimo del espectador; vive, palpita y sufre, arrastrando al público en una comunión total con el escenario. En esto reside la síntesis del verismo y el cantante debe obrar en consecuencia y comportarse en escena como una persona de carne y hueso. Todo esto condujo a que Cruz-Romo no llegase completamente al fondo del espectador, cuando en realidad su voz era merecedora de ello [A. A., 1974: 63.]». 

   Por su parte, el crítico del ABC, recalca el mismo problema, pero deja claro que el público aceptó muy bien el concepto de Tosca de nuestra compatriota:

«Gilda Cruz-Romo, la soprano mexicana es cantante de grandes teatros. La voz, levemente tomada esta noche en los comienzos, es bonita, directa en el timbre y el calor comunicativos, fácil en el agudo y la emisión. La visión del personaje, muy acentuado con el grito y el movimiento el ya gran melodramático, quizá fue excesiva y sin la medida última de la distinción de una actriz a la que se disputa la Roma señorial […] Digamos en honor de la soprano y barítono que trabajaron con fervor y entrega totales, advertidos por un público nada remiso en el aplauso y que premió con una larga ovación el Vissi d’arte… [FERNÁNDEZ CID, 1974: 93.]»

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   En contraposición, los espectadores de estas funciones con quienes se tuvo comunicación hablaron de la admiración que despertó la joven soprano y de la cálida recepción que recibió del público. Se puede deducir que esta idea de exageración o sobreactuación estuvo más presente en los críticos que en el público en general.

   Por todos estos documentos podemos concluir que el debut de Gilda Cruz-Romo en el Liceo fue un éxito importante, las localidades de estas funciones se agotaron y muchos de los que tuvieron la fortuna de alcanzar a comprar entradas para esta Tosca recuerdan a esta excelente soprano, a pesar de que nunca volviera.

   Después de esta única producción, la carrera de la Cruz-Romo siguió por todo el mundo. Ese mismo año tiene uno de sus mayores éxitos, al lado de Luciano Pavarotti en Luisa Miller para la RAI. Cuatro años después, su actuación como Desdémona al lado de Plácido Domingo en el Otello de Verdi en el MET pasó a la historia. Interpretó siempre el repertorio más verista, al que podía abordar tanto desde el lirismo más suave, como desde la potencia vocal.

   La voz de Gilda Cruz era realmente hermosa y enorme; quizá su mayor cualidad estaba —nuevamente y como en muchos otros colegas mexicanos suyos— en el fraseo y en el temperamento con que abordaba su interpretación. La calidad de su técnica le permitía los preciosos pianísimos que la hicieron famosa y conservadoramente puede decirse que era una soprano lírico, pero con peso en la voz y quizá esta característica es la que hizo que su tesitura siempre se moviera entre la lírico, la lírico-spinto y la dramático. Aunque ahora, muchos detalles de las grabaciones de sus actuaciones en vivo, puedan parecernos exageradas o que caen en el mal gusto y, con ello debemos darles la razón a los críticos catalanes, tenemos que admitir que tienen una enorme fuerza dramática, un fraseo emocionante y una técnica vocal sumamente depurada.

   Su última aparición en el MET fue en 1984, pero siguió trabajando en los teatros más importantes de EUA, además del Colón de Buenos Aires, el Bolshoi, el San Carlo de Lisboa, La Fenice de Venecia y muchos otros teatros europeos. En el 2006 el Instituto Nacional de Bellas Artes le entrega la medalla de oro, y sobre ella se dijo: ''…es una voz maravillosa que dio gloria a México durante varias décadas [PAUL, 2006]".

   Desde entonces no volvimos a saber de ella hasta el anuncio de su muerte el 28 de junio de 2025. Un inmerecido y cruel olvido, que parece increíble que haya sufrido al mejor soprano mexicana de la segunda mitad del siglo XX.  

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