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Crítica: Il Giardino Armonico con Giovanni Antonini en Valladolid

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Autor: Agustín Achúcarro
24 de mayo de 2017

 ALCANZAR LOS SUBLIME EN LA MÚSICA

  Por Agustín Achúcarro
Valladolid. 21-V-2017. Auditorio de Valladolid. Sala de cámara. Ciclo D+ Antigua. Obras de Giovanni Gabrieli, Giovanni Legrenzi, Giovanni Bassano, Dario Castello, Antonio Vivaldi, Pietro Nardini y Baldassare Galuppi. Il Giardino Armonico. Director: Giovanni Antonini.

   Con la intervención de Il Giardino Armonico finalizó el mini ciclo dedicado a la Música Antigua del Auditorio de Valladolid. La formación encabezada por Giovanni Antonini no defraudó. Las primeras obras fueron interpretadas sin interrupción y en ellas ya se vio la soltura interpretativa y la capacidad de comunicación que caracteriza a esta formación.

   El Concierto para violonchelo, cuerdas y bajo continuo en do menor, RV 401 de Vivaldi se caracterizó por una muy buena coordinación entre instrumentistas y el solista Marcello Scandelli, el cual dejó el sello de una sonoridad especialmente atractiva en el registro medio grave, allí donde la obra más tenía para desarrollar, y una buena interrelación con el resto del grupo. El Adagio le permitió exponer una melodía y unos acentos melancólicos, mientras que en el Allegro final abordó con firmeza las figuras rítmicas contrastantes.

   Terminó la primera parte con el Concierto para flauta dulce, cuerda y bajo continuo en sol mayor de Nardini. Giovanni Antonini, encargado de la parte solista, fue ese flautista que aborda con una expresión nada forzada cualquier pasaje, por muy enrevesado que parezca. Empezaron la obra con la flauta y los violines hermanados en un acople perfecto, hasta que ésta se independizó del resto y comenzó sus juegos de virtuosismo y las frases interminables, que exigen un fiato enorme, a lo que Antonini unió una proyección del sonido fluida y ágil. A un movimiento lento magnífico, tanto en ejecución técnica como expresiva, siguió un Allegro sin fisuras, algo más vivo que el primero, en el que las repeticiones en piano, los pasajes imitativos, sonaron pujantes. El flautista dio un recital al abordar frases formadas por notas largas y frases raudas plagadas de adornos y notas breves, mientras el resto asumía el papel protagonista de la flauta, sin que esto les hiciera caer en una suerte de sumisión ante ella.

   En la segunda parte comenzaron por el Concierto para flauta, cuerdas y bajo continuo el sol menor, op. X, nº2, RV 104 “La notte” de Vivaldi. La brevedad de los movimientos, en particular de los tiempos Largos iniciales y el Presto intercalado entre ellos, contribuyó a potenciar el efectismo de la obra. Pues los cambios realizados de manera tan inmediata sirvieron para remarcar los contrastes, de la misma forma que los prolongados trinos de la flauta le daban un efecto asombroso. En el Largo II, Il Sonno, la música adquirió aún más un carácter descriptivo, en medio de un sugerente grado de evocación, que condujo a un Allegro caracterizado por una luminosidad, a la que se llegó tras los colores oscuros, y en cierta manera brumosos, mostrados anteriormente.

   El Concierto para dos violines, viola y bajo continuo nº1 en sol menor de Baldasarre Galuppi resultó ejemplar desde la perspectiva de cómo las cuerdas se secundaban, se respondían o mostraban su individualidad con total coordinación y empaste.

   Volvió Antonini para cerrar el programa oficial con el Concierto para flauta, cuerdas y bajo continuo en do mayor, RV 443 de Vivaldi (En el que no emplearon fagot como en su grabación para Teldec). Pusieron aquí un sugerente contraste de colores y tímbrica, mientras el flauta repetía un virtuosismo endiablado, sin fisuras, que no se quedaba en el mero hecho de dar notas precisas y muy rápidas, sino que expresaban asombrosamente todo aquello que se proponía conseguir con el sopranino. Resultó llamativo cómo hacía crecer el sonido del final de algunas frases recurriendo a un aumento del vibrato o cómo consiguió la máxima expresión de la melodía cantabile en el Largo.

   Una articulación llena de matices, el sentido de la acentuación y de la melodía, la nitidez a la hora de abordar tanto las frases largas como los pasajes rápidos y virtuosos, unido a una personal manera de comunicar la música fueron las características en las que basaron su espléndida actuación Il Giardino Armonico.

   Fuera de programa interpretaron dos tiempos lentos de sendas obras de Vivaldi.

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