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Crítica: Kirill Petrenko dirige la «Quinta sinfonía» de Bruckner en el Festival de Granada

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Autor: José Antonio Cantón
10 de junio de 2024

Crítica del concierto protagonizado por Kirill Petrenko y la Gustav Mahler Jugendorhester en el Festival Internacional de Música y Danza de Granada. En el programa, la «Quinta sinfonía» de Bruckner

Kirill Petrenko dirige la «Quinta sinfonía» de Bruckner en el Festival de Granada

Antológico Bruckner de Kirill Petrenko

Por José Antonio Cantón
Granada, 7-VI-2024. Palacio de Carlos, V. LXXIII Festival Internacional de Música y Danza de Granada. Gustav Mahler Jugendorhester.  Director: Kirill Petrenko. Quinta Sinfonía en si bemol mayor, Wab 105 de Anton Bruckner.

   En el compositor austriaco Anton Bruckner encontramos a uno de los más destacados sinfonistas de la historia. Una marcada tendencia a la monumentalidad en sus obras orquestales se demuestra por sus grandes dimensiones, en las que se multiplican temas y desarrollos desde una amplia instrumentación, siendo esto último lo que produce su característica densidad de volumen sonoro, donde busca la exaltación del acorde perfecto desde su plena convicción en el sistema diatónico wagneriano que tanto admiraba. Es así que se puede afirmar que sus sinfonías constituyen de alguna manera una réplica orquestal al lirismo dramático de Wagner, sin llegar al gusto por los empastes y amalgamas tímbricas conseguidas por el genial operista alemán. Su Quinta sinfonía se sitúa en el punto de inflexión del conjunto de su producción sinfónica entre sus creaciones intelectualmente más intimidantes.

   Con estas premisas se planteó Kirill Pretenko, director titular de la Orquesta Filarmónica de Berlín desde la temporada 2018, su interpretación partiendo desde el detalle de cada compás para alcanzar el concepto de cada movimiento como idea a integrarse en un todo constructo que había que materializar en sonidos bien organizados en sí y en su sentido causal dentro de la sucesión discursiva de cada movimiento. Es así que su planteamiento trascendía la propia naturaleza musical para adentrarse en el universo bruckneriano con esa lógica tan particular de este compositor, que tenía por referente la sonoridad del órgano, instrumento del que fue un consumado intérprete. Contaba el maestro de origen ruso con la Gustav Mahler Jugendorhester, una de las mejores formaciones de jóvenes músicos desde que la fundara en Viena el mítico director Claudio Abbado en 1986, manteniéndose como líder mundial de este tipo de orquestas desde entonces. Petrenko ha colaborado con ella por vez primera a lo largo de la presente primavera en una gira por Italia y España, que terminaba precisamente en Granada, y en la que se le ha brindado la posibilidad de dirigir por vez primera esta sinfonía de Bruckner que ha tenido que montar en toda su dimensión desde una primera lectura dentro del segundo centenario del nacimiento del músico que se cumple el próximo cuatro de septiembre.

Kirill Petrenko dirige la «Quinta sinfonía» de Bruckner con la Gustav Mahler Jugendorhester en el Festival de Granada

   Afrontar su interpretación ha supuesto la materialización de un análisis previo profundo y preciso que a la vez propiciase una diáfana presentación de sonido, pretensión que consiguió plenamente el maestro desde la introducción lenta del motivo inicial de la obra, que lo expuso de manera devocional. Esto provocó la primera sensación admirable en el escuchante, que se veía sorprendido por el contraste que significaba el poderoso Allegro sustentado en un obstinado discurso que el director indicó dejando que la orquesta pulsara su desarrollo con aparente autodeterminación, nada más lejos del férreo control ejercido desde el pódium en un grado de asombrosa y efectiva delicadeza técnica, hasta llegar a la colosal coda donde se mostró la orquesta en todo su esplendor.

   En el Adagio, Petrenko exploró con detalle todas las posibilidades contrapuntísticas de sus diferentes grupos temáticos, posibilitando el lucimiento de la sección de cuerda dotada de una sonoridad admirable por su aterciopelado timbre e igualdad de entonación de conjunto, que potenciaba la percepción de las armonías ricas y profundas de sus compases.

   En el Scherzo la orquesta mostró todo su potencial rítmico, desarrollando un alto grado de precisión en su fluida agilidad. Las tensiones venían mayoritariamente iniciadas por la timbalera española Andrea Armas que, de manera espectacular, se mostró irreprochable durante toda la interpretación, convirtiéndose en emisora de un pulso imprescindible para la máquina orquestal. En el trío, el director quiso contrastar su cambio a la tonalidad principal, generando una impresión de plácida escucha. 

   Finalmente, el último movimiento significó toda una explosión de contrapunto, en la que la sección grave de la orquesta tuvo un protagonismo determinante de manera especial en la doble fuga que antecede al elocuente último pasaje coral en el que la sección de metal se manifestó en plenitud de estratificación de su sonido, dejando una sensación de organicidad de impactante efecto para la audiencia, que reflejaba los patrones sólidos que alimentan el pensamiento musical de Bruckner. 

   Con esta claridad de concepto, Kirill Petrenko se ha adherido a un insigne club de recreadores de este compositor como fueron su admirado contemporáneo Hans Richter, Otto Klemperer, Eugen Jochum, Karl Böhm, Günter Wand, Sergiu Celibidache, Georg Tintner, Stanislaw Skrowaczewski, Bernard Haitink y, cómo no, Daniel Barenboim, que han aportado su inmensa personalidad artística a los pentagramas brucknerianos, llegando a los últimos secretos de este compositor con una autenticidad para el oyente que ha venido a imprimir carácter en su experiencia de escucha. Así, se puede inferir que Petrenko, cuando se adentre en este repertorio con sus filarmónicos berlineses está llamado a generar una nueva referencia interpretativa imprescindible que completará y enriquecerá la idea que aún se puede tener de este sinfonista.

   La orquesta eufórica ante el final de una gira triunfal, se arrancó por los compases del popular y marchoso pasodoble del maestro Jaime Texidor, Amparito Roca, que vino a contrastar la sagrada monumentalidad catedralicia de esta sinfonía de Bruckner que ha llegado a tener la consideración de «trágica» por algunos tratadistas.  

Foto: Fermín Rodríguez / Festival de Música y Danza de Granada

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