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Crítica: «I tre gobbi» en la Fundación Juan March

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Autor: Raúl Chamorro Mena
1 de octubre de 2021

«Nuevo acierto de la Fundación Juan March en coproducción del Teatro de la Zarzuela al programar, después de I Cinesi e Il Finto Sordo y dentro de su ciclo Teatro musical de cámara, I tre gobbi, única de las cinco óperas de salón de Manuel García que no se había estrenado en España».

I tre gobbi

Bello amar in compagnia

Por Raúl Chamorro Mena
Madrid, 29-IX-2021, Auditorio Fundación Juan March. I Tre Gobbi -Los tres jorobados (Manuel García). Cristina Toledo (Madama Vezzosa), Javier Povedano (Il marchese Parpagnacco), David Oller (Il barone Macacco), David Alegret (Il conte Bellavita), Andoni Larrabeiti (siervo). Piano y dirección musical: Rubén Fernández Aguirre. Dirección de escena: José Luis Arellano  

   Nuevo acierto de la Fundación Juan March en coproducción del Teatro de la Zarzuela al programar, después de I Cinesi e Il Finto Sordo y dentro de su ciclo Teatro musical de cámara, I tre gobbi, única de las cinco óperas de salón de Manuel García que no se había estrenado en España. 

   Manuel García, además de excelso tenor, empresario, maestro de canto y padre de dos cantantes de la categoría de María Malibrán y Pauline Viardot y del referencial tratadista de canto Manuel Patricio García, fue un fascinante hombre de Mundo, clave en el movimiento belcantista y que introdujo a Mozart y Rossini en Norteamérica. Al final de su vida compuso en París -entre 1830 y 1832- cinco óperas de salón con finalidad pedagógica, para que fueran interpretadas por los alumnos de su academia de canto en ambientes recogidos ante espectadores selectos, con lo que, asimismo, trasladaba la escena del teatro tradicional al salón burgués. Las obras, sencillas con una trama simple, reducida y aparantemente insustancial, con acompañamiento de piano, pero con escritura vocal de filiación rossiniana, y por tanto, muy exigente resultan en ese sentido apropiadas tanto para su finalidad instructiva como para la representación en el ámbito señalado. 

   El libreto de I tre gobbi a cargo del propio García se basa, con sus modificaciones, en La favola dei tre Gobbi de Carlo Goldoni, el gran renovador de la tradición italiana de La commedia dell’arte. Una obra cuyo argumento tiene origen popular y que se venía interpretando como intermezzo musical durante los descansos de obras mayores.

I tre gobbi en la Fundación Juan March
I tre gobbi en la Fundación Juan March

   Estamos ante una ópera buffa, una comedia de enredo, que recoge el mito de la mujer que atrapa a los hombres mediante su belleza y encantos, además de su astucia, con el único objetivo de obtener sus riquezas y posición, así como de los hombres que pretenden conseguir a la mujer que desean gracias a su rango y enriquecimiento, por muy poco agraciados que sean.  

   El personaje del Marqués Parpagnacco (cazurro) simboliza esa burguesía emergente que ha hecho fortuna y alcanza por medio de la misma la nobleza que carece por cuna. «Hoy día el que tiene mucho dinero lleva la nobleza en el bolsillo» nos dice al comienzo la protagonista Madama Vezzosa (encantadora). El antiguo régimen absolutista, la hegemonía de la aristrocracia claudicará ante esta burguesía pujante cuyo único fin e interés es el dinero. Por su parte, el barón Macacco suma a su joroba, una acentuada tartamudez y el Conde Bellavita, con guiño incluido al Conde Almaviva de El barbero de Sevilla que estrenó el propio García, es galante, caballeroso y ostenta la genuina arrogancia tenoril, pero más bien tacaño. Estos son los tres jorobados que se disputan los encantos de la protagonista, que los burla, pues coquetea con los tres, pero terminan descubriendo el pastel, llegando los cuatro a la conclusión alegre y desenfadada “Bello amar in compagnia” -“Es maravilloso amar en compañía”- y “¡Qué placer para mi corazón esta apreciada libertad!”.

   Tanto la puesta en escena de José Luis Arellano sobre escenografía de Pablo Menor Palomo -una plataforma rectangular con paredes transparentes que se beneficia de una magnífica iluminación de David Picazo- como el bello vestuario de época a cargo de Ikerne Jiménez, que contrasta con la modernidad de la escenografía, junto con la implicación de los cuatro solistas y el actor y bailarín, también ayudante de la dirección de escena, Andoni Larrabeiti, contribuyeron en una magnífica labor de equipo a una interpretación amenísima, divertida, ágil y dinámica, como corresponde, de la deliciosa obra de García.

   Los cuatro solistas principales resultan totalmente adecuados al formato de ópera de cámara, en recinto pequeño y con acompañamiento de piano. No se trata de voces especialmente dotadas ni voluminosas, pero no hace falta en este contexto, pues además del pleno compromiso escénico, los cuatro demostraron conocer bien el estilo belcantista de filiación rossiniana de la escritura vocal. 

   Cristina Toledo, apropiadamente coqueta y desenvuelta en escena –ayuna de un punto de sensualidad, eso sí – mostró timbre claro y ligero, bien colocado, suficientemente mórbido, con buen legato y estimable coloratura. Un tanto retrasada la emisión del barítono Javier Povedano, aunque se mostró muy intencionado de acentos. Más liviano y cuasitenoril el timbre del también barítono David Oller, quizás el más envarado en escena en su encarnación del barón Maccaco, lo que no le impidió abordar con sana comicidad la tartamudez de este grotesco personaje. Por su parte, David Alegret, convenientemente altanero, vanidoso y arrebatado en escena, garantizó con su afinidad y conocimiento de la vocalidad rossiniana -de lo que fue buena prueba la impecable agilidad y desahogo en la franja aguda- su buena prestación vocal. 

   Rubén Fernández Aguirre aseguró la factura musical del evento, el apropiado acompañamiento a los cantantes, así como un sonido, no muy variado de colores, pero bien calibrado. Con la interpretación del preludio de mirambel nº 1 como interludio rindió homenaje al compositor Antón García Abril fallecido en Marzo de este año.

   El público, que llenaba el recinto, se lo pasó muy bien y dejó las ovaciones, generosas, para el final. 

Fotos: María Alperi

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