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Crítica: Roberto González-Monjas y Hilary Hahn con la Sinfónica de Castilla y León

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Autor: Agustín Achúcarro
4 de mayo de 2022

Hilary Hahn visita la temporada de la Orquesta Sinfónica de Castilla y León para interpretar el Concierto en re menor de Sibelius, a las órdenes de Roberto González-Monjas

Hilary Hahn y Roberto González-Monjas

El poder de lo intangible

Por Agustín Achúcarro
Valladolid. 28-IV-2022. Centro Cultural Miguel Delibes. Auditorio de Valladolid. Sala Sinfónica Jesús López Cobos. Orquesta Sinfónica de Castilla y León. Hilary Hahn, violín. Roberto González-Monjas, director. Pavana para una infanta difunta de Ravel, Concierto para violín y orquesta en re menor, op.47 de Sibelius y Concierto para orquesta de Lutoslawski.

   Inconmensurable. Un calificativo que por sí mismo expresa lo que supuso la interpretación del Concierto para violín de Sibelius, y que convierte, en cierta forma, en algo estéril todo lo que a continuación se quiera señalar. Porque Hilary Hahn estuvo sencillamente formidable y porque la orquesta y la dirección de Roberto González-Monjas se convirtieron en un aliado con voz propia, capaces de sugerir y potenciar la labor de la solista. Hahn se enfrentaba a una obra magnífica, compleja en el tratamiento de las octavas y en su armonía, y ella hizo de eso, y de mucho más, algo sencillo, irrebatible, emocionante, con un violín que alcanzaba las zonas límites del agudo con una claridad pasmosa y que hacía lo mismo con todo el registro. Pasajes en piano, en forte, dobles cuerdas, todo lo que fuera preciso, se hacían por igual audibles y se articulaban increíblemente, y así consiguió la intérprete que la música trascendiera. Y los temas iniciales, uno más oscuro y otro más sentimental, se convertían en el sello de una interpretación difícil de definir por su altura artística. El intercambio entre maderas y violín, las vigorosas escalas del movimiento final, la relación entre orquesta y solista alcanzaban su culmen en el tercer movimiento; Hahn empleaba una paleta de colores inacabable y la orquesta lo preparaba, lo sugería o lo acentuaba. La reacción del público fue inmediata, volcado. Y en la obra fuera de programa la solista se decantó por Bach. Siempre es de agradecer que alguien haga una interpretación a mayores, pero, quizá, ante tanto talento derrochado en la obra de Sibelius, hubiera sido mejor dejar que se siguiera paladeando lo que se vivió. 

   Pero hubo más, antes y después. El concierto comenzó con la Pavana para una infanta difunta de Ravel y la versión de González-Monjas se caracterizó por su sensualidad, su sensibilidad, y por los destellos de luz que aparecían en cada pasaje de la melodía, todo desde la perspectiva de una fluida sencillez. Es curioso que el compositor pusiera ese título a la obra fijándose en la sonoridad que provocaban esas palabras y que ese fuera el juego de partida del director con la música.

Roberto González Monjas y Hilary Hahn

   Y al final, el Concierto para orquesta de Lutoslawski. Una obra defendida como una de las más grandes del siglo XX por González-Monjas, lo que le llevó excepcionalmente a plantear, antes de su interpretación, una muestra, a modo de concierto pedagógico, sobre la partitura y sus características. En resumen, el director vino a decir que era un homenaje a la música del pasado y al folclore polaco presente en toda la obra, dentro de una óptica propia del siglo XX. Roberto González-Monjas dirigió combinando el carácter rítmico con el de la melodía, sin fisuras, con ataques precisos y con un pulso certero y constante, sin que eso cercenara la ductilidad expresiva. Enfatizó la idea de que todos los instrumentos de la orquesta pueden convertirse en percusión y la percusión puede tocar la melodía. Orquesta y director consiguieron un desarrollo preciso de la obra, dando tiempo a que los instrumentistas de la Sinfónica de Castilla y León lucieran su vertiente de solistas dentro de la propia orquesta, progresando hacia una vorágine sonora imponente. Una versión de la obra del Lutoslawski tan impactante como eficiente.

   Roberto González-Monjas demostró tener una idea muy clara sobre las obras que dirigió. Y eso conllevó que su propuesta resultara altamente sugestiva.  

Fotos: OSCyL

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